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Llenar el depósito de gasolina cuesta ahora doce euros más que en enero

El mayor encarecimiento en las Islas lo sufre el gasoil, un 28,17% desde el inicio del año | La variante Omicron del coronavirus frena, de momento, la escalada

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Llenar el depósito del coche con gasolina es hoy un 25,80% más caro en las Islas que al arrancar el año. Los canarios tienen que encontrar en su cartera doce euros más que en enero, y todo por un severo incremento del precio del barril de petróleo que encuentra su explicación en la escasez de la oferta. Un comportamiento, el de los productores, que no tiene visos de quebrarse, al menos en las próximas semanas.

Si el vehículo es diésel, en términos absolutos la subida es idéntica, doce euros más. Ahora bien, dado que el precio del gasoil es más reducido, el incremento del coste del repostaje de igual tamaño que el de la gasolina se traduce en una subida más intensa en términos porcentuales, del 28,17%.

Al estrenar 2021, el litro de gasolina de 95 octanos costaba 93 céntimos de euro en Canarias, hoy está a 1,17 euros. Ha subido 22 céntimos, y 24 lo ha hecho la de 98 octanos, que costaba 1,06 euros en la primera semana de enero y hoy va ya por los 1,29 euros. En cuanto al gasóleo A, ha pasado de los 85 céntimos con los que arrancó el año a superar en diez céntimos la barrera psicológica del euro.

Este escenario alcista sostenido en el tiempo está enraizado en la pandemia de coronavirus y los inmediatos efectos que tuvo para la producción de petróleo. Gran parte de los procesos industriales se detuvieron y la movilidad de los ciudadanos descendió a niveles nunca antes vistos en las últimas décadas; muy pocos vehículos particulares, transporte público a medio gas y paralización de una gran parte de las rutas aéreas. La vertiginosa e inmediata caída de la demanda de crudo llevó el precio del barril de Brent –referencia para Europa– por debajo de los 40 dólares (35,3 euros).

Si se toma ese momento y los más de 80 dólares (70,6 euros) a los que ha llegado estar, hablaríamos de una subida del 70%, además, en el escaso margen de tiempo de poco más de un año. Cierto es que el mercado nunca se ha visto sometido a un golpe del tamaño del que la infligido la crisis sanitaria en todo el mundo.

De hecho, sigue sometido a esos vaivenes y como ejemplo muy cercano está la caída del 10,1% que sufrió al final de la semana pasada. El precio del barril para entrega en enero se desplomó el viernes hasta los 73,94 dólares (65,31 euros), ante el temor a que la nueva variante del coronavirus (Ómicron) pueda traer consigo un retroceso en el proceso de recuperación. Esa preocupación se sumó a las limitaciones que decretaron algunos países europeos esta semana, que ya pesaban sobre las negociaciones del precio del crudo.

«Lo último que necesitaban los inversores era algo como esto. Aunque solo se ha detectado un número limitado de casos de la B.1.1.529, ha sido descrita como la peor variante que hemos visto hasta ahora», afirmó a Efe Fawad Razaqzada, analista de la firma ThinkMarkets. «El miedo a que más países impongan nuevos confinamientos y restricciones a los viajes ha golpeado al petróleo», agregó.

Además, esta nueva preocupación por la pandemia llegó pocos días después de que Estados Unidos iniciara un acción coordinada para liberar reservas estratégicas de crudo y tratar así de rebajar el precio. Porque en la escalada de precios de los hidrocarburos de este año, no aparecen como únicos responsables los estados que forman parte de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) y Rusia, que exhiben un tradicional buen entendimiento. Estos decidieron ir acercándose al tamaño de la demanda aumentando cada mes la oferta en 400.000 barriles diarios. Un ritmo que, como demuestra la evolución de los precios, no basta.

Es cierto que llevar una máquina del tamaño de la industria petrolera a un nivel de producción tan escaso como el del año pasado conlleva serias dificultades a la hora de volver a arrancarla. No lo es menos que para los países productores ha llegado el momento de recaudar todo el capital perdido por culpa de la pandemia.

Es el mismo mecanismo operativo por el que han decidido conducirse los productores estadounidenses de shale oil (petróleo de esquisto). Durante los años pasados reinvirtieron una gran parte de los beneficios. Sin embargo, el parón de la economía puso en entredicho la utilidad de todos los nuevos pozos adquiridos. Ahora los inversores quieren recoger los réditos, por lo que escasean si se les busca en el camino que conduce a las soluciones.

A ellos y a la OPEP se une otro factor no menos importante. Las grandes compañías petroleras desinvierten de manera progresiva en la búsqueda y explotación de yacimientos de hidrocarburos. Las políticas de lucha contra el cambio climático arrinconan a esos gigantes mundiales, que desde hace años decidieron girar el timón de la estrategia inversora, sin brusquedad pero de manera sostenida, hacia las energías renovables. Malas noticias para el bolsillo, buenas para el planeta.

Combustible para la inflación

Los hidrocarburos continúan siendo elemento principal para el sector del transporte. Es fácil entender que los precios de todos los bienes de consumo se incrementen cuando aquellos lo hacen. Al terminar octubre, la «electricidad, gas y otros combustibles» se habían encarecido en el Archipiélago un 57,9% desde el mismo mes del año anterior. Aunque de forma más moderada, es lógico encontrar al resto de subgrupos en que se desglosa el Índice de Precios de Consumo (IPC) con un comportamiento alcista. Si a quien planta coles, le cuesta más llevarlas al mercado que antes porque al camionero también le supone un mayor desembolso llenar el depósito, la subida llega hasta el consumidor final. En los últimos doce meses, los precios han crecido un 4,2% en las Islas y un 5,4% en todo el país. La menor intensidad del avance del IPC en el Archipiélago viene dada por dos factores. El primero es la inferior capacidad de consumo que tienen hoy los canarios. El especial impacto que ha tenido en la comunidad autónoma la pandemia ha provocado que las rentas familiares hayan decrecido en muchos casos, y si no hay tensiones de demanda, los precios no deben crecer; lo hacen solo para repercutir el incremento del coste energético. El otro gran freno, la escasez de turistas, lo es cada vez menos. Los 15 millones de visitantes anuales que reciben las Islas son un componente capital de la demanda que no ha existido durante muchos meses.

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