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Viajar, esa feliz costumbre para los aficionados del CD Tenerife

La fidelidad de la afición emociona a Ramis, que tuvo el gesto de aplaudir a los desplazados tras acabar el partido - Se oyó más a los blanquiazules que al público local

Imagen del desplazamiento masivo de la afición blanquiazul. E.D.

Fue el primer gran viaje después de la pandemia. Con la ilusión de la primera vez, Javier Alonso metió en la maleta de mano tres elementos imprescindibles para un desplazamiento con el Tenerife: bufanda, bandera y camiseta. Lo demás (garganta incluida) iba incorporado en su ADN blanquiazul. Desde idéntico estado de ánimo partían a primera hora desde Los Rodeos el presidente de la Federación de Peñas, Fran León, junto a otros integrantes de varios colectivos: El Chicharro, Zoneros, Boca Chinyero... En el avión de la ilusión van también Isabel Pérez, Juan Santana y su hija, tres entusiastas seguidores de los que han hecho kilómetros por miles. «Todo por el Tenerife», son cuatro palabras que marcan un estilo de vida y una forma de concebir su pasión por el representativo.

Imagen del desplazamiento masivo de la afición blanquiazul. E. D.

El partido de ayer en Alcorcón marca un antes y un después en el curso de los acontecimientos y en el relato feliz de esta temporada. Fue el triunfo en Santo Domingo una manifestación de optimismo por la situación en la que queda el equipo y una demostración a escala nacional de lo que está dispuesta a hacer la afición insular por movilizarse para su proyecto de ascenso. Luego vendrán Gijón, San Sebastián, Éibar... pero el despliegue de más de 300 fieles en el Municipal de Santo Domingo fue la primera semilla de un deseo –que va in crescendo– de no dejar al Tenerife solo.

Viajar, esa feliz costumbre

Aunque hubo quienes prefirieron aprovechar la ocasión para disfrutar de varios días de viaje, los que iban solo y exclusivamente por el partido viajaron a primera hora (en el vuelo de las siete) y regresan hoy con los tres puntos en la mochila. Fue el caso de Fernando, quien recuerda que –derbi aparte– no estaba en un partido fuera de casa desde hacía dos años. «La vez que jugamos en Vallecas», precisa. Ayer había blanquiazules de todas partes. Incluso con acento inglés, destaca Chris Todd, de Armada Sur. «Y venidos hasta de Munich», remarca Héctor, de la Peña Ibérica.

El paréntesis de la pandemia ha sido demasiado largo y hay aficionados que sentían la necesidad de ponerse en ruta. Con el cuentakilómetros inoperativo por mucho tiempo, ayer recuperaron costumbres perdidas: la de dejarse la garganta, los nervios en el estómago antes de partir hacia el campo y las concentraciones multitudinarias en blanco y azul. Esta vez, con mascarilla incluida.

«El esfuerzo que hacen es muy grande», precisa Ramis, quien anoche tuvo un detalle cómplice que quedará grabado en la retina de todos los tinerfeños que estuvieron en Alcorcón. Esperó a que el árbitro pitase el final, felicitó a sus jugadores, saludó deportivamente a los rivales y se fue al rincón donde esperaban los aficionados. Aplaudió, aplaudió... y siguió aplaudiendo. Sabía el míster que anoche al sur de Madrid habían conquistado algo más que tres puntos. Fue responder con victoria a una feligresía que se mueve por los suyos y confirma –con hechos– que no les dejará solos.

Las imágenes de ilusión y felicidad por los puntos formarán parte –pase lo que pase– de esta singladura con rumbo ascenso que en el campo del colista rescató del baúl del olvido la costumbre perdida de viajar, ondear la bufanda blanca y azul en la Península, llenarse de nervios, emocionarse, sufrir y, al fin, vencer. La celebración fue completa. Y la demostración de lealtad, un ejemplo.

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