01 de septiembre de 2020
01.09.2020
Crisis del coronavirus

Una fiesta con final amargo

Un cumpleaños multitudinario celebrado en Gran Canaria concluye con seis contagios de Covid-19 por incumplir las medidas de seguridad

01.09.2020 | 09:14

Un grupo de 22 amigos se desplazó el pasado 15 de agosto hasta el Sur de Gran Canaria para celebrar un cumpleaños en una piscina privada situada en Puerto Rico. En el espacio, la pandilla -integrada por personas de entre 24 y 39 años- incumplió las medidas de seguridad y la fiesta concluyó con seis contagios de Covid-19 en el grupo. Cuatro de los afectados ya han conseguido liberarse de la infección, y los dos restantes se recuperan en sus domicilios.

Un día de sol, piscina y diversión se convirtió en una experiencia que David Hernández -que ha querido hacer uso de un apellido ficticio- preferiría borrar de su vida, al haber resultado determinante para contraer la infección por Covid-19. En concreto, fue el sábado 15 de agosto cuando este dependiente de 37 años se trasladó hasta el Sur de Gran Canaria, junto con 21 personas, con el propósito de celebrar el cumpleaños de una amiga. No obstante, la gran sorpresa fue el diagnóstico positivo en la enfermedad de seis de los integrantes de este grupo, que cometió graves imprudencias durante la jornada.

"Fuimos a pasar el día a una piscina privada de Puerto de Rico y en las camas balinesas que hay en el espacio estábamos separados en grupos de tres. Es cierto que al principio respetamos las medidas de seguridad y utilizamos mascarillas, pero por la tarde se celebró un concierto y perdimos el control. Había barra libre, la piscina empezó a llenarse de gente y se integraron desconocidos con algunos amigos", confiesa Hernández, quien tras haber permanecido asintomático en todo momento, recibió el alta el pasado domingo.

Cabe resaltar que la intención de la pandilla -cuyos miembros tienen entre 24 y 39 años- era pasar todo el fin de semana fuera de casa. Para eso, alquilaron una villa y dos apartamentos. "La noche del sábado, estuve en una villa con otras nueve personas. El resto se dividió en dos apartamentos, pero algunos amigos llegaron a intercambiarse incluso de uno a otro. Hasta ese momento, todo iba bien y nadie se encontraba mal", resalta el paciente grancanario. Sin embargo, la situación dio un giro radical al día siguiente, cuando uno de los componentes del grupo se despertó con fiebre, malestar e intensos golpes de tos. "El afectado no estaba conmigo, pero nos llamó por teléfono para contarnos lo que le estaba sucediendo. Enseguida, cogimos nuestras cosas y nos fuimos para casa, porque sospechábamos que podría tratarse de un caso de Covid", detalla.

Notificación

Ese mismo día, decidió llamar al Teléfono de Información sobre el Coronavirus -900 112 061- para exponer que había estado en contacto con una persona que anotaba síntomas vinculados a la patología. "Me dijeron que debía permanecer 14 días en cuarentena y que no era necesario hacerme la prueba PCR por estar asintomático", recuerda Hernández. "Fue el 18 de agosto cuando supe que mi amigo había dado positivo y que otros cuatro se encontraban mal", prosigue, "por lo que, al día siguiente, decidí hacerme un test serológico por mi cuenta, que me permitió conocer que también padecía la enfermedad". Una determinación que también tomaron las otras 18 personas a las que también se les "denegó" la prueba.

Posteriormente, el 28 de agosto, el diagnóstico fue confirmado a través de una PCR, que se le practicó tras volver a contactar con la misma línea telefónica para informar sobre el resultado de la serología. "Afortunadamente, los seis afectados por el virus hemos podido pasar la enfermedad en casa. Cuatro de nosotros ya nos hemos liberado de ella, pero yo he sido el único asintomático. A pesar de todo, reconozco que hemos cometido un acto muy irresponsable", lamenta.

A su juicio, es precisamente la "confianza" que se puede tener en las personas más cercanas lo que puede actuar como un peligroso vehículo de contagio. "Hay que tener muy claro que cualquiera puede ser portador. En nuestro caso, el hecho de que una persona del grupo empezara a presentar síntomas permitió tomar decisiones rápidas y que los sanitarios pudieran conocer a tiempo los lugares por los que nos habíamos movido. De lo contrario, hubiéramos puesto en peligro la vida de mucha gente porque hubiéramos seguido nuestro día a día con total normalidad", enfatiza Hernández. Para después agregar que, "el mayor miedo que me producía esta enfermedad pasaba por desconocer que la padecía y contagiar a un paciente de riesgo".

Lo cierto es que en el transcurso de estas dos últimas semanas ha tenido mucho tiempo para realizar una profunda reflexión sobre los sucesos acontecidos. "Es evidente que los casos van a seguir aumentando si no existe conciencia social. Si pudiera retroceder, no acudiría a un cumpleaños tan multitudinario porque la situación que estamos viviendo es muy preocupante. Por una fiesta, he tenido que ausentarme al trabajo y, mi novia, que es la persona con quien convivo, ha tenido que ocuparse de todas las tareas porque no podíamos compartir el mismo espacio", relata el afectado.

Asimismo, a pesar de creer que es "la responsabilidad individual" la principal arma para luchar contra esta pandemia global, Hernández considera que también es "fundamental" mejorar las medidas de control en algunos centros de ocio. "Me sorprendió que en esa piscina privada no nos pidieran ningún tipo de identificación. Solemos pensar que nunca van a pasar estas cosas, pero es obvio que todos estamos expuestos y que ningún lugar está exento", afirma con contundencia.

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