CRÓNICA PARLAMENTARIA

Meterse en fragados

Estas políticas tan pobres, mezquinas y acostumbradas al sectarismo más hipócrita

y pueril. Este parlamentarismo sin público, sin inteligencia y sin ningún remedio

José Antonio Valbuena y José Miguel Barragán, en el pleno de ayer. | | MARÍA PISACA

José Antonio Valbuena y José Miguel Barragán, en el pleno de ayer. | | MARÍA PISACA / Alfonso González Jerez

Alfonso González Jerez

Alfonso González Jerez

«Porque aquí, en Canarias, existe un Gobierno al que le gusta meterse en fregados». Seguro que el lector atribuiría este llamativo apotegma a algún diputado de la oposición, pero no, la pronunció ayer, en la segunda jornada de pleno, el consejero de Transición Ecológica del Gobierno autonómico, José Antonio Valbuena, el responsable departamental que más recursos financieros deja sin ejecutar de todo el Ejecutivo desde 2020. El señor Valbuena subrayaba el valor casi temerario de Torres y su equipo exigiendo al Gobierno central los expedientes que guarda en sus archivos sobre los conflictos, dimes y diretes en las costas canarias. Porque ya se sabe que las transferencias en las competencias en costas –materializada finalmente en un decreto publicado el pasado septiembre y en vigor desde el 1 de enero– contiene una pequeña reserva: el Estado se arroga la facultad de dictar informes que serán preceptivos para una amplia casuística en la gestión de las costas del archipiélago. Es una transferencia gentilmente tutelada por Madrid, aunque esta paternal atención a nuestra torpeza infantil no se ajusta demasiado al Estatuto de Autonomía. Como Valbuena –uno de los consejeros más inteligentes del Gobierno de Torres– sabe perfectamente lo que hay se apresuró a colocarse la venda antes de la herida en el debate parlamentario y llegó incluso a insinuar que el Gobierno canario podría llevar al Constitucional al Ministerio de Política Territorial.

No le sirvió de gran cosa. Las diputadas Socorro Beato (CC) y Luz Reverón (PP) lejos de impresionarse por la intrepidez de Valbuena, criticaron con dureza unas transferencias palmariamente tuteladas y aun así admitidas por el Gobierno autonómico. «Tres años de negociaciones con Madrid», subrayó Beato, «para que el decreto 75/13 del 12 de septiembre sea una copia literal del decreto que transfirió las competencias de costas a Andalucía… Dígame… ¿Para quién están trabajando ustedes?». La diputada coalicionera aseguró que no se habían ni recibido desde Madrid ni dispuesto desde aquí los medios organizativos, técnicos y profesionales para la gestión de las costas isleñas y exigió que el consejero precisara las gestiones que estaba realizando con el objeto de que el Gobierno central trasvase los expedientes en trámite a la administración autonómica. «Esta competencia es vital para Canarias», insistió la diputada, «y ustedes la están dejando escapar». Luz Reverón repitió y afiló los argumentos y recordó que los cientos de ciudadanos que trabajan en los dos hoteles de la cadena RIU en las Dunas de Corralejo e ignoran, todavía, si los establecimientos serán cerrados y demolidos o no. Mientras Valbuena sonreía giocondescamente un diputado socialista que el cronista jamás había visto hasta entonces salió de la sección de Caballeros de El Corte Inglés para recordar con dolor democrático que el Gobierno de Canarias disponía de competencias en costas desde hace menos de dos meses y ya la oposición se ponía a criticar, a exigir, a despreciar, oh. Finalmente el consejero, sin contestar en ningún momento a la oposición, se sacó del bolsillo uno de los mantras más hastiantes del Ejecutivo: «este gobierno siempre apuesta por el diálogo y el acuerdo para solucionar los conflictos y las diferencias, frente a los que alimentan el enfrentamiento». Y se sentó tranquilamente.

