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Investigación

Reabren el caso del crimen de Manuel Salgado, muerto de un tiro hace 17 años en Vigo

El garaje donde sucedió el crimen, en 2004. En el cuadro, Manuel Salgado.

Discurrían poco más de las ocho de la mañana del 2 de abril de 2004 cuando el vigués Manuel Salgado Fernández, exempleado de banca de 56 años, separado y con dos hijos, se dirigía a la asesoría en la que trabajaba en García Barbón. Para ello, estacionó el Seat Córdoba que conducía en su garaje de Rosalía de Castro, pero no logró salir de allí. Un individuo, solo o en compañía de otros, le disparó un tiró a bocajarro en la cabeza que terminó con su vida. Tras poco más de dos años de investigación –en la que se produjo el arresto de su exmujer y la entonces pareja de ella–, la Audiencia de Vigo archivaba provisionalmente el caso en 2006, quedando los dos investigados libres de cargos por falta de pruebas.

Diecisiete años después, este caso podría abandonar el archivo de expedientes sin resolver. Y es que el Juzgado de Instrucción 4 de Vigo ha decidido reabrir la causa para la práctica de diligencias que no se llegaron a realizar en su momento. Para preservar el devenir de la investigación, el titular del órgano instructor, el magistrado Juan Carlos Carballal, declaró el secreto de sumario.

Detrás de esta reapertura se encuentra también parte de la familia de Manuel Salgado, que luchan desde hace meses para que el procedimiento no prescriba. Para ello, han mantenido reuniones con la Policía Nacional para conocer el alcance que podrían tener la realización de nuevas pruebas o testificales. Se propusieron varias decenas. Esto se tradujo en una reunión entre miembros del grupo de Homicidios de la Comisaría de Madrid y de la de Vigo con el juez la semana pasada. Y en vista del resultado, ambas partes han visto posible que la práctica de nuevas diligencias pueda llegar a arrojar luz a uno de los crímenes sin resolver en la ciudad.

Su exmujer y la pareja de ésta fueron investigados pero se archivó contra ellos

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Al encontrarse las actuaciones bajo secreto sumarial, se desconoce cuáles serán las pruebas a practicar y, lo más importante, si éstas irán dirigidas hacia los únicos investigados hasta el momento en la causa: su exmujer, que fue directora de un colegio concertado de Mos, y el que era su pareja de entonces. Ambos fueron detenidos el día del crimen, pero puestos en libertad.

La jueza, en su auto de archivo, reconocía que aunque había indicios “altamente sospechosos como para vincular la muerte por arma de fuego de Manuel Salgado a la mala relación” de la víctima con su ex y la pareja de ella, como “seguimientos ordenados por ellos”, “causas” y “móviles”, “no existe una prueba objetiva de cargo que permita la formalización de la imputaciones respecto de los dos imputados”.

Primero, porque ambos facilitaron sendas coartadas para las horas en las que se produjo el crimen –entre las 08.15 y las 08.50– y segundo, porque ningún vestigio biológico de los hallados en la escena del crimen coincidía con ellos. ¿Qué se recogió del garaje donde falleció Manuel Salgado? La Policía halló dos casquillos del calibre 22, tres colillas (dos de la marca Ducados y más de Kruger), un chicle “mascado” y varias huellas de pisadas que no se correspondía con los investigados.

Que no se hubieran llevado nada de la víctima más allá de su móvil y las llaves del coche descartó la hipótesis de un asalto casual por parte de un ladrón. La Policía ratificó una clara “premeditación”. La pieza que confirmó la tesis de que el crimen había sido planificado, posiblemente por encargo, la dio un usuario del garaje en el que fue asesinado Salgado, quien halló una semana antes del crimen un cartucho que se reveló era también del calibre 22 y del mismo arma con el que mataron al vigués: habían intentado matarlo días antes.

Amenazas de muerte

Esto unido a las declaraciones de amigos y familiares refrendando que Manuel se sentía amenazado –“mi vida tiene fecha de caducidad, como un yogur”, habría asegurado Salgado a un allegado–, que estaba siendo “vigilado y seguido” y que vivía con “miedo”, inclinó las investigaciones hacia la persona con la que mantenía una mala relación, llegando incluso a cruzarse numerosas denuncias “por amenazas de muerte y distintos altercados”: su exmujer.

La relación con la entonces directora del colegio mosense era problemática, al igual que con sus hijos, tanto que en el momento del crimen, Salgado residía con su hermana y sus sobrinos –impulsores de la reapertura– en San Juan del Monte. Ellos mantuvieron desde el principio la lucha para que el crimen se resolviese, llegando en su día a poner carteles por Vigo ofreciendo recompensa a quien pudiese aportar “indicios” que permitiesen hacer justicia en este caso. 

Varias sentencias como posible móvil del crimen

Dos hechos fueron fundamentales para investigar a la exmujer y a su pareja: una sentencia de 2001 en la que la mujer fue condenada por escuchas telefónicas hechas por una agencia de detectives privados y un litigio civil resuelto por sentencia firme semanas antes del crimen, en el que era sentenciada a devolver a su exmarido unos cuantiosos bienes que había recibido mediante escritura notarial de compraventa.


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