Nuevos propósitos

Año nuevo, ¿nuevos propósitos?

Dos de cada tres personas nunca logran cumplir los cambios propuestos con la entrada del año. Psicólogos gallegos recomiendan marcarse metas realistas y motivadoras

Propósitos de Año Nuevo.

Propósitos de Año Nuevo.

Hacer más ejercicio, aprender inglés, perder peso, ahorrar, dejar de fumar, beber menos, cuidar las relaciones personales, dedicarnos más tiempo a nosotros mismos y tomarse las cosas con más calma son algunos de los nuevos –o no tanto– propósitos más comunes para el año nuevo. Sin embargo, aunque todas estas metas están cargadas de buenas intenciones y el individuo puede estar más que motivado para cumplirlas, lo cierto es que la mayoría son abandonadas poco tiempo después. De hecho, una encuesta realizada por OnePoll, agencia de investigación de mercado internacional especializada en información del consumidor y encuestas de opinión, dos de cada tres personas afirman que nunca han conseguido cumplir los nuevos propósitos. Establecer metas que en realidad no nos resultan motivadoras, el peso de la rutina, el ritmo de vida y el miedo al cambio son los principales motivos por lo que las buenas intenciones se frustran.

La mayoría de los mortales de más de 18 años se replantean pequeños o grandes objetivos a lo largo de su vida y más en estas fechas, y la mayoría también los deja para después. Las emociones nos abruman, las responsabilidades, la falta de tiempo, el cansancio, la pereza...”, explica la psicóloga Diana Rodríguez.

Los psicólogos sostienen que, aunque está muy bien ser ambicioso, es preferible marcarse objetivos realistas y concretos si lo que se quiere es alcanzarlos. “Un objetivo no debe ser ni general (cuidarme más) ni abstracto (ser feliz). Los objetivos los debemos de plantear de forma breve, concreta, realista y con temporización. También podemos marcar pequeños pasos hasta llegar al gran objetivo. Por ejemplo: mantener el orden en mi hogar: aspirar los lunes; poner la lavadora los sábados; hacer la cama a diario; fregar los platos después de las comidas... y revisar cada semana si se cumple o no. Si no se cumple, debemos preguntarnos por qué o para qué estamos procrastinando las tareas”, expone.

Para esta especialista, es fundamental ser coherente con uno mismo a la hora de plantearse los propósitos para el nuevo año. “Un buen ejercicio es escribir qué pienso/siento y qué necesito en mi casa, en mi trabajo, conmigo mismo... y a partir de ahí realizar una lluvia de ideas de acciones que posteriormente concretaremos en objetivos”, propone.

Según Rodríguez, la edad también influye a la hora de establecer los objetivos. Respecto a esto, explica que cuando se es adolescente, las metas enlazan con los sueños: ser el mejor jugador del Celta, ser un famoso instagramer, hacer un gran descubrimiento científico, inventar algo para que desaparezca el hambre en el mundo; mientras que en la edad adulta, los objetivos se vuelven más prácticos: dejar de fumar, mejorar el autocuidado físico y mental, gestionar mejor el tiempo, y en las personas mayores, las metas se vuelven más claras, prácticas y sencillas: pasar más tiempo con los seres queridos, recuperar la relación con aquella persona, aclarar aquel conflicto, vivir...

“Cambiar cosas cuesta y nuestro cerebro va a poner pegas a todo lo que conlleve un coste” -Daniel Novoa, psicólogo.

Según el psicólogo Daniel Novoa hay dos momentos que tienen un especial impacto respecto a establecer nuevas metas y objetivos. Uno es el inicio del año académico y otro la entrada del nuevo año. “Tendemos a utilizar estos hitos culturales como apoyo. Puede ser de ayuda utilizar este momento especial para proponernos un cambio. Toda ayuda debería ser bienvenida”, explica.

A la hora de marcar los propósitos, dar prioridad a la más importante es un buen comienzo. También visualizarnos con una vida que implique alcanzar el objetivo propuesto. Una de las causas del abandono de los propósitos es que estos no son realmente de uno mismo, sino de metas que todo el mundo se pone aunque no nos motiven. Un ejemplo claro es cuando decidimos apuntarnos al gimnasio porque los demás lo hacen, pero en realidad esa actividad no nos resulta lo suficientemente interesante.

Si la disponibilidad es real, los psicólogos recomiendan elaborar una hoja de ruta que permita poder anticiparse a posibles problemas que dificulten o impidan alcanzar las metas marcadas. Respecto a esto, Novoa reconoce que, aunque la disponibilidad sea buena, la tarea no siempre resulta sencilla.

“Cambiar cosas cuesta y nuestro cerebro va a poner pegas a todo lo que conlleve un coste. ¿Qué motivos nos frena? Según la meta, los frenos son diferentes, pero grosso modo, a nuestro cerebro le encanta lo conocido, la zona de confort, tener el gasto energético cubierto y no cambiar lo que se supone que funciona, aunque sea de manera insana o poco eficiente”, comenta.

En su opinión, es mejor no marcarse metas si desde el principio se sabe que no se van a conseguir que hacerlo. “Tener un plan, una hoja de ruta, con los diferentes problemas y posibles soluciones, ayuda. Compartir los objetivos con otras personas ayuda a comprometerte, y tener una o varias gratificaciones también puede ayudar”, expone.

“Debemos plantear los objetivos de una forma breve, concreta, realista y con temporización” -Diana Rodríguez, psicóloga.

Según este psicólogo, procrastinar es una característica humana, por lo que no resulta extraño que muchos propósitos marcados con la entrada del nuevo año queden relegados a un segundo plano o directamente obligados, aunque en esto también influye la personalidad de cada cual. “Las personas menos neuróticas suelen tener la capacidad de ser más racionales, por lo que la planificación puede funcionar de manera más eficaz en sus vidas. Las personas más artísticas, creativas e improvisadas suelen vivir mejor en la espontaneidad que en la planificación”, comenta.

Diana Rodríguez no ve un ejercicio necesario establecer nuevos propósitos con los niños. “Lo suyo es el descubrimiento, el juego, el encontrarse poco a poco a sí mismos. Pero unos progenitores con ambición positiva, motivación, logros, autorrealización, inteligencia emocional y ejecutiva serán progenitores felices que tendrán seguramente un gran amor propio y sabrán amar y guiar a sus hijos”, comenta.

En este sentido, Daniel Novoa señala que marcarse metas es interesante para todos y que la clave está en cuáles son estos objetivos, si motivan por sí solos y qué grado de voluntad requieren. “Respecto a los niños, hay que entender que su autocontrol y su capacidad de postergar la recompensa no son los mismos que en un adulto, por lo que la consecuencia inmediata y el cortoplacismo es mucho más relevante”, puntualiza.