US Open

Ben Shelton, la nueva sensación del tenis de EEUU

Con un cañón en su brazo izquierdo y un carisma desbordante, el jugador de Atlanta de 20 años disputará la semifinal del torneo neoyorquino contra Djokovic, convertido ya en la gran esperanza norteamericana del deporte de la raqueta

Ben Shelton.

Ben Shelton.

Idoya Noain

Tan acostumbrados a promesas que parecen despuntar para luego quedar solo en eso, el tenis de Estados Unidos, sus medios y sus fans, se habían tomado a Ben Shelton con cierta cautela, incluso en un momento de renovada esperanza. El joven zurdo de 20 años ha hecho añicos cualquier precaución.

El martes, en un partido histórico (por primera vez en la era Open se medían dos jugadores negros en unos cuartos de final de un grande), Shelton dio el golpe ante su compatriota Frances Tiafoe, el número 10 del mundo, con el que ha trabado una relación parecida a la de un hermano menor.

Con un 6-2, 3-6, 7-6 (9-7) y 6-2 labrado con desparpajo y descaro, capaz de unir 14 puntos de saque directo con 11 dobles faltas, Shelton mantuvo la mente fría como para no dejar que errores en momentos decisivos no tuvieran marcha atrás y avanzó a las semifinales de este viernes.

Ahí le espera Novak Djokovic. Y el fenómeno Shelton, el estadounidense más joven en la ronda de las semifinales neoyorquinas desde que llegara ahí Michael Chang en 1992, y el primer tenista que no es cabeza de serie que podría ponerse en una final en Flushing Meadows desde que Mark Philipoussis lo hiciera en 1998, es ya imparable. Alcanza la gesta en el mismo momento que la eclosión total de Coco Gauff, así que el éxtasis local es doble.

Una evolución supersónica

Hace menos de un año Shelton, de Atlanta, ni siquiera había viajado fuera de EEUU. El joven que no cogió la raqueta hasta los 12 años, cuando finalmente se decidió a no seguir su pasión por el fútbol americano sino los pasos de su padre y entrenador, Bryan Shelton, tuvo que sacarse el pasaporte para viajar al Abierto de Australia.

Era solo su segundo grande tras debutar cayendo en primera ronda en Flushing Meadows en 2022, adonde había llegado con una 'wild card' tras hacerse con el título nacional universitario. Y en las antípodas dio la campanada, alcanzando los cuartos de final.

Salidas tempranas de Roland Garros y Wimbledon tentaron a pensar en otra flor de un día, pero lo que Shelton mostraba en otras pistas obligaba a seguir prestando atención a un jugador cuya meteórica evolución, física y mental, la ratifica su ascenso en el ranking: de 802 hace dos años al 165 el pasado y el 47 este. El lunes, como poco, estará en el puesto 19.

"Es una locura"

Alcaraz, que se midió con él por primera vez este verano en Toronto, pudo imponerse, pero quedó impresionado. “Nunca he jugado contra alguien que golpee la bola tan fuerte como él”, dijo. “Es una locura. Algunos servicios alcanzan 235 kilómetros. Casi rompió mis cuerdas”.

Ben Shelton.

Ben Shelton.

No es ese cañón, en cualquier caso, la única herramienta de Shelton. Y el de El Palmar también observó a un jugador “realmente agresivo”, que no le dejaba jugar su juego de ataque subiendo a la red. 

El propio Shelton, al que su padre comparó en una ocasión con un perro labrador (“le tiras la pelota y va a correr y cogerla, y la tiras otra vez y va a hacerlo, y otra vez y otra vez”), ha explicado por qué ha decidido no centrarse solo en esa capacidad de lanzar auténticas bombas. Le complican el ritmo, dice. Y sabe que los rivales podrán acabar preparándose y respondiendo.

Su visión de su tenis, y de su camino, es mucho más amplia, y ambiciosa. Usa los partidos de dobles (y este miércoles seguía vivo en la competición mixta con Taylor Townsend) para trabajar y mejorar su propio juego en la red. Sabe que aún tiene mucho camino por recorrer para destacar en hierba y tierra batida. Pero no tiene prisa. Y no le falta la disposición.

La alegría y el dolor

Como se ha dicho de Alcaraz, en ocasiones parece que se le puede ver aprendiendo conforme juega. También como el campeón español, no solo se ha centrado en trabajar y mejorar su imponente físico (1,93 de altura y 88 kilos), sino en reforzar sobre todo su fortaleza mental (“más de la mitad de la batalla”). Y se muestra plenamente capaz de aislarse cuando hace falta de toda la atención y el revuelo que está generando para centrarse exclusivamente en su tenis.

Como Alcaraz, asimismo, Shelton desborda carisma y magnetismo y una alegría contagiosa por jugar que al público le apasiona. “Lo disfruto”, explicaba tras el partido ante Tiafoe, cuando celebró la victoria con un gesto que copió a amigos que compiten en atletismo en la Universidad de Gainsville y que ya ha hecho habitual, en el que cuelga un teléfono (de los de línea terrestre, no móvil).

Ese encuentro se había desarrollado, como los de los últimos tres días, en unas durísimas condiciones de humedad extrema. Pero ni eso ni su amigo Tiafoe fueron suficientes para poder con él. “Conforme caminaba hacia mi toalla en el cuarto set pensaba: 'me duele todo, físicamente, pero lo estoy adorando'", explicó Shelton. “Este es el mejor momento de mi vida en una pista de tenis”. Quizá el viernes lo supere.