Radiografía de los siete espacios protegidos víctimas de las llamas

La Corona Forestal, el Parque Nacional del Teide y otros parajes más pequeños pero ricos en biodiversidad sufren graves daños

El mirador de Chimague.

El mirador de Chimague. / I Love the World - Airmedia 360

Verónica Pavés

Verónica Pavés

Una vez el humo se ha disipado y las llamas han perdido voracidad, los daños del incendio que ha afectado a más 14.700 hectáreas de Tenerife, empiezan a brotar de entre las cenizas. Son siete los espacios naturales protegidos que han tenido que enfrentarse a las llamas, siendo el más afectado el Parque Natural de la Corona Forestal.

El 20% de la superficie boscosa de Tenerife ha ardido, poniendo en jaque la vida de hasta ocho especies de pájaros endémicos, varias plantas en peligro de extinción, lagartos e invertebrados que servían como alimento al resto de la cadena trófica. Una vez el peligro inminente ha acabado, son muchos los que regresan a los ecosistemas que dejaron al albur de las llamas. Algunos tendrán la suerte de recuperar sus hogares en poco tiempo, pero otros nunca volverán a vivir las mismas condiciones que dejaron atrás. La protección del suelo, la repoblación pormenorizada de algunas zonas y el cambio climático serán factores fundamentales para erigir la recuperación de los siete espacios protegidos víctimas de las llamas.

Parque Natural Corona Forestal.

Es la zona de Tenerife por la que más han discurrido las llamas. Se extiende en un total de 46.612 hectáreas de la isla, lo que lo convierte en el mayor espacio natural protegido de toda Canarias. Sus masas boscosas se disponen alrededor del Teide, y colindan con hasta 18 de los 31 municipios entre los que está dividida la isla. El incendio ha afectado a varias especies de pájaros que se asentaban allí, entre los que se encuentran varias endémicas: pinzón azul, picanpinos, la paloma turqué, herrerillo canario, mosquitero canario o el petirrojo tinerfeño. Pero también otras como el mirlo, el favilán, el búho chico o el aguililla. El fuego también ha causado problemas en varias especies de invertebrados y a los lagartos. Y aunque se hayan refugiado y sobrevivido. Ahora viven su etapa más crítica, pues es posible que no tengan nada que llevarse a la boca», explica Manuel Nogales, investigador y delegado del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en Canarias. Esta zona de la isla se conforma de un extenso pinar, al que se presupone cierta resistencia a las llamas, pero también cuenta con especies de flora única como el Pico paloma, que está considerada en peligro de extinción y de cientos de especies que no se podrán recuperar tan fácilmente. La vuelta a la normalidad dependerá de que se den las condiciones ambientales de humedad y agua apropiadas y de que no sean zonas quemadas anteriormente. «Cuantas más veces hayan ardido en poco tiempo, menos capacidad de recuperación tiene», explica, por su parte, Jaime Coello, ingeniero de montes de la Fundación Telesforo Bravo. Se espera que el suelo también esté afectado, sobre todo en aquellos lugares en los que el fuego ha ardido con mayor intensidad. «Los suelos sufren cambios físicos y químicos muy grandes y se convierten en hidrófobos, por lo que no drenan el agua», insiste Nogales. En la zona se deberán crear albarradas con los pinos muertos para evitar la erosión del suelo. En este sentido, para Nogales el incendio puede convertirse en una «oportunidad» para eliminar biomasa. «Cuando se repoblaron los montes, especialmente en el norte de Tenerife, entre los años 50 y los 70, se plantaron hasta 1.500 pinos por hectárea», rememora Nogales. Quienes llevaron a cabo esta tarea pensaban que no todos saldrían adelante y así los ecosistemas serían más ricos. «Salieron adelante el 85% de los pinos replantados», resume Nogales. Este plan de reforestación debía completarse con otro de silvicultura –es decir, de tala de árboles–, pero esta fase nunca se llevó a cabo. «Lo que hemos creado es un pinar explosivo», explica Nogales. Algunos estudios estiman que la masa forestal de Tenerife es cuatro veces superior a lo natural. «Este incendio nos proporciona la oportunidad de reducir hasta un tercio esa masa forestal».

Radiografía de los siete espacios protegidos víctimas de las llamas

Radiografía de los siete espacios protegidos víctimas de las llamas / Verónica Pavés

Parque Nacional del Teide.

