De futbolistas a perfumes: la moda gana a los guanchismos cuando toca poner nombre a un hijo

Los isleños se inspiran en deportistas como Leo Messi, Enzo Fernández y Thiago Alcántara

Para las bebés triunfan las fragancias Valentina by Valentino y Chloé

También resurge lo tradicional, con alusiones bíblicas como Mateo y Lucía

Una bebé recién nacida sobre la cama de un hospital.

Una bebé recién nacida sobre la cama de un hospital. / Europa Press

Elegir nombre para un hijo es una de las decisiones más importantes que toman quienes van a convertirse en progenitores. Sobre gustos no hay nada escrito pero factores como la tradición familiar, la fe y el arraigo al territorio suelen entran en juego a la hora de tomar la gran decisión. En Canarias, la tendencia en los últimos años es la apuesta por nombres corrientes, frente al alza de los nombres autóctonos registrada en la década de los 80. Solo dos nombres aborígenes, Gara y Airam, resisten a las modas, aunque no consiguen colarse en el podio. 

Ni una sola denominación guanche se encuentra entre las diez más populares elegidas por los padres para sus bebés en 2022. Según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), Mateo, Liam, Hugo, Gael, Thiago, Enzo, Martín, Lucas, Diego y Leo son los diez nombres más frecuentes en el caso de los niños. En cuanto a las niñas, Valeria, Sofía, Martina, Valentina, Lucía, Alma, Mía, Chloe, Emma y Jimena son los nombres preferidos. 

Los canarios se dejan llevar por las modas a la hora de llamar a sus hijos. Al menos tres de los nombres más comunes para niños en el Archipiélago tienen relación directa con el fútbol: Thiago –como Thiago Alcántara, centrocampista del Liverpool F. C.–, Enzo –como Enzo Fernández, centrocampista del Chelsea F. C.– y Leo –como el ocho veces balón de oro Leo Messi–. Para nombrar a las niñas, los isleños parecen haberse inspirado en los perfumes de marcas más prestigiosas, cuyos anuncios se suceden en televisión: Valentina –como el perfume Valentina by Valentino– y Chloe –como la marca de fragancias Chloé–.

La mayoría de esos populares nombres se usaron en un centenar de bebés en 2022. Sin embargo, los términos aborígenes ya no se ven de forma tan frecuente. Por poner un ejemplo, mientras que Mateo figuró en el registro 132 veces el año pasado, Airam –que hace alusión a un príncipe benahoarita– apenas ha aparecido un total de 39 veces desde el año 2020. También hay una gran diferencia entre los nacimientos de niñas llamadas Valeria en 2022, que ascendieron a 119, y de bebés inscritas como Gara –igual que la princesa guanche de La Gomera– desde el año 2020: solo 73 pequeñas.

Aún así, Airam y Gara son los nombres aborígenes que más se siguen utilizando en la actualidad. La edad media de los hombres llamados Airam es de 20 años. Este guanchismo se puso de moda en los años 80, cuando se inscribieron 478 bebés con ese nombre. Mientras tanto, la edad media de las personas personas llamadas Gara es de 16 años y la denominación alcanzó su pico de popularidad entre 2010 y 2020. En esa década, se sumaron al registro 424 niñas llamadas Gara.

Despertar nacionalista

Si hubiera que situar en una época el récord de inscritos con nombres canarios sería en la década de los 80. Humberto Hernández, lingüista y presidente de la Academia Canaria de la Lengua (ACL), recuerda que en aquellos años se produjo  un «despertar» de los sentimientos identitarios en las Islas. Precisamente fue el 10 de agosto de 1982 cuando se aprobó el primer Estatuto de Autonomía del Archipiélago. Esto hace que lo canario «empiece a ser muy valorado» y «que los progenitores recuperen los nombres aborígenes». 

En los años 80, con el Estatuto de Autonomía, se popularizaron los vocablos guanches

Guanchismos como Yaiza pasaron de elegirse en 906 ocasiones en la década de los 80 a apenas sumar 66 bebés a partir de 2010. Otro ejemplo es que en la época de eclosión de la nacionalidad canaria, los progenitores eligieron llamar a sus hijos Yeray en 1.389 ocasiones, frente a la escasa importancia que ha tenido este nombre a partir de 2010, cuando apenas ha aparecido 113 veces. 

