Un cesto de castaño en ocho pasos

Una unidad didáctica explica a los escolares de La Orotava cómo convertir un

castañero en una canasta tradicional con un método en peligro de extinción

El cestero orotavense Modesto González, hermano del también cestero Donato González, trabaja las varas de castaño junto a varios cestos.

El cestero orotavense Modesto González, hermano del también cestero Donato González, trabaja las varas de castaño junto a varios cestos. / A.C. PINOLERE

El Ayuntamiento de La Orotava, el Cabildo de Tenerife y Cultania promueven una unidad didáctica, elaborada por Yaiza González Hernández y Alba Gonto, donde se detallan algunos de los principales secretos y curiosidades de la actividad artesanal de la cestería de castaño en la Villa, que en la actualidad está en riesgo de desaparición por la falta de relevo generacional.

El área de Agricultura del Ayuntamiento de La Orotava, el Cabildo de Tenerife y la empresa Cultania son los promotores de la unidad didáctica Mil historias en un cesto. La cestería de castaño en La Orotava, escrita por Yaiza González Hernández e ilustrada por Alba Gonto, donde se detallan algunos de los principales secretos y curiosidades que permiten «convertir un castañero en un cesto». Esta actividad artesanal, ahora en riesgo de desaparición por la falta de relevo generacional, fue clave para barrios como Pinolere o La Florida, y esta publicación trata de concienciar a las nuevas generaciones del valor que tiene un proceso que requiere de «mucha calma y sabiduría». A continuación se detallan los ocho pasos claves para elaborar un cesto de castaño, tal y como se explicará en las aulas de las medianías villeras gracias a esta guía.

Mirar al cielo.

Yaiza González explica que «en invierno los cesteros observan el cielo y, cuando la luna está en la fase de cuarto menguante, acuden a las zonas de chuqueros dispuestos a cortar todas las varas que puedan conseguir». Los chuqueros o choqueras son, al menos en La Orotava, los castañeros podados de una forma especial para que de su tronco surjan «varas muy largas y derechas que crecen muy juntas sobre el mismo sistema de raíces». En esta publicación se recuerda que «el Valle de La Orotava estuvo repleto de castañeros con esta forma. Ocuparon las huertas menos fértiles, los bordes de los terrenos y los lomos, pero si existe una zona ideal para su cultivo, esa es la ladera de La Orotava», detalla González.

Corte y selección.

El cestero debe seleccionar sus ramas en los chuqueros y «a cada vara que talan le cortan las ramas secundarias y se quedan con el palo central, que es el mejor para hacer cestos».

Preparar el ‘jace’.

Una vez seleccionados y cortados los mejores palos, los cesteros de castaño «agrupan los palos o varas en varios montones y las atan formando un jace». Palabra canaria con la que se conoce popularmente a los haces de leña, que son en este caso un conjunto de palos, generalmente largos y estrechos, puestos unos sobre otros y atados por la zona central.

Traslado al hombro.

Lo habitual es que los cesteros y sus colaboradores se vieran obligados a «cargar al hombro cada uno de los pesados jaces hasta un lugar accesible para el camión que transportará la carga». La ubicación de los chuqueros impide habitualmente el acceso directo en vehículos.

Hasta el taller.

Debido a las dimensiones de los palos seleccionados por el cestero, lo habitual es que un camión terminara de trasladar las varas de madera hasta el taller de cestería, «donde serán almacenadas durante meses».

El remojo.

El cestero debe remojar las varas de madera «a medida que las va necesitando». Para lograrlo, «las introduce en una especie de estanque o tanquilla especial llena de agua. Ahí permanecen varias semanas». El objetivo es lograr que se ablanden para facilitar el trabajo con la madera.

El corte.

González explica que «cuando están más blanditas, las varas se rajan usando una herramienta de corte, como un podón o podona. Con ayuda de manos y pies, los cesteros obtienen varias tiras flexibles a partir de una vara».

La elaboración.

Con ese conjunto de tiras flexibles de madera de castañero, ablandadas con el agua, comienzan a elaborar el cesto. «Primero fabrican su fondo, luego las paredes y terminan la obra rematando el borde y las asas». La técnica que usan se conoce como «entretejido».