Las Sociedades de Socorros Mutuos, autorizadas por Real Orden de 28 de febrero de 1839, eran entidades sin ánimo de lucro en la que sus socios contribuían a su financiación aportando una cuota periódica a cambio de recibir cobertura médica, farmacéutica, jubilación, inutilidad, sepelio, y educación de sus hijos.

La Sociedad de Socorros Mutuos “La Benéfica” fue fundada en Santa Cruz de Tenerife el 19 de agosto de 1882, con el fin de prestar a sus asociados asistencia médica, una escuela nocturna para su alfabetización, y una academia de música para poder pertenecer a la banda de la Sociedad.

Llegó a tener 5.000 asociados que pagaban una peseta de cuota mensual. Su primer presidente fue Lorenzo Filpes y Armas, siendo sustituido en 1897 por Esteban Briganty Ballarta, quién regiría la Sociedad hasta 1917.

El primer local social estuvo en la calle la Caleta nº 7, actual tramo inicial de la calle General Gutiérrez, hasta que en octubre de 1888 compraron un solar en la calle Ruiz de Padrón nº 13, donde construirían el edificio donde instalarían sus dependencias.

Los planos fueron levantados por el arquitecto municipal Antonio Pintor y Ocete, siendo aprobados en la Junta General celebrada el 10 de julio de 1892. Al no contar con recursos propios para terminar la obra, Juan Antonio Pallés, vicepresidente de la Sociedad, anticiparía el dinero necesario sin cobrar réditos, ni aceptar garantía de ninguna clase.

La inauguración del nuevo edificio tendría lugar el 1 de julio de 1894, y contó con la presencia del alcalde, Sr. Mandillo. Para solemnizar el acto la banda de música de la Sociedad interpretó alegres canciones y se repartió pan a los pobres.

El edificio se desarrollaba en torno a un patio central claustrado. La planta baja cumplía con las funciones sanitarias (clínica, botica, laboratorio, etc.), mientras que en la planta alta se encontraban las aulas, el salón de actos y la sala de música. El citado salón de actos lo solían alquilar a distintas agrupaciones, gremios o sociedades de Santa Cruz de Tenerife para que allí pudieran celebrar juntas, reuniones y asambleas. En la crujía trasera del edificio existía un pequeño jardín que servía de esparcimiento para los socios.

En la actualidad el edificio, situado en la calle Ruiz de Padrón nº 10, es utilizado por la Tesorería General de la Seguridad Social.

Asistencia médica

Antes de inaugurarse el citado edificio, los asociados recibían la asistencia médica en las consultas particulares de Darío Cullen Sánchez, con domicilio en la calle de la Luz nº 44, hoy Imeldo Serís, y Luis Dugour Ruz, domiciliado en la Plaza del Teatro nº 5, hoy Plaza Isla de la Madera.

A partir del 1 de marzo de 1902, al inaugurarse en el local de la Sociedad una clínica dotada del instrumental médico más moderno, traído de Alemania, los citados facultativos pasaban consulta entre las 12 y las 15 horas, ayudados por los practicantes, José Arado Canal, y Manuel Martín Fragoso. Su director era Luis Dugour Ruz.

La asistencia a domicilio de los socios, estaba a cargo de los médicos José Naveiras Zamorano y Domingo Arozarena Reyes, quienes también atendían a los afiliados en sus clínicas particulares.

Las recetas prescritas por los doctores se despachaban en las mejores farmacias de la ciudad.

Durante la epidemia de peste, ocurrida a finales de 1906, la Junta Directiva de “La Benéfica” hizo saber a sus asociados la obligación que tenían de desinfectar debidamente sus domicilios, al tiempo que cerraban su escuela, adelantando las vacaciones de Navidad.

Beneficencia

Cuando un mutualista enfermaba, en calidad de socorro diario recibía 2 pesetas, si era hombre, y 1,25 peseta si era mujer.

Para los socios que resultaban inútiles para el trabajo, se estableció un sistema de pensiones vitalicias, de una peseta diaria. En 1896 le fue concedida una pensión vitalicia de una peseta diaria a los que participaron en la guerra de Cuba y habían quedado inútiles para el trabajo.

En caso de fallecimiento se le sufragaban todos los gastos del entierro. Para el servicio mortuorio de sus asociados poseía tres lujosos coches fúnebres que eran tirados por dos caballos en paralelo, además de un coche de color blanco para los niños y niñas.

Aparte de dar este servicio a los mutualistas, también los alquilaban a los que se lo solicitaba, llegando a convertirse en una fuente de ingresos para la Sociedad.

Instrucción

La Sociedad se ocupaba de la instrucción de sus asociados y familiares en las aulas instaladas en las habitaciones espaciosas, bien ventiladas y con mucha luz que se encontraban en la parte superior, donde distinguidos profesores impartían clases de primera enseñanza a más de 200 alumnos.

También existía una academia de dibujo lineal, aplicado a las artes y oficios, cuyo profesor era el conocido artista D. Manuel López, así como una academia de música, donde ensayaba la Banda de la Sociedad y se formaban los futuros profesores.

En 1886 establecerían una escuela nocturna para mujeres, en la casa-colegio para señoritas que tenía la ilustrada profesora doña Prudencia Martín, en la calle San José, nº 31. También poseían una extensa biblioteca, en la que figuraban más de tres mil volúmenes.

(*) Cronista Oficial de la Ciudad