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Los mejores menguantes para la madera: la tradición que da trabajo al monte en Asturias

Asturias se aferra a la confianza popular en que las talas más beneficiosas se hacen los días posteriores a la luna llena de enero y la de febrero

La luna en menguante, el pasado lunes. / ÁNGEL GONZÁLEZ

En los montes de Asturias hay en esta época más actividad que en muchas otras. Y tiene que ver con la luna. Porque la tradición manda y en los entornos rurales e incluso entre la mayoría de los profesionales de la tala y la carpintería asturiana está casi intacta la confianza de que los menguantes de enero y febrero son los mejores para obtener la madera más duradera. La más resistente para las construcciones, la que menos “abrirá” con el paso del tiempo y el secado, la que menos sufrirá la polilla y cualquier hongo. Algún maestro horrero llega al punto de ponerle reparos severos a utilizar ninguna madera nueva de castaño o roble si no ha sido cortada en esta fecha concreta.

En los montes de Asturias hay en esta época más actividad que en muchas otras. Y tiene que ver con la luna. Porque la tradición manda

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“Sí que se tiene en cuenta”, ratifica Joaquín Grana, carpintero de Cornellana de amplia experiencia. “Otra cosa es que la actividad del maderista le permita llevarlo más a rajatabla o menos. Pero es fiable al cien por ciento y hay sierras que conservan esa tradición. Y a mí, a la hora de trabajar luego las piezas, me dará más confianza si sé que estoy manejando esa madera cortada en menguante”, asegura.

“Es leyenda y es realidad; y todos lo sabemos”, apunta por su parte Santiago Somoano, de Maderas Santi, en Amieva. Pese a que lo suyo también es trabajar la madera y no talar los árboles, Somoano asegura que “corto todos los años algún ejemplar para mí y lo hago en estas fechas”. En general se asocian las bondades “a los menguantes de los meses con ‘r’, pero especialmente a los días de enero y febrero”, añade. Y con un apunte fundamental: “lo importante es que el árbol quede talado ahora; y luego ya veré cuándo me viene bien sacarlo del monte”, dice.

“La posición de la luna es notable (...) y la fase menguante es importante para la duración de la madera cortada, permanece más tiempo en obra y está menos sujeta a la pudrición”, dice un manual francés del siglo XIX

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Las razones a tanta confianza ya vienen apuntadas en tratados europeos de agricultura de hace siglos y no difieren mucho de unos países a otros. Otra cosa es que la ciencia no haya correspondido con certezas a tantas expectativas como marca la tradición.

“La posición de la luna es notable (...) y la fase menguante es importante para la duración de la madera cortada, permanece más tiempo en obra y está menos sujeta a la pudrición”, dice un manual francés del siglo XIX. “La savia en estos momentos está muy baja; en la raíz y eso es lo óptimo”, añaden los expertos como clave para que resulten piezas más duras, estables y duraderas.

Una madera de castaño en una sierra. / Ángel González

Una de las “biblias” divulgativas del sector editadas en los últimos años y convertido en bestseller, “El libro de la madera” del noruego Lars Mytting, reseña esa importancia de la fase lunar como práctica muy arraigada en toda Europa y con “una regla que es asombrosamente inequívoca: conviene cortar los árboles en los días siguientes a la luna llena. Se decía que eso aceleraba el proceso de secado y que la leña absorbería menos humedad del aire una vez que llegara el otoño”. Mytting, en todo caso, abre el abanico y reconoce que eso de que los árboles puedan tener ciclos lunares no tiene la verificación para convertirlo en ley.

“Los experimentos demuestran -expone- que para el resultado final la importancia no es tal; los cambios en la madera son tan mínimos que prácticamente carecen de efecto”. Aunque le deja un margen para que pudieran resultar solo relevante en madera usada para instrumentos musicales.

“Es importante tener en cuenta el menguante hasta para la leña”, asegura José Menéndez, tercera generación de maderistas de Cangas del Narcea, “porque la leña cortada en creciente pudre antes porque le entran más hongos

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Pero en Asturias la creencia va por otros lados. “Es importante tener en cuenta el menguante hasta para la leña”, asegura José Menéndez, tercera generación de maderistas de Cangas del Narcea, “porque la leña cortada en creciente pudre antes porque le entran más hongos; esa madera está más abierta y más expuesta”, insiste. Asegura Menéndez que de sus décadas de trabajo le queda un poso de experiencia que nadie le puede negar: “si veo una rolla es fácil que pueda saber si está cortada en menguante o en creciente, aunque hay crecientes más fuertes unos que otras”. La misma experiencia que le dice que en una madera noble como el castaño, si se corta después de la luna llena “va a rajar menos; va a sufrir menos variaciones que si se corta en otra fecha y en el caso de las maderas blandas o el nogal, también apolilla mucho menos”. Menéndez avisa de que para él “va a ser mejor el menguante de febrero. Hace ya varios años que los árboles tienen en enero más savia que en febrero o marzo, es como si se retrasasen los ciclos”.

“Son coses que tradicionalmente siempre se dixeron y los de la aldea procuramos seguir con la tradición; yo el menguante llévolu po’l libru, lo mismo para cortar vares pa los paxos que pa sembrar. Si siempre se fizo así, por algo será”, zanja el gijonés Xosé María García, recién acabada la faena de “cortar vares pa los cestos”.

La Luna y sus poderes

Por Alberto Fernández Soto 

(Instituto de Física de Cantabria, CSIC-Universidad de Cantabria)

La Luna ha inspirado a poetas y a amantes a lo largo de la historia de la humanidad. Provoca, en colaboración con el Sol, intensas mareas en todos los océanos de nuestro planeta. Pero no hay absolutamente ninguna prueba de que la fase lunar afecte a las plantas, influya en nuestra salud, anime al nacimiento de los bebés o pueda indicarnos cuándo debemos cortarnos el pelo o las uñas. Como tantas veces ocurre, estas creencias ayudan a algunas personas que buscan una conexión más íntima con el Universo. Yo, por mi parte, me conformo con disfrutar de la belleza de contemplarlo.

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