Pero la caída de la popularidad de los nombres aborígenes no significa que se vayan a perder por la globalización, sino que responde meramente a las modas. Los progenitores se fijan cada vez más en los nombres de los famosos y los de sus hijos o en los de personajes de cine o series. Pero esto no amenaza al dialecto canario. De hecho, Hernández pone como ejemplo el mantenimiento de vocablos como «guagua» o «gofio» en el día a día: «Usamos estas palabras con mucho orgullo».

La caída de los términos autóctonos no supone una «amenaza» pues el dialecto se conserva

Distinto es el caso de Cataluña y País Vasco. Marc y Laia están entre los nombres más frecuentes en 2022 en Cataluña, mientras que en País Vasco abundan los Íker y las Ane. Sin embargo, Hernández cree que la situación del Archipiélago no es comparable, pues el euskera y el catalán son lenguas propias, mientras que los nombres aborígenes son guanchismos, palabras adaptadas al español que se habla en Canarias.

El presidente de la ACL todavía recuerda cuando nombres como Jonay, Nauzet o Isora eran la norma. Hoy no se ven tanto en los colegios pero sí en los libros. Isora es una de las protagonistas de Panza de burro, la novela que Andrea Abreu publicó en 2020 y con la que obtuvo el XVI Premio Dulce Chacón. La historia de Abreu ha llegado a todos los rincones de España pero el nombre de Isora –por ahora– no ha recuperado la popularidad de antaño. El INE apenas registra el nacimiento de 10 niñas llamadas Isora a partir de 2020.

«Es como la ley del péndulo», explica Humberto Hernández, quien cree que los progenitores «acaban cansándose de que todos los niños se llamen igual» y empiezan a adoptar otros nombres para sus hijos. De ahí la actual tendencia con los nombres, que es «regresar a los tradicionales, como Paula o Lucas».

Además de las modas, están las cuestiones culturales. Por ejemplo, Hernández recuerda que durante el franquismo los nombres que no se encontraban en el santoral no estaban permitidos. Francisco, Jesús, Carmen y Dolores eran los nombres más habituales en la época. Ahora existe mayor libertad a la hora de elegir cómo llamar a un hijo, aunque existe cierta falta de «normatividad»: «Estaría bien que hubiera una norma porque a veces nos volvemos un lío. No sabemos si es correcto Dévora o Déborah, Guacimara o Guasimara, Cathaisa o Cathaysa. Pero claro, es muy difícil limitar esto, porque quien fija la norma es el propio dueño del nombre».

Humberto también resalta que en Canarias, que se ha enriquecido a lo largo de su historia con la llegada de personas de distintos puntos de América, es normal que en los últimos años nombres como Kevin y Anderson se popularizaran. 

Vuelve lo tradicional

Los nombres sencillos, incluso los que hacen referencia a personajes bíblicos o santos, vuelven a estar de moda. Mateo, Lucas, Martín, Lucía o Sofía se encuentran entre los nombres que más se repitieron en el registro durante el año pasado. Honorio Campos, párroco de la iglesia de La Concepción de La Orotava, confirma que ahora «lo que se lleva» son los nombres corrientes: «Ya no vemos tanta innovación en los bautizos, como sí ocurría antes. Sobre todo encuentro algunos tradicionales como Matías o Paula. Los más raros, que no lo son tanto, podrían ser Íker –que proviene del euskera– o Izan –que es una adaptación del nombre hebreo Ethan». Por cierto, Íker también es nombre de futbolista, como el exportero de la Selección Española Íker Casillas.

Aunque la tendencia es regresar a lo tradicional, Campos ve una novedad con respecto a 30 o 40 años atrás: ya no se estilan los nombres compuestos. Ni María Cristina ni José Antonio pasaron por la pila bautismal en 2022. «Recuerdo que antes sí era muy habitual tener dos nombres pero ahora no se ve eso, incluso se ven nombres muy cortos», comenta. 

Las palabras foráneas también parecen ir decayendo. Campos no recuerda haber bautizado recientemente a ningún Kevin o Bryan. La última pareja que pasó por su iglesia, de orígenes italianos, puso de nombre a su hija Emma. Aunque también es cierto que cada vez hay menos bautizos. 

Y es que el quebradero de cabeza que supone decidir cómo llamar a un hijo es, por desgracia, un lujo solo al alcance de unos pocos en Canarias. Aquí apenas nacen niños y ciudades como Santa Cruz, La Laguna y Las Palmas de Gran Canaria tienen la menor tasa de fecundidad de España, pues apenas se alumbra a 0,8 bebés por mujer, según los últimos datos del INE. Cuando tan solo el 15,8% de los jóvenes isleños de entre 15 y 29 años está emancipado, convertirse en padre ni siquiera es una opción.