Sebastián Franquis compareció para hablar de su Plan de Viviendas, un instrumento de planificación instalado en la eternidad porque nadie sabe si ha empezado y pocos están seguros de que algún día termine, es decir, no tiene ni principio ni fin, pese a su fabulosa dotación de casi 150 millones de euros. Antes Francisco Déniz, el mejor corto de Podemos (Manuel Marrero es el mejor meme) dirigió una irritadísima pregunta a Franquis que lamentablemente apenas se pudo entender. Cuando el señor Déniz se calienta habla con una rapidez endemoniada y si el micrófono no está cerca su voz se asemeja al ruido ambiental de un guachinche con vino azufrado. Era algo sobre una carretera en La Palma. Franquis, que es persona ligeramente irascible, se contuvo perfectamente y le contestó con una plática que parecía pronunciada en kinglon o en un ideolecto personalísimo del kinglon o así. Fue un espectáculo fascinante aunque desgraciadamente breve.

Más difícil lo tuvo el consejero de Obras Públicas y Transportes en su comparecencia. Es inevitable que si aprobaste y firmaste un Plan de Viviendas hace más de dos años y no has entregado ni una te encuentres ligeramente incómodo en el debate. Todas las viviendas que contabilizó Franquis –repitiendo lo que ya declaró en comisión parlamentaria hace unos días– son viviendas aprobadas y en su gran mayoría licitadas antes de julio de 2019. Como ya le han pillado varias veces y el tiempo corre que se las pela y por alguna maldita razón no acaban ninguna vivienda pública Franquis y su gente han ideado una espléndida estrategia defensiva: el anterior Plan de Vivienda no existe ni ha existido nunca. Porque si no ha existido –obsérvese la sutileza ontológica del consejero– nadie les puede decir que están entregando viviendas o han realizado rehabilitaciones correspondientes a ese fantasmagórico plan. ¿No es admirable?

Ciertamente el Plan de Viviendas 2020-2025 estaba lejos de ser una herramienta irreprochable, entre otras razones, porque fue aprobado sin ficha financiera y con una excesiva confianza en el apoyo del Gobierno central, porque en esa época no existían los pródigos fondos y transferencias que ha recibido Canarias –y que un día no lejano acabarán–. En todo caso ese incansable esfuerzo gubernamental de dedicar sus comparecencias a lo pésimo que era el Gobierno anterior ya agota hasta a los micrófonos. Lo que hicieron PP y CC es centrarse en la lentitud del desarrollo del Plan de Viviendas de Franquis después de casi 26 meses de recorrido. La respuesta de los grupos que apoyan al Gobierno fue magnífica. La señora Mendoza, de ASG, que apoyó el Plan de Viviendas de la etapa de Fernando Clavijo, dijo que el Plan de la etapa de Torres es estupendo. Es una insuperable maestra del corta y pega la señora Mendoza. Jorge González, del PSOE, exploró las posibilidades de una retórica parlamentaria basada en el surrealismo. Aseguró que los datos eran tozudos e informó a Reverón que Mariano Rajoy había hecho poquísimas viviendas públicas. La diputada del PP intentaba explicarle por señas (quizás así lo entendiera mejor) que las competencias en vivienda están transferidas hace muchos años. Inútilmente. Pero la intervención más grotesca fue la de la diputada solicitante de la comparecencia, Carmen Hernández, alcaldesa de Telde por Nueva Canarias gracias al apoyo de Coalición en su municipio. Hernández es, con diferencia, a diputada más demagógica y faltona de la Cámara, y lo es con una evidente delectación. Tal vez está acostumbrada a ganar votos así. Debería asumir, ya tiene años de experiencia acumulada, que no está tomando copas en un bareto de Las Gavias, sino en el Parlamento de Canarias. Cuando intervenía en el turno posterior a la intervención de Franquis –otro intento de opacar la parálisis del Plan de Viviendas– Socorro Beato sonrió irónicamente. «¡No se ría, señora Beato, no se ría de la situación de miles de Canarios sin vivienda! ¡Esa es la diferencia entre usted y yo! Usted se ríe y yo, en cambio, le pongo cara a ese sufrimiento, y me solidarizo con él y trabajo para que acabe, y ustedes no, nunca, para nada!».

Estas miserias tan burdas. Estas políticas tan pobres, mezquinas y acostumbradas al sectarismo más hipócrita y pueril. Este parlamentarismo sin público, sin inteligencia, sin patriotismo, sin grandeza cotidiana, sin ningún remedio.