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Paca la Piraña | Artista

«He tenido suerte; a muchas trans de mi época sólo les quedó la prostitución»

(L) | GONZA GALLEGO/LOCAMENTE

El 4 de octubre aterriza en Gran Canaria el elenco de Gran Hotel de las Reinas, con drag Sethlas como gancho local para un espectáculo que ocupará el escenario de la Sala Sinfónica del Auditorio Alfredo Kraus de la capital grancanaria. Pero si Sethlas es un reclamo, mucho más lo es Paca la Piraña, histórica mujer transexual que con 60 años ha alcanzado enorme éxito gracias a su participación en la serie Veneno, sore la vida de Cristina Ortiz. «Soy una afortunada porque a mi edad tengo un trabajito», reconoce esta señora muy divertida.

Señora Paca, muy buenas tardes.

Señorita, por favor.

Disculpe. Es verdad; con esa piel que tiene parece más apropiado lo de señorita.

¡Uy! Yo a usted me lo voy a tener que llevar a cenar [risas].

¿Cómo lleva todo esto de la fama y la gira del espectáculo Gran Hotel de las Reinas?

Lo llevo bien porque como ya estuve de gira la temporada pasada... Lo que pasa es que este año he empezado con mal pie porque el día del estreno me caí en Madrid y me partí el hombro.

No joda.

Sí, mi hijo. He estado trabajando con el brazo en cabestrillo.

¿Se encuentra mejor?

Sí, gracias a Dios y gracias a la rehabilitación.

Me alegro. Imagino que llega a Canarias con ganas.

Pues sí. Me da un poquillo de miedo el avión pero claro que voy con ganas aunque estoy tan gorda que quizá se cae o el ala se pone de lado.

No se preocupe que aquí tenemos buenos aeropuertos.

[Risas] Pero en serio, sí que me hace ilusión aunque cuando yo hice la mili en Canarias iba y volvía a la Península en barco.

No sabía que había hecho el Servicio Militar en Canarias.

Claro. Los viajes en barco tampoco eran muy agradables si cogías mal tiempo.

Bueno, usted no se preocupe. Lo peor que le puede pasar es que pille una tormenta.

Madre mía. ¡Qué bruto! ¡Qué susto!

Seguro que usted en peores plazas ha toreado.

Claro, claro. Yo estoy más cómoda viajando en coche, en tren, en barco... Viajo desde los 18 años pero en avión, poco, aunque el año pasado tuve que ir a Mallorca a actuar. Espero que no pase nada.

Verá que no. Además, hay una cosa bonita si se muere viniendo a las Islas porque imagine qué maravilla de entierro le organizamos en Canarias.

A mí no me entierran en Canarias. Ya le he dicho a mi familia que yo quiero que me incineren. Pero, cariño, vamos a hablar de cosas positivas.

Es verdad. Disculpe. Le vamos a buscar un novio aquí.

Déjese de novios. Yo de Canarias quiero un plátano: potasio para mi coño [carcajadas].

Paca, ¿cómo ha cambiado su vida después del éxito de la serie Veneno?

Ha cambiado en el aspecto de que me tienen todo el día para arriba y para abajo, pero por lo demás yo estoy igual.

Pero bueno, le ha salido mucho trabajo.

Sí, es un trabajito, pero luego eso va y viene. O sea, que con el tiempo te quedas casi igual aunque se agradece mucho porque hoy mucha gente no tiene trabajo en este país.

Imagino que en lo personal, aparte de que haya hecho la mili por aquí, actuar en Las Palmas de Gran Canaria tiene para usted una connotación sentimental extra al tratarse de la tierra de la fallecida Isabel Torres, actriz con la que coincidió el la serie Veneno.

Calle, calle, calle. Estoy mala desde que se fue. Me quedé muy tocada.

Era una tía estupenda.