Nadie pensó que el fuego pudiera irrumpir en las laderas del Teide. Aunque las zonas de alta montaña puedan arder, son incendios fácilmente controlables. Pero este fuego, descontrolado a momentos, ha roto los esquemas. Desde que el fuego empezó a zigzaguear entre las retamas encontró un combustible explosivo que le permitió engullir rápidamente 1.100 hectáreas de las 18.000 que conforma el Parque Nacional. Una cifra de afección baja, pero que puso en riesgo diferentes infraestructuras entre ellas los telescopios de observación astronómica, las estaciones de medición atmosférica, la antena de telecomunicación y hasta un vivero en el que se preservan como un tesoro las semillas de las principales plantas endémicas del paraje. El Parque Nacional del Teide cuenta con 212 especies de plantas de las que 58 son endemismos canarios. Tres se encuentran en peligro de extinción y 12 en situación vulnerable. Una de estas especies en extinción es la Jadilla de Las Cañadas (Helianthemum juliae) a la que el fuego ha afectado de lleno. Esta pequeña planta de flores amarillas fue descubierta por el botánico Wolfredo Wilpret, que le otorgó su nombre científico en honor su mujer. Aunque en las faldas del Teide se distribuyen muchas poblaciones distintas de esta especie, Nogales considera que va a ser necesario repoblar para preservarla. Y no de cualquier manera; «también habrá que protegerlas», insiste. La flora del Teide, como explica Nogales, tiene un problema de «regeneración natural» porque los hervíboros –como conejos y muflones– sobreexplotan la flora local. «Será necesario vallar las próximas poblaciones para que la replantación tenga éxito», explica. Coello añade otra especie afectada: los retamales. «Se ha quemado el del norte, que es el que mejor condiciones tenía», revela Coello. Para más inri, el Parque Nacional del Teide es uno de los enclaves de Tenerife que está sufriendo las consecuencias del cambio climático, lo que también irá en su contra a la hora de recuperar una ya de por sí amenazada flora local.

Reserva Natural Integral de Pinoleris.

Ocupa 181 hectáreas de una de las laderas orientales del Valle de La Orotava y se encuentra delimitada por el Paisaje Protegido de La Resbala. Comprende una zona abrupta con comunidades de flora rupícola, junto con especies amenazadas y protegidas, tales como el tajinaste (Echium giganteum) y la hierbabuena (Bystropogon plumosus). Es un lugar donde convive la laurisilva y el pinar. El incendio ha ocupado casi toda la reserva, aunque se desconoce aún su grado de afección. En esta zona conviven ejemplares de aves como la paloma rabiche y paloma turqué, así como el mosquitero y el herrerillo. Esta zona requerirá repoblación.

Reserva Natural Integral de Las Palomas.

Con 584 hectáreas de extensión, este paraje natural se enmarca dentro de los municipios de La Victoria y Santa Úrsula, aunque el 70% de su superficie se extiende en esta última. Como su nombre indica, es el hogar de las principales especies endémicas de palomas de la isla, como la turqué y la rabiche. «Era una zona donde se concentraba una buena cantidad de poblaciones», revela Nogales. Es reserva de la laurisilva y también del bosque de viñatigos, y antiguamente formaba parte de la franja de laurisilva que unía Anaga con Teno. Esta zona, a ojos del investigador tiene «capacidad cero» de recuperación natural. La opción es la repoblación, aunque como insiste el investigador, sería conveniente que se realizara con «material genético de la zona». «Como este ecosistema se ha fragmentado con el paso de los años, los viñatigos que crecen aquí, por ejemplo, se diferencian mucho en sus genes con los de Anaga o los de Teno», relata Nogales.

Paisaje Protegido de La Resbala.

Se encuentra en la ladera de La Florida y se extiende hasta las medianías de La Orotava, abarcando el barrio de Pino Alto, de 241 habitantes, que tuvo que ser evacuado el 17 de agosto debido a la cercanía de las llamas. Este paisaje protegido rodea la Reserva Natural Integral de Pinoleris. En este caso, como «no se quemó al completo», las zonas que puedan haber escapado de las llamas podrán servir como cuna de vida y repoblar el resto. Lo que más preocupa a los investigadores son las «especies de aves pequeñas», los llamados pájaros cantores. «Para estas especies es tremendo tenerse que mover a otros lugares, no saben dónde refugiarse ni dónde ir a comer», explica el investigador, que recuerda que durante el incendio se vio a muchas de ellas desorientadas.

Paisaje Protegido de las Siete Lomas.

Este paraje natural de 1.013 hectáreas rodea los municipios de Güímar, Candelaria y Arafo. En este sentido, la zona en la que el fuego ha conseguido entrar más es en la que delimita el municipio de Candelaria, donde el fuego consiguió llegar a la zona de interfaz. Aunque ha sido muy explotado por la agricultura, en su parte alta se extiende un espeso monte de laurisilva pero también predominan pinos y vinagreras. El pinzón azul ha sido el ave más afectada por el incendio en este enclave.

Paisaje Protegido de Las Lagunetas.

Esta zona que alberga tanto pinar como monteverde (laurisilva y fayal-brezal) se extiende a través de 3.800 hectáreas por los municipios de Candelaria, El Rosario, El Sauzal, La Matanza de Acentejo, La Victoria, Santa Úrsula y Tacoronte. De este enclave forma parte el emblemático Mirador de Chipeque, considerado uno de los mejores para observar el Teide y famoso por sus bonitos atardeceres. Se trata del paisaje «más natural» de la isla, por lo que su recuperación «no preocupa tanto». «Hay muchas islas sin quemar, lo que ayudará a repoblar el resto», destaca Nogales.

El Mirador de Chimague, en el Parque Natural de la Corona Forestal, ennegrece su paisaje después del paso de las llamas.