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Biodiversidad

Las lechuzas cambian sus genes para adaptarse a Canarias

En Lanzarote y Fuerteventura existe ya una subespecie | Las aves de Tenerife refuerzan su genética a la alta montaña

Una lechuza canaria oriental se posa en una roca con actitud vigilante en medio de la noche Domingo Trujillo

Las lechuzas (Tyto alba) que volaron hace miles de años desde el continente africano para asentarse en Canarias han evolucionado en un relativo corto espacio de tiempo para adaptarse al clima y orografía de las Islas. Así lo han descrito un grupo de investigadores internacionales, entre los que se encuentra un miembro del Grupo de Ornitología e Historia Natural de Canarias (Gohnic), que por primera vez han realizado un análisis genético de las lechuzas que viven en Lanzarote, Fuerteventura y Tenerife, comprobando que son muy diferentes de las que viven en el resto de España, Portugal o Marruecos. En el caso de las islas orientales, la diferencia genética es tal, que cabe considerarlas como una subespecie única, la Tyto alba gracilirostris, conocida también como lechuza canaria oriental. 

«En Canarias hay lechuzas en todas las islas, pero desde hace algo más de un siglo se considera que las que anidan en las islas orientales constituyen una subespecie exclusiva», explica el ornitólogo de Gohnic, Felipe Siverio, también firmante de este estudio. Sin embargo, hasta ahora las únicas pruebas que sustentaban esa teoría eran morfológicas. En otras palabras, se basaban en las características físicas de las lechuzas orientales perceptibles a simple vista. 

Y es que las aves que se encontraron en Lanzarote y Fuerteventura –y los islotes de Lobos, Alegranza, Montaña Clara y La Graciosa– son más pequeñas, tienen un pico mucho más delgado y muestran un plumaje dorsal más oscuro, una peculiaridad que, pese a la gran variabilidad, contrasta con el color pálido que suelen mostrar el resto de sus parientes canarias, africanas y europeas.

Este estudio ,publicado en la prestigiosa revista Heredity (del grupo Nature), corrobora, por primera vez, la existencia de ese linaje único con un exhaustivo análisis genético. «Hemos comprobado que existen diferencias suficientes en el ADN entre las lechuzas de la península ibérica-norte de África y la de las islas orientales como para considerar a esta última una buena subespecie», explica Siverio.

Con este análisis han podido dar cuenta de cómo la selección natural había estimulado de los genes relacionados tanto con las proporciones del cuerpo como con la presión sanguínea. Han sido estos cambios genéticos, adquiridos a través de una rápida selección natural, los que han permitido al ave rapaz nocturna sobrevivir en un «clima árido y caluroso», en el que además encuentra pocos lugares propicios para criar.  

El análisis genético demuestra el rápido impacto de la selección natural en las islas orientales

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La existencia de esta subespecie «sorprende» incluso a los científicos pese a que la teoría lleva años considerándose acertada. Para los investigadores es inaudito comprobar que existe esta subespeciación en unas islas orientales ubicadas en un «sándwich» entre las islas occidentales y el continente africano, «donde se encuentra bastante repartida la especie nominal por el norte». «Esto puede sugerir –según resaltan los científicos– que las condiciones locales han acelerado la divergencia genética en comparación con aquellas que se encuentran en las islas más occidentales».

Y es que, aunque la lechuza que sobrevuela la noche cerrada en Lanzarote y Fuerteventura en busca de ricos ratones es ya bastante diferente a la continental, la que habita en el resto de islas podría no quedarse atrás. Los investigadores han comprobado que las alteraciones genéticas se repiten también en al menos los individuos que anidan en Tenerife. En ellos han visto ciertos cambios que, si bien no permiten de momento describirla como una nueva subespecie, son fruto de una adaptación al medio. En el caso de la isla de Tenerife, las lechuzas han mejorado los genes vinculados con la hipoxia, es decir, aquellos que les permiten sobrevivir en ambientes con poco oxígeno, como son las zonas medias y altas de la isla.

«La potenciación de esta característica tiene un vínculo directo con su hábitat, dado que se encuentra en una isla relativamente pequeña con un gradiente altitudinal marcado», resaltan los investigadores en el artículo. Los resultados del estudio ponen de relieve que las lechuzas tienen un alto potencial de adaptación rápido al medio que colonizan. Por esta razón, es posible que, en pocos años, también las que se encuentran en la provincia occidental verán que su acervo genético las continúa separando de sus primas continentales. No obstante, y dado estos resultados los investigadores ya están pensando en ampliar el estudio al resto de islas para comprobar si también existen diferencias notables en los genes de estas aves.

Sin embargo, hay un riesgo de que la subespecie canaria desaparezca si no se toman las medidas de conservación adecuadas. Tyto alba gracilirostris fue descrita por la ciencia a comienzos del siglo XX y aunque los censos realizados desde entonces son escasos «dejan entrever la precaria situación en la que se encuentra», como explica Siverio.En Lanzarote, por ejemplo, han pasado de registrar entre 125 y 175 parejas durante la década de 1980 a unas 78 o 57 entre los años 2011 y 2016. De ahí que esta subespecie se haya catalogado como «vulnerable» en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas. 

 Las principales amenazas detectadas sobre esta lechuza canaria son achacables a la acción humana. El ave sufre el auge de las actividades recreativo-deportivas que se desarrollan en zonas concretas ya perjudicadas por la reducida superficie de nidificación; al aumento de la red viaria, que deriva en un incremento del riesgo de colisiones; incidentes con tendidos eléctricos; el uso de rodenticidas anticoagulantes; o la mezcla genética por el escape de lechuzas exóticas tras su tenencia en cautividad.

Con esta catalogación, la Ley de Patrimonio Natural obliga a la administración a tomar medidas para protegerla y favorecer su cría durante los próximos cinco años. La Consejería de Transición Ecológica del Gobierno de Canarias ya ha encargado el Plan para recuperar la población de esta especie y ya destinó cerca de 15.500 euros para la realización una campaña de sensibilización en la que participaron colectivos que practican actividades de ocio y tiempo libre. 

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