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Emigración | La rocambolesca historia de un isleño en Venezuela

El tinerfeño que resucitó 11 años después de ser dado por muerto

Ángel González, emigrante en Venezuela, recupera la fe de vida tras ser declarado fallecido por sentencia de un juzgado de La Palma

Ángel González y su hija Angélica, en una cafetería de Yaracuy, el estado de Venezuela en el que ambos comparten casa. eldia.es

El tinerfeño de 88 años Ángel González Acosta ha vuelto a la vida después de permanecer 11 años dado por muerto. «Aquí lo tengo, más vivo que nunca», aseguró ayer en conversación telefónica Angélica González, la hija que vive con él en Yaracuy, estado de Venezuela situado en la región centro-occidental del país. La rocambolesca historia de este emigrante nacido en La Laguna el 3 de octubre de 1933 comienza el 3 de noviembre de 2010 cuando el Juzgado de Primera Instancia número 2 de Los Llanos de Aridane (La Palma) lo da oficialmente por fallecido en una sentencia. El pasado miércoles por fin pudo actualizar su fe de vida, y volver con todos los derechos y deberes al planeta de los vivos, después de que una sentencia firme del 7 de septiembre de 2020 declarase que efectivamente no estaba muerto, adelantó el portal digital Canarios en el Mundo.

«No ha sido fácil para mi padre, ni lo sería para cualquiera, haber estado tantos años declarado oficialmente muerto por culpa de una hija que vive en La Palma, con todos los problemas que eso conlleva. Desconocemos a día de hoy las causas reales que llevaron a mi hermana a tomar esa nefasta decisión», detalla Angélica. Ángel González dejó a su mujer y a su primera hija, María, en La Palma cuando emigró a Venezuela en busca de una vida mejor en 1978. Se divorció en 1985. Luego se casó por segunda vez en Venezuela y tuvo a Angélica. Fue su primera hija la que inició el procedimiento para declararlo fallecido. María alegó que hacía 30 años no había tenido noticias de su padre. El expediente se incoa, se desarrolla la instrucción y se publican los correspondientes edictos en diferentes medios de comunicación y los boletines oficiales, sin que el Ministerio Fiscal se oponga a la declaración solicitada.

La jueza aseguró que se intentó localizar a Ángel González en Venezuela pero las gestiones, realizadas en 2010, «resultaron infructuosas». De tal manera que se aplicó el artículo 193 del Código Civil, que permite la declaración de fallecimiento de una persona transcurridos diez años desde las últimas noticias sobre su paradero o después de cinco años en caso de que hubiera cumplido los 75. Con este emigrante lagunero se cumplían ambas condiciones. La jueza incluso fijó en su sentencia la fecha oficial del fallecimiento: 1 de enero de 2008. La decisión no fue recurrida.

Ángel González y Francisco Trujillo, en Venezuela. E. D.

En 2017, nueve años después de fallecer, Ángel González se entera de que lo han dado por muerto. Había recibido por correo una partida de nacimiento con una nota al margen que apuntaba la fecha de su defunción. Sorprendidos, él y su hija Angélica pensaron que sería un error. Pero luego, tras varias averiguaciones, se enteraron de que todo tenía que ver con una sentencia judicial dictada en La Palma. Tras el arduo trabajo de investigación para resolver el problema, Angélica dice en broma haberse convertido en una experta en derecho civil. La ayuda que les brindaron la Embajada de España y la Delegación del Gobierno de Canarias en Caracas, capital de Venezuela, fue «clave», agradece. Desde el miércoles, una vez resuelta la fe de vida, Ángel González podrá acceder a los servicios para emigrantes que ofrecen los gobiernos español y canario.

Una de las autoridades canarias que participó en el proceso y se reunió en Venezuela con el mismo Ángel González es Francisco Trujillo, director general de Relaciones Exteriores del Gobierno de Canarias. Cuenta Trujillo que lo conoció en Venezuela en 2019, escuchó su historia y le brindó ayuda. «Me preocupé personalmente en este tema, me puse en contacto con sus abogados en Canarias y se inició el procedimiento para reabrir el caso. Hasta que una sentencia le devolvió la vida que otra le había quitado», detalla Trujillo, que concluye: «Cuando lo conocí me pareció una persona entrañable, aventurera, lúcida. Ha sido un placer poder ayudarlo».

Ángel González nació en La Laguna pero pasó su juventud en La Palma. El último domicilio conocido por su familia en la Isla Bonita es en la calle Enrique Mederos de Los Llanos de Aridane. Tras marcharse a Venezuela en 1978, rehizo su vida en el mundo de la agricultura, su especialidad. Se dedicó a la compra y venta de insumos agrícolas. Nunca se ha desvinculado de las tradiciones canarias. De hecho, le siguen encantando las rondallas y la lucha canaria, cuenta su hija, que no quiere que Ángel hable de su situación porque «bastante mal lo ha pasado y ya tiene 88 años». «Está fuerte y conserva una buena salud para la edad que tiene pero no quiero que se coja más disgustos», precisa su hija desde Yaracuy, para concluir: «Es un hombre trabajador que lucha por su familia. Nunca ha renegado de su tierra, sino todo lo contrario. Siempre está pendiente de lo que pasa en Canarias».

De hecho, Angélica asegura que está «muy apenado» por todo lo que está pasando en La Palma con la erupción del Tajogaite. «Es una pena todo lo que está ocurriendo con el volcán, la catástrofe que está provocando en una tierra que mi padre lleva en el corazón. Toda nuestra solidaridad con los palmeros», cuenta la hija de Ángel. Ahora, gracias al documento de la fe de vida, podrá completar el proceso para disfrutar de una merecida jubilación. Vivito y coleando.

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