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Consecuencias económicas de la Covid en Canarias | La visión del fotógrafo Arturo Rodríguez

La administración pública y la covid-19, los mayores enemigos del emprendedor

El muro de la burocracia pone en peligro la supervivencia de una granja ecológica en Tenerife

La administración pública  y la covid-19, los mayores enemigos del emprendedor

La administración pública y la covid-19, los mayores enemigos del emprendedor

Jenifer Santos es ingeniera de Obras Públicas y antropóloga. Su currículum difícilmente encaja con su oficio. Hace tres años, motivada por la tradición familiar y las promesas de Europa y España, decidió cambiar de vida y dedicarse al sector primario, convirtiéndose así en la primera dueña de una granja caprina ecológica en Tenerife.

La vuelta a la tan ansiada normalización es lenta, no tiene precedentes y las secuelas que esta crisis ha dejado en el archipiélago canario son tan evidentes como imprevisibles. Para algunos 2020 es un año maldito: no lo vimos venir y las consecuencias económicas derivadas de la crisis sanitaria por la pandemia de la covid-19 han disipado cualquier tipo de esperanza en, apenas, un año y medio.

La administración pública y la covid-19, los mayores enemigos del emprendedor | ARTURO RODRÍGUEZ

Jenifer Santos es ingeniera de Obras Públicas y antropóloga. Su currículum difícilmente encaja con su oficio. Hace tres años, motivada por la tradición familiar y las promesas de Europa y España, decidió cambiar de vida y dedicarse al sector primario, convirtiéndose así en la primera dueña de una granja caprina ecológica en Tenerife.

La administración pública y la covid-19, los mayores enemigos del emprendedor

Esta joven emprendedora es otro reflejo más del «quiero y no puedo». Los problemas y los obstáculos están ahí, al acecho. Cualquiera diría que el Estado tiene algo que ver. Parece razonable que el Gobierno tuviese interés cuando se trata de emprender en un proyecto ecológico que, como el suyo, favorece el medio natural, la soberanía alimentaria y la economía local. Sin embargo, no es así.

La administración pública y la covid-19, los mayores enemigos del emprendedor

Jenifer, acostumbrada a encontrarse piedras en el camino, tuvo su primer traspié con el propio suelo. Hasta el momento, las políticas proteccionistas medioambientales imperantes en el territorio cuestionaban absurdos tan básicos como la reconstrucción de un muro abatido por la tormenta, sin previamente pasar por los filtros de ayuntamiento, cabildo y gobierno autonómico respectivamente, teniendo en cuenta el riesgo que este retraso puede suponer para los animales que, durante ese periodo, se mueven sin control entre el corral y la cabreriza.

Tras meses de parálisis administrativa, Jenifer pagó asesores, abogados e ingenieros para redactar el proyecto y ajustarse a las exigencias comunitarias.

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Los fraudes y atropellos cometidos durante décadas, por unos pocos o por unos muchos, fortalecieron las restricciones y obstaculizaron el desarrollo sostenible en el sector primario para jóvenes que, como Jenifer, llevan años haciendo frente a una pandemia administrativa que, unida a las exigencias de Sanidad redactadas desde un despacho en Madrid, no ha hecho más que dificultar su lucha para que le permitieran rehabilitar una antigua granja caprina en los montes del Valle de Güímar.

Poco o nada se habla de quienes firman tratados y nunca han pisado el terreno, pero ese es otro asunto. Estos meses no han sido fáciles para nadie, todos hemos sufrido de una manera u otra las consecuencias de esta crisis, pero, ¿cómo se afronta el silencio de las administraciones públicas si ni si quiera había administración pública?

Pues en su caso, «cogiendo la cabra por los cuernos», dice. Rendirse nunca entró en sus planes pese al letargo, las deudas y el sobrecogedor cansancio. Así que, tras meses de parálisis administrativa, Jenifer pagó asesores, abogados e ingenieros para redactar el proyecto y ajustarse a las exigencias comunitarias.

Recorrió cada una de las sucursales bancarias de Tenerife mostrando el proyecto de viabilidad avalado por la Cámara de Comercio y justificando, además del dinero que había invertido, las múltiples formaciones en materias específicas que había tenido que realizar por exigencia del Ministerio de Agricultura y la Consejería de Agricultura, Ganadería y Pesca del Gobierno autonómico, demostrando que tenía la capacidad suficiente y el control absoluto sobre la envergadura de lo que estaba haciendo, pero nunca obtuvo respuesta, aumentando así, la desesperanza de la joven.

La pandemia hizo que el Estado paralizara la vida durante meses, pero no para todos. Los funcionarios se fueron a casa y la ciudadanía quedó al amparo de la misma incertidumbre que se vive en las películas de terror. Los problemas, como el virus, no hacían otra cosa mas que expandirse, y es curioso, porque todo ese drama administrativo hubiera podido solventarse con un simple clic a internet desde casa, como bien se demostró después. Pero por lo que parece, los funcionarios deben ser los únicos ciudadanos de España que no tenían acceso a internet.

Los medios hablaban de cifras, de quedarse en casa y de la nueva normalidad mientras que todos los autónomos de España, así como los trabajadores por cuenta ajena, desesperaban frente al adelgazamiento de sus cuentas corrientes, viendo cómo Hacienda y los bancos, que sí hacían su trabajo, seguían cobrando las cuotas de autónomo, las trimestrales y los préstamos no hipotecarios.

Con la pandemia, el Estado se mantuvo durante meses y meses, impasible, como en aquella película de Phillip Noyce, hasta que, de repente y casi que, a modo de regalo, el Gobierno decidió sacar una línea de financiación a bajo interés para que los autónomos que no se habían endeudado lo suficiente terminaran de hacerlo si querían sobrevivir. Esta fue la gran medida de rescate social.

Las deudas, como los relinchones que crecen en su jardín, no hacen más que acumularse. Evidentemente, para entonces, Jenifer no había conseguido poner su proyecto de vida en marcha y obtener, por tanto, beneficios de su actividad económica, porque, aunque hubiese querido sumarse a las medidas de rescate social para seguir endeudándose como una autónoma más, no le fue posible, ya que ningún banco le dio esa oportunidad.

Han pasado tres años desde que Jenifer soñara con un proyecto que no termina de nacer, pese a que, entre los meses de abril de 2020 y febrero de 2021, la consejera de Agricultura, Ganadería y Pesca, Alicia Vanoostende, anunciara haber destinado un total de 22,48 millones de euros para paliar los efectos de la crisis en el sector primario.

Para Jenifer, la respuesta se acumula en mensajes de textos que evidencian el retraso acumulado de la fecha de la resolución para una subvención que tendría que estar resuelta hace más de un año.

Tras varios años de lucha por hacer uso del suelo, que con esfuerzo, ahorros y préstamos había adquirido para hacer de un sueño su proyecto de vida, como las flores que florecen más en primavera llegó la resolución positiva. Llena de ilusión y orgullosa merecedora de tanto esfuerzo, esta mujer y joven ganadera estaba a solo un parpadeo de hacer realidad un proyecto de emprendimiento en el sector con más apoyos de Europa por su condición de estratégico.

Pero la realidad siempre supera a la ficción. De los tres años establecidos por ley para ejecutar el proyecto, y debido al retraso de la resolución, el plazo de ejecución según dicta la administración se reduce a 15 meses, teniendo en cuenta todo lo que eso implica.

La situación es cada vez más insostenible. El silencio la abraza tanto como sus deudas y, bien es sabido por todos, la pasividad estructural de la que adolecen las administraciones públicas a la hora de dar un permiso de obras.

En este caso, Jenifer tiene que pedir un nuevo préstamo para afrontar la obra, asumiendo que perderá dinero por los intereses bancarios y tiempo de gestión, porque ni si quiera con la resolución en mano nadie sabe decirle cuándo Europa va a ingresar ese dinero, por lo que, si no consigue terminar el proyecto a tiempo, tendrá que devolverlo con intereses al banco. Indigna la inacción, pero también la indiferencia. Y la pregunta es: ¿cómo se afronta en 15 meses un proyecto que tiene un plazo de ejecución real de tres años?

El agotamiento desvanece su rostro. Amanece antes que el sol y duerme cuando puede. Las deudas se acumulan y en estos momentos, apenas tiene recursos para pagar el agua que beben sus animales o sufragar los costos veterinarios porque, según asegura, «la banca, a pesar de tener el dinero del Gobierno asegurado, no garantiza la concesión del préstamo» en el tiempo estimado.

Sin duda, ser mujer, joven y emprendedora sigue teniendo muchísimas limitaciones en general, pero en un sector como es la ganadería parece, si cabe, más palpable. Por ello, valorar el esfuerzo no es suficiente. El sector primario necesita ser reconocido y necesita, sobre todo, que jóvenes emprendedores con proyectos como el de Jenifer, que producen lo que comemos, se tengan más en cuenta.

Una serie sobre la crisis en el sector primario

Arturo Rodríguez, fotógrafo freelance nacido en Santa Cruz de La Palma (1977), arranca con la historia de Jenifer Santos una serie en la que refleja el fuerte impacto que la crisis motivada por la Covid-19 ha causado en el sector primario de las Islas. Rodríguez ha trabajado para EFE, Reuters y Associated Press y publicado ‘The New York Times’, ‘El País’, ‘El Mundo’, ‘International Herald Tribune’, ‘Washington Post’, ‘USA Today’, ‘Der Spiegel’ o ‘Paris Match’ cubriendo la actualidad desde Kosovo a Haití. Es World Press Photo 2007.


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