Sí. Lo era. Ya rodando la serie yo la animaba a no tirar la toalla y nos íbamos las dos juntitas a misa en la iglesia del Carmen, en Madrid. Yo le pedía a la virgencita que, por favor, se pusiera buena. Que pudiésemos acabar la serie porque esa era su ilusión. ¡Que no le pasase nada! Y mira, por lo menos eso me lo concedió. Rezaba para que Isabel se mejorara pero fui viéndola apagarse. Un día le dije a los jefes ¡Ay, Dios! ¡Que se nos va! Mire, por lo menos ha hecho algo bonito que quedará para siempre y servirá de ejemplo a las más jóvenes.

Isabel será un ejemplo pero usted también: ha sobrevivido a una época en la cual el futuro de las mujeres trans se presentaba muy difícil.

Eso es verdad. Muchas de mi época han acabado drogadictas, enfermas o muertas. A las pobrecitas sólo les quedó la prostitución. Y nadie sabe lo malo que es ese mundo. Todas tendremos algún día que morirnos... A todas nos llegará ese momento.

¿Es de las que desea morirse sobre el escenario?

Pues no lo sé. Si tengo trabajo... Cuando sea más vieja lo mismo lo deseo porque igual ya no me llama nadie. ¡Qué sé yo! No lo sé. Mientras pueda y tenga fuerza quiero seguir actuando. Yo soy la más vieja en la compañía del Gran Hotel de las Reinas y aquí sigo, al pie del cañón con el brazo partido. ¡Me quejo menos que las más pequeñas! Alguna se coge una diarrea y no vienen a trabajar. Yo no falló ni con diarrea. Eso es lo bueno que tengo.

Es que ya no es una niña.

Tengo 60 años.

Que se dice pronto...

Y ni tan mal. En unos años, además, me jubilo.

Merecido, Paca. Oiga, ¿qué cree que ha significado el éxito de la serie Veneno para usted y también para el colectivo LGTBIQ+?

A mí lo más que me ha sorprendido es comprobar cuánto me quiere la gente. Yo no sabía que tantas personas te pudiesen admirar y valorar por sólo salir en una serie. Chiquillas que te aprecian, que cuando te ven se echan a llorar y te cogen la mano.

¿Y qué les dice?

Les digo: yo soy como tú, hija mía. Me gusta ayudar a todo el mundo, como ayudé a Cristina [Ortiz, la Veneno], a María José la Valenciana [histórica transexual fallecida en 2018] o Sonia [Rescalvo, mujer trans asesinada a patadas en Cataluña en 1991]. Es muy bonito que algo así te llegue por salir en la tele. Que las niñas lleguen temblando para darme las gracias. En mi memoria esos encuentros se guardan como fotografías. Como si fuesen las fotos que nos hacían en la serie antes de cada toma, que es como se dice, nena [risas]. Yo delante de ellas me sonrío y extiendo la mano. Es algo bueno que me llevaré de esta vida a pesar de que haya gente con tanta maldad. Espero que se repita con Vestidas de azul. ¿Usted sabe que voy a hacer otra serie, no?

¡Qué va! ¿Qué serie?

Una para ATRESplayer Premium, otra vez con los Javis [Javier Ambrossi y Javier Calvo, directores de Veneno] donde también voy a ser nombrada. Estoy encantada porque, más o menos, va sobre historias del colectivo [la producción está basada en la novela del mismo nombre escrita por Valeria Vegas en 2019 donde se relata la vida de un grupo de mujeres trans en plena época del destape español en la era posfranquista]. Dicen que es como la segunda parte de Veneno.

Pues había entendido que a los Javis les costó mucho convencerla para Veneno porque usted no quería meterse en estos fregados.

Y es verdad. No me apetecía nada. Como sabe, nosotras hemos trabajado en el mundo de la noche y todo eso... Yo ahí ya estaba loca y tenía un empleo como limpiadora en una empresa de limpieza, que era donde quería terminar. Pero estos dos maricones me convencieron porque claro, si es mi vida la que van a contar quién mejor que yo para interpretarla. Siempre he sido muy teatrera así que decidí subirme a ese tren.

Un tren que, como le dije antes, ha dado visibilidad a un grupo de mujeres de su edad predestinadas a diluirse en el olvido. En Canarias tenemos muchos ejemplos valientes de transexuales cuyas historias parece que a nadie les importan.

Es que en eso Canarias de toda la vida ha sido muy fuerte pero en todo este país, poco a poco, las mujeres trans hemos ido entrando en la sociedad. Ya no se ven obligadas a ejercer la prostitución sino que acaban siendo empresarias o metidas en la política. Sus familias antes las echaban de casa y ahora, por ejemplo, los padres y madres acompañan a los niños y niñas al médico para que hagan su transición cuando antiguamente un hijo maricón era una vergüenza para una familia. Gracias a Dios, eso ha cambiado. Siempre habrá sitios, como ocurre en otros países, donde somos como una pandemia pero en España la cosa va un poquito mejor aunque hay que seguir luchando y tirando para adelante.

Por cierto, nos acordábamos antes de Isabel Torres pero tampoco podemos olvidarnos de la actriz grancanaria Lola Rodríguez, con quien también coincidió en Veneno.

La Lola es magnífica. Está en Madrid, creo. No para de trabajar. Ruedo con ella en Vestidas de azul.

¿Ve? Al final tiene usted más relación con Canarias de la que pensaba.

Bueno, ahí tengo unas cuantas amigas que he conocido en la Península. Pero mire, yo a Isabel le cogí muchísimo cariño y me puse muy mal cuando se murió. Estuve un tiempo así como destrozada porque yo estaba mucho con ella; íbamos a misa, comíamos juntas... Ella no me dejaba sola y como en pandemia no se podía estar... pues sólo me veía con ella y cogimos mucha amistad.

Y ahora, de repente, además de todo lo que ya ha logrado, es usted una influencer, una instagramer.

Yo no sé.

¿Cómo que no? Usted tiene más de 160.000 seguidores en Instagram.

Sí, pero yo pongo alguna fotico para que vean que estoy viva. Tampoco me gusta mucho porque me veo gordinflona. Lo de influencer no; yo pongo una foto y ya está. Que la gente vea que todavía estoy apañada pero es algo que voy haciendo cuando quiero. Mira, pues que he hecho esto; que entré aquí; que comí más allá... Pero eso es lo hace casi todo el mundo hoy en día.

Pero no tienen tantos seguidores como usted.

Eso no me importa. Lo importante es que no me ponga enferma, que pueda trabajar... Lo demás es fachada.

¿Hablamos de Gran Hotel de las Reinas? ¿Qué van a encontrarse quienes vayan al espectáculo?

Se lo van a pasar bomba porque está muy entretenido. Hay mucha variedad de canciones, de todo. Mucho humor y espectáculo. Muchas luces. Hay gordas; hay flacas; hay altas y hay bajas. Tenemos un popurrí de todo.

Y tienen también a drag Sethlas, que es canario.

Es verdad, que es de vuestra tierra. Y la drag Vulcano, que estuvo el año pasado. Tuvo mucho éxito.

¿Está contenta? ¿Se portan bien con usted?

Mucho. Me tienen como una niña mimada.

¿Y ponerse plataformas?

¡Uy! Nunca. Eso es como un yunque. Pesa mucho, nene. Te dan una patada en el coño con eso... ¡Déjenme en paz!

Oiga, ¿y por qué Paca la Piraña?

Soy de comer compulsivamente. Ya desde la mili me llamaba así porque había empezado a ponerme la pestaña y a actuar y tenía que ponerme un nombre gracioso. Pensé ponerme Paca la Burra pero conocí a una muchacha de Brasil que una noche me contó que en su país una piraña, además de una mujer glotona, era una mujer putona y mala. Y como tengo montón de dientes pues me puse Paca la Piraña.

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