La neerlandesa Annemiek van Vleuten, lesionada de gravedad en un codo tras una caída, este pasado miércoles, en los primeros metros de la prueba de relevos mixtos –le estalló su llanta delantera–, se ha proclamado nueva campeona en línea de los Mundiales de Ciclismo en Carretera que se está disputando en Wollongong (Australia). Lo hizo la deportista natural de Utrech tras sorprender al grupo de favoritas en el último de los 164,3 kilómetros de recorrido.

Annemiek, durante uno de sus entrenamientos en El Teide. | | EL DÍA

Fue un final inesperado y épico de la corredora de Movistar, la gran dominadora de una temporada 2022 en la que suma el título mundial –el segundo de su carrera– a sus triunfos, entre otros, en el Giro, el Tour y la Vuelta. Todo ello en la campaña en la que la neerlandesa cumple –el 8 de octubre– 40 años. «Ha sido un infierno. No podía levantarme sobre el sillín, como me gusta hacer, las piernas parecía que me iban a explotar en la subida y he tenido que correr completamente distinto a como lo suelo hacer», dijo sobre la carrera.

Van Vleuten muestra su asombro tras ganar el oro ayer. | | EL DÍA

Un éxito, el de ayer, así como el de todos estos últimos meses, vinculado estrechamente a Tenerife, el emplazamiento en el que Annemiek prepara cada una de sus últimas temporadas. Lo hace con varias concentraciones en los primeros meses del año. Ya sea con sus respectivos equipos, como solo junto a algunas de sus compañeras. En esta ocasión Van Vleuten estuvo en el Teide en dos ocasiones, la primera a finales de enero y la segunda a comienzos de marzo. Dos bloques de trabajo –de más de dos semanas cada uno– que la ahora campeona del mundo tradujo en un gran comienzo de 2022 (ganó con facilidad la Vuelta a la Comunidad Valenciana), más tarde en una prolífica primavera (se impuso de forma autoritaria en la Lieja-Bastoña-Lieja), luego en un tercer bloque en el que enlazó en poco más de dos meses el escalón más alto del podio en Giro, Tour y Vuelta; y finalmente en un título mundial que apenas horas antes –e incluso durante la propia carrera, donde muchos kilómetros ejerció de gregaria para Marianne Vos– parecía una quimera.