12 de julio de 2020
12.07.2020
Crónica

Virgen del Carmen, patrona de la gente de la mar

11.07.2020 | 23:51
Procesión de la Virgen del Carmen por las calles de Santa Cruz de Tenerife.

Los marinos tinerfeños eligieron una Virgen para que les guiase a llegar a buen puerto, y por eso la colocaron en la parte alta de la Isla; según Álvarez Rizo (Puerto de La Cruz 1796-1883), el sábado de Naval de cada año muchos hombres y mujeres acudían a la romería que se celebraba en La Esperanza, donde este pueblo campesino le expresaba a la Virgen su vocación cantándole la Salve, con un tono semejante al que usaban los marineros canarios cuando levaban anclas.

Sin embargo, Juan Primo de la Guerra (San Cristóbal de La Laguna 1775-1819) ubica a la primera imagen de la Virgen del Carmen en la ermita santacrucera de San Telmo, donde se le veneraba junto a pequeños cuadros que representan tormentas y embarcaciones en peligro, procedentes de exvotos que los navegantes han ofrecido.

Por tanto, la devoción a Nuestra Señora del Carmen es propia de los hombres y mujeres de tierra adentro y de la mar, pues todos somos marineros a la hora de capear tempestades, sortear escollos y huir de los enemigos; sin embargo, son los hombres y mujeres de la mar la que la utilizan como abogada suya, pues la invocan para pedir protección, confianza y seguridad ante las dificultades. Cuando la gente de la mar se encomienda a ella para no zozobrar en medio de las tormentas, la llama Stella Maris, Estrella de los Mares.

El 19 de abril de 1901, una Real Orden declaraba a Nuestra Señora del Carmen, Patrona de la Marina de Guerra y de todos los Navegantes.

El origen de la Virgen del Carmen lo encontramos en Israel, en el Monte Carmelo (Karmel, significa jardín), a donde el profeta Elías ascendía para pedirle a Dios que terminara con la sequía, hecho que ocurriría la séptima vez que subