50%DTO ANUAL BLACK FRIDAY eldia.es

eldia.es

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

CD Tenerife

Nueva vida para Alberto Jiménez

El majorero supera la pesadilla del Ninfas al refugio de su cesión en el Albacete

Alberto Jiménez posa con la camiseta del Albacete.

Alberto Jiménez no olvidará nunca aquella mañana de noviembre que cambió su vida profesional para siempre. El de Fuerteventura había aparecido con aparente normalidad en el entrenamiento que su equipo llevaba a cabo en vísperas de un partido oficial y muy trascendente contra el Logroñés. No en vano, el entrenador (Fran Fernández) se jugaba su futuro y precisamente el resultado en el partido (0-1) iba a determinar su despido.

Fue tras acabarse la sesión preparatoria cuando Alberto intuyó la que se le venía encima. Un tatuaje suyo en el brazo derecho permitió que muchos usuarios de redes sociales identificaran que era él uno de los 25 sancionados por la Policía Local la noche antes en un club alterne. En plena pandemia y aún con serias restricciones en la vida cotidiana de la ciudadanía, no hubo perdón ni indulgencia ante su falta «muy grave», como así establecían el código disciplinario del CD Tenerife. Y el de LaLiga.

En un momento especialmente sensible por los muy severos recortes en la libertad de reunión y movimientos –por el covid–, nadie entendió el error mayúsculo cometido por Alberto. Acribillado en Twitter, donde cerró su cuenta; y sin casi ningún respaldo en el club, el majorero ya intuía que iban a ser las semanas más difíciles de su vida futbolística. Desapareció entonces su nombre de las convocatorias, se le impusieron las sanciones más duras del régimen interno –suspensión de empleo y sueldo– y su futuro como blanquiazul pareció empañarse definitivamente.

Tiempo después, el destino le iba a dar una segunda oportunidad. «Pero su cabeza ya no estaba como para jugar», confirma una fuente del club chicharrero. Una expulsión sin justificación alguna en el marco de un partido contra el Almería, además disputado en un Heliodoro de uñas contra él, fue la gota que colmó el vaso.

De puertas adentro se tomó una determinación tajante, que nadie confirmó entonces públicamente: Alberto debía salir. Se le hizo saber al futbolista y a su agente, Carlos Peraza, que asumió con resignación que su futuro en el Tenerife estaba sentenciado. Ahora bien, contra todo pronóstico, llegado el mercado veraniego fue el jugador quien se opuso a salir. No le convencían las ofertas que se le pusieron sobre de la mesa y, cuando el tiempo ya apremiaba –era el último día hábil para dar bajas– no hubo margen para reaccionar.

Jiménez se quedó, pero no volvió a contar para Ramis. Como si no existiera, entrenó cada día con la certidumbre de que ya no era uno más. Y aún así tuvo ocasión de cerrar su ciclo como tinerfeñista –había estado nueve años en el club– con una participación testimonial en un partido de Copa. Cuando ya otra vez se aproximaba la fecha de abrirse el mercado, su nombre volvió a difuminarse en las alineaciones. No jugó ni siquiera cuando faltaron casi todos los jugadores de sus dos demarcaciones: central y pivote.

Hasta entonces, Alberto había sido un futbolista algo inestable emocionalmente, con picos y valles, pero con una regularidad meritoria sobre el terreno de juego, donde sí era «cumplidor y disciplinado», revela uno de los entrenadores que coincidió con él. «Es muy buen chico», añade el extécnico, «pero tenía cosas que desconciertan».

Abocado al ostracismo en su curso más difícil, el tiempo ha demostrado que tenían razón quienes le enseñaban la puerta de salida como mejor solución a todos sus males. «En Tenerife no podía seguir», cuentan desde su entorno profesional. «Él mismo asumió que era mala idea quedarse, por mucho que tuviera la ilusión de ser partícipe de un posible ascenso». Por su forma de ser y porque sentía que tendría dificultades para adaptarse al extranjero, no tardó en decantarse por la oferta del Albacete. «Me apetecía seguir en España», explica. «Y me ayudó mucho que el director deportivo fuese Alfonso Serrano, al que estoy agradecido por su confianza».

La situación deportiva y su estado de ánimo cambiaron súbitamente. Como de la noche al día. Seis titularidades seguidas confirman que el club manchego había acertado con el fichaje de un futbolista con capacidad y nivel para ser importante «incluso en Primera si hubiera seguido el camino natural»–cuentan desde el Tenerife–, hasta el punto de que el club decidió renovarle hasta 2023 porque tenía pretendientes. Como el Huesca, al que se le negó su venta en una decisión que el tiempo reveló equivocada. Para Alberto, Albacete ha sido un giro copernicano en su carrera y el lugar idóneo para recuperar felicidad y autoestima, lejos (en el tiempo y el espacio) de la pesadilla del Ninfas, que ya es pasado. Así lo cree. Y responde: «Quiero ofrecer la mejor versión de mí mismo».

Compartir el artículo

stats