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Las lavadoras canarias distribuyen los microplásticos que contaminan las Islas

Cuatro playas de las Islas son consideradas puntos ‘negros’ de llegada de estos materiales | Estas trazas de plástico están presentes en el mar, el suelo y el aire

Los microplásticos llegan a la costa de Famara (Lanzarote) cargados con hasta 81 contaminantes

Canarias está rodeada de microplásticos y se podría decir que el origen principal de este contaminante en las Islas está en las lavadoras. Al lavar la ropa, las pequeñas microfibras de la que está compuesta –distintos tipos de celulosa, naturales como el algodón o sintéticas como el poliéster o el nylon– se cuelan por los conductos de aguas residuales y llegan casi sin filtros al mar.

En el fondo del océano que rodea a las Islas, a entre 5 y 7 metros de profundidad, los científicos han encontrado concentraciones «muy altas» de microplásticos. Para su sorpresa, no son elementos diminutos fruto de la progresiva descomposición, sino microfibras de uno o dos milímetros. Es decir, lo suficientemente grandes para encontrarlas si se observa detenidamente. El 80% eran fibras celulósicas que provenían de tejidos como el algodón, el lino o la viscosa, y aunque ha sido imposible diferenciar si son sintéticas o naturales, sus colores dan una pista sobre su carácter antropogénico. 

Estos resultados ponen de relieve que la mayoría de microplásticos en las Islas proceden del lavado de la ropa. Para reducir la presencia de este contaminante, algunos países buscan alternativas con los propios fabricantes. La solución se basa en la creación de filtros que impidan que esas microfibras alcancen siquiera el sumidero. Sin embargo, esta solución «es costosa» y requiere un mantenimiento continuo, por lo que aún son muchos los reticentes a llevarla a cabo. 

En cómo afectan estos contaminantes en el océano influye la dirección del viento y el oleaje

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Pero si algo pone de relieve estos resultados, es la imperiosa necesidad de Canarias de depurar las aguas que llegan al mar. Europa ya ha tirado de las orejas al Gobierno de Canarias varias veces por este motivo. En Tenerife hay 209 puntos de vertidos al mar, de los cuáles 136 no están autorizados. En Gran Canaria son 148, de los que 100 son ilegales. A esto se une que en la mayoría de Islas se ha desestimado la inversión en estas infraestructuras, por lo que las plantas de tratamiento, que podrían ser aliadas en la lucha contra los plásticos, escasean. 

«Una estación depuradora, dependiendo de la tecnología, puede llegar a eliminar entre el 70 y el 99% de los microplásticos que contienen las aguas residuales», destaca el químico de la Universidad de La Laguna (ULL), Javier Hernández Borges. Aunque el Gobierno de Canarias está trabajando en este sentido para dotar a todas las islas de recursos suficientes para conseguir que la reutilización de aguas depuradas sea una realidad, por el momento «liberamos tal cantidad de aguas residuales que el impacto en nuestros ecosistemas es enorme». 

Y es que incluso a las aguas depuradas a día de hoy en las Islas les cuesta deshacerse de la presencia de estas diminutas trazas. Un estudio realizado por el grupo de investigación de Química Analítica Aplicada de la ULL, halló presencia de microplásticos en los suelos que se habían regado con agua regenerada en unos cultivos de Fuerteventura. «Tenían el mismo patrón que encontramos en el océano; una alta concentración de fibras celulósicas blancas y azules, además de muchas otras 100% sintéticas», resalta Hernández. Esto supone que la contaminación llegaba desde el mismo lugar: las miles de lavadoras de las que dispone Canarias. 

La pandemia de los plásticos

Estos resultados constatan lo que algunos científicos ya temían, y es que la contaminación por microplásticos afecta a todos los ámbitos. Pese a que las playas han abanderado durante décadas la lucha contra los plásticos, en los últimos años los científicos se han dado cuenta de que estos contaminantes distan de ser un problema único del océano. Los microplásticos están presentes en los suelos nevados de El Teide y son capaces de hacerse tan diminutos que pueden llegar a volar y mantenerse a flote en ciudades como la de Santa Cruz. Así, con solo respirar, estos microplásticos son capaces de aparecer en las heces, la sangre, los pulmones y hasta en las placentas de la población. 

Por esta razón, los investigadores en Canarias se han interesado en cómo estas pequeñas trazas de plásticos se han colado en todos los ámbitos de nuestras vidas, con el objetivo de obtener «una visión global del problema». Lo que han hallado es que en el mar su distribución es desigual. «De momento, hay solo cuatro playas en las Islas que suponen puntos negros de llegada de grandes microplásticos» y todas ellas se encuentran «en una orientación norte o noreste», como resume el químico. En este listado se encuentran Famara (Lanzarote), la Playa del Ámbar (La Graciosa), Playa Grande (Tenerife) y Arenas Blancas (El Hierro). «En ellas hemos visto que se repite, además, un patrón que vemos en el resto de la Macaronesia», resalta Hernández, que explica que a estas playas siempre llegan los mismos microplásticos: fragmentos (trozos con bordes afilados) y pellets (materia prima que se usa en su fabricación).  

Los microplásticos están presentes en el suelo nevado de El Teide y en el aire de Santa Cruz

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En la distribución de estos contaminantes influye la dirección del viento y el oleaje. Estos fenómenos naturales son, a su vez, los causantes de que la distribución de los microplásticos sea desigual en los sedimentos marinos del océano que rodea a las Islas. En La Palma, de hecho, pese a que la mayoría de emisarios se encuentran en la cara este de la isla, la concentración de microplásticos es más alta en la cara oeste. «Esto tiene que ver con a dinámica oceánica, en particular, con la formación de ciertas estructuras –como remolinos– que se encuentran alrededor de la isla y que modifican la distribución esperable», insiste el químico. También se cuelan en el organismo de pequeños animales y tienen un poder degenerativo. Algunos estudios realizados en peces muestran que la presencia de microplásticos está relacionada con problemas de crecimiento y estrés oxidativo. Los erizos que habitan en Canarias (como el Diadema africanum) tampoco se libran de los microplásticos que ya se encuentran en sus intestinos y gónadas. Esto último podría estar provocando «problemas de crecimiento y desarrollo», resalta Hernández. 

Aunque los potenciales riesgos de los microplásticos para la salud humana son prácticamente desconocidos, los investigadores tienen claro que «algo que no debería estar ahí», no puede tener unas consecuencias positivas en la salud. Además, los científicos sufren un hándicap adicional en estos momentos, y es que los actuales análisis posiblemente están subestimando la exposición real de microplásticos, porque son incapaces de detectar en su totalidad las partículas más pequeñas –nanoplásticos– que son las que podrían tener un papel más relevante en cuanto a su toxicidad.  

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