El fin de la relación de Rosalía y Rauw Alejandro tiene explicación científica

Un estudio publicado por el profesor José A. Hinojosa en la plataforma ‘The Conversation’ ahonda en por qué muchas parejas rompen tras cuatro años

Foto de archivo de Rosalía y Rauw Alejandro

Foto de archivo de Rosalía y Rauw Alejandro / E. D.

El fin de la relación entre Rosalía y Rauw Alejandro ha sido la gran sorpresa del verano, generando desconcierto entre toda la legión de fans que ya se estaban preparando para oír campanas de boda. Un estudio publicado en la plataforma de divulgación científica The Conversation desarrollado por José Antonio Hinojosa Poveda, profesor del Departamento de Psicología Experimental, Procesos Cognitivos y Logopedia de la Universidad Complutense de Madrid, ahonda en las razones que llevan a muchas parejas a romper tras cuatro años de relación, y pone como ejemplo a la famosa pareja de cantantes, que se suma a otros casos sonados como el de Aitana Ocaña y Miguel Bernardeau que el año pasado, a punto de cumplir su cuarto aniversario, pusieron fin a su relación.

Para ponernos en contexto, el profesor Hinojosa se remonta a los albores de la civilización, citando como ejemplo una serie de episodios amorosos protagonizados por titanes y dioses que demuestran que el amor es el rey de las emociones humanas. «Legendaria es la pasión de París por Helena, que desencadenó una de las más memorables contiendas de la mitología. Y cuando los héroes que participaron en la guerra de Troya viajan de regreso a su patria, nos encontramos con un Ulises que se repone de las fatigas del trayecto solazándose en los brazos de Circe o Calipso, mientras una enamoradísima Penélope lo espera pacientemente en Ítaca. Sin olvidarnos de esa desconsolada Dido rindiendo Cartago a las llamas tras ser abandonadas por Eneas. Sin duda, el amor ha sido un tema recurrente en la filosofía, la literatura, la música o cualquier manifestación cultural durante siglos».

La teoría triangular sostiene tres fases en las relaciones: la pasión, la intimidad y el compromiso

Hinojosa define el amor, desde el ángulo de la Psicología, como el establecimiento de un vínculo con otra persona que genera bienestar, y se cocina con tres ingredientes fundamentales que sustentan la «teoría triangular»: pasión o atracción física, intimidad y compromiso.

«Esta teoría ha permitido identificar la existencia de varias etapas en el devenir de toda relación amorosa. Durante los primeros seis meses pasamos por una fase de enamoramiento mutuo en la que la atracción física juega un papel fundamental. Además, a la hora de elegir pareja nos sentimos especialmente atraídos por personas que complementan nuestras necesidades o carencias».

En esta etapa, indica el investigador, se valora la semejanza en aspectos tales como el atractivo físico, el estatus socioeconómico, la inteligencia o la personalidad. «Las investigaciones sobre el amor han mostrado que cuando nos enamoramos nos sentimos proclives a revelar aspectos íntimos de nosotros mismos y a proporcionar apoyo emocional. También mostramos interés por las opiniones y actividades preferidas de la otra persona y somos más tolerantes con sus defectos. Simultáneamente, se produce una especie de contagio emocional por el que experimentamos emociones similares y tendemos a imitar sus expresiones faciales».

Bergman y Bogart

En esta fase también menciona la importancia de la mirada para el enamoramiento. «¿Quién no se ha sentido embelesado al ver a Ingrid Bergman y Humphrey Bogart cruzar miradas en la famosa escena de la película Casablanca? Pues bien, parece que basta con que alguien desconocido nos mire fijamente a los ojos para que le encontremos más atractivo, especialmente cuando es un hombre quien se siente observado», explica el profesor de la Complutense en el artículo publicado en The Conversation.

Una vez establecidos los cimientos de una relación, la siguiente fase, según los estudios, dura en torno a tres años y medio, y en la misma predomina el componente pasional, al mismo tiempo que se incrementa el deseo de intimidad y de compromiso.

El enamoramiento lo marca el atractivo físico, el estatus, la inteligencia o la personalidad

«Durante las etapas de enamoramiento y consolidación de la pareja ocurren una serie de cambios a nivel cerebral. Los más importantes tienen que ver con la activación de varias regiones cerebrales del denominado circuito de recompensas, como el núcleo estriado o el núcleo accumbens. Además, gracias a la ayuda de uno de los pocos roedores monógamos, el topillo de la pradera, sabemos que se incrementa la liberación de las denominadas hormonas del amor, la oxitocina y la vasopresina», explica José A. Hinojosa.

A partir de los cuatro años de relación, el experto asegura que desciende la importancia de la sexualidad mientras que la necesidad de prolongar la relación a largo plazo y la complicidad mutua alcanzan sus niveles máximos. Es en esta etapa cuando también se eleva el riesgo de que se produzca una ruptura sentimental. «Hoy sabemos que el dolor asociado a este terrible acontecimiento incrementa la actividad en una región cerebral, la ínsula, que también se enciende cuando nos damos un golpe o nos quemamos una mano. Así que quizá sea conveniente sustituir la expresión me ha roto el corazón por la mucho más exacta y menos romántica me ha roto la ínsula».

Esta es la explicación científica a las rupturas amorosas a los cuatro años, aunque, como concluye el autor del artículo, «quizás Rosalía y Rauw Alejandro puedan contarnos algo más sobre esto».

Enamoramiento casto, la fidelidad o los hijos

En el artículo La ciencia del amor explica por qué muchas parejas rompen tras cuatro años de relación, publicado por el profesor de la Universidad Complutense, José Antonio Hinojosa, en la plataforma de divulgación científica The Conversation, se intenta arrojar luz sobre la emoción universal del amor, objeto de estudio en diversas disciplinas como la antropología, la psicología o la neurobiología. En esta ocasión, Hinojosa se decanta por el componente cultural reflejado en la manera en que se experimenta y se expresa el amor. «Esto ha hecho posible que en muchas sociedades la preeminencia del componente sexual se haya desplazado hacia conceptos caracterizados por una representación idealizada del amor en la que han predominado aspectos como el enamoramiento casto, la fidelidad o el cuidado de los hijos», indica el profesor del Departamento de Psicología Experimental, Procesos Cognitivos y Logopedia, y añade que la influencia cultural es también evidente en la aparición de estereotipos «como el amante latino apasionado o el gélido amante nórdico». | M. J. H.