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La censura

La censura juan ezequiel morales

Minerva es una revista académica sobre ciencias sociales, trimestral, revisada por pares, vinculada al buscador mundial Springer. El 28 de setiembre de 2022, apenas hace tres meses, se aceptó el siguiente artículo: Censorship and Suppression of Covid-19 Heterodoxy: Tactics and Counter Tactics (Censura y supresión de la heterodoxia de Covid-19: Tácticas y contratácticas), una investigación de Yafa Shir-Raz, Ety Elisha, Brian Martin, Natti Ronel y Josh Guetzkow, de las universidades de Haifa (Israel), Wollongong (Australia) y Hebrea de Jerusalén, y pertenecientes a diversos departamentos de Antropología, Sociología y Criminología. Vamos allá con algunas de sus afirmaciones.

Alertan sobre las prácticas de censura y cancelación de las que fueron víctimas médicos y científicos prestigiosos durante la pandemia de Covid, a quienes se violó, entre otros derechos, su libertad de expresión: «Nuestros hallazgos se hacen eco de los argumentos expuestos en estudios anteriores sobre la supresión de la disidencia en áreas controvertidas, como la vacunación (Elisha et al. 2021, 2022; Cernic 2018; DeLong 2012; Gatto et al. 2013; Martin 2015; Vernon 2017), el sida, los estudios medioambientales y la fluoración (por ejemplo, Delborne 2016; Kuehn 2004; Mar- tin 1981, 1991, 1999). Al igual que esos estudios, los resultados de nuestra investigación indican una participación significativa de los medios de comunicación y la clase médica en la censura y la supresión de los disidentes».

Después de efectuar entrevistas en profundidad con el standard de investigación social, con expertos de fama mundial en la materia, de distintos países del mundo (Australia, Canadá, República Checa, Alemania, Israel, Reino Unido y Estados Unidos), afirman que los medios de comunicación y de tecnología de la información, han reprimido el debate sobre el COVID-19, utilizando censura y tácticas de cancelación que dañaron la reputación y las carreras de los médicos y científicos disidentes. Yafa Shir-Raz y colegas denotan que la aparición del COVID-19 ha dado lugar a una proliferación de disputas y desacuerdos entre los que se incluyen el origen del virus SARS-CoV-2, las medidas restrictivas adoptadas, como el distanciamiento social, los encierros, el rastreo de contactos y los requisitos de máscara, el uso de determinados tratamientos de la enfermedad y la exclusión de otros, la seguridad y eficacia de las vacunas contra el COVID-19 y la aplicación de «pasaportes de vacunación» en muchos países. Así, mientras gobiernos y autoridades sanitarias provocaban e imponían políticas restrictivas «muchos científicos y médicos cuestionaron la ética y la moralidad de tales tácticas, incluidos premios Nobel y destacados médicos y académicos (por ejemplo, AIER 2020; Abbasi 2020; Bavli et al. 2020; Brown 2020; Ioan- nidis 2020a; Lenzer 2020; Levitt 2020). Además, desde principios de 2020, un número creciente de científicos y médicos argumentaron que la pandemia, así como las cifras de morbilidad y mortalidad, estaban siendo infladas y exageradas; que las políticas y restricciones extremas violaban los derechos fundamentales; y que los gobiernos estaban utilizando campañas de miedo basadas en supuestos especulativos y modelos de predicción poco fiables. Algunos académicos, médicos y abogados han señalado sesgos, ocultación y distorsiones de información vital sobre las tasas de morbilidad y mortalidad que engañaron a los responsables políticos y al público».

En la primavera de 2020, el debate sobre los orígenes de laboratorio del SARS-CoV-2 estaba prohibido en Twitter y Facebook, y más recientemente, esa teoría ha ganado legitimidad, especialmente tras los artículos publicados en Proceedings of the National Academy of Sciences o Frontiers in Virology. En junio de 2021 fue público que Google, silenciadora de la teoría de que el virus SARS-CoV-2 se filtró desde el Instituto de Virología de Wuhan, había financiado la investigación sobre el virus llevada a cabo por un científico vinculado a Wuhan, Peter Daszak, a través de su rama benéfica, Google.org.

La importancia de la colaboración global de Facebook o Google en este sesgo científico la ejemplifican Yafa Shir-Raz y colegas con «la clasificación a la baja del sitio web de la Declaración de Great Barrington por parte de Google. La Declaración, encabezada por tres epidemiólogos de las universidades de Harvard, Stanford y Oxford, se publicó en octubre de 2020 y fue firmada por muchos científicos y médicos notables, entre ellos el premio Nobel Michael Levitt. En él se argumentaba en contra de los bloqueos universales a favor de centrarse en proteger a los grupos vulnerables. Sin embargo, para reducir la exposición, Google modificó su algoritmo de búsqueda. En febrero de 2021, Facebook eliminó una página creada por un grupo de científicos implicados en la declaración. En abril de 2021, YouTube eliminó una grabación de una audiencia pública oficial sobre la pandemia en la que participaban el gobernador de Florida Ron DeSantis y los autores de la Declaración de Great Barrington. Uno de ellos, el profesor Kulldorff, que es uno de los epidemiólogos y expertos en enfermedades infecciosas más citados del mundo, fue censurado por Twitter en marzo de 2021».

En 2022, recientemente, Verkerk y colegas analizaban una encuesta realizada a más de 300.000 personas de 175 países que habían optado por no recibir las vacunas COVID-19, y fue retirado de ResearchGate.net al cabo de nueve días. En cuanto a los «verificadores», el British Medical Journal reveló que las verificaciones de Facebook y YouTube se basan en asociaciones con verificadores de hechos de terceros (Red Internacional de Verificación de Hechos), organización dirigida por el Poynter Institute for Media Studies, patrocinado por Google y Facebook. En las tácticas de censura y cancelación de los encuestados por los autores, se ha incluido la exclusión, el etiquetado despectivo, los comentarios hostiles y las declaraciones amenazadoras por parte de los medios de comunicación, el despido por parte de los empleadores de los encuestados, investigaciones oficiales, la revocación de licencias médicas, las demandas judiciales, y la retractación de artículos científicos tras su publicación: «Los encuestados relataron cómo, en una fase muy temprana de la epidemia, cuando apenas empezaban a expresar sus críticas o su postura diferente, se sorprendieron al descubrir que los principales medios de comunicación, que hasta entonces los habían visto como entrevistados deseables, dejaron de entrevistarlos y de aceptar artículos de opinión suyos... Los encuestados informaron de que la exclusión fue sólo el primer paso: poco después empezaron a ser objeto de difamación por parte de los medios de comunicación, y a ser calificados de antivacunas, negacionistas de Covid, difusores de desinformación y/o teóricos de la conspiración». Si quisiéramos buscar un caso de anticiencia de libro sería éste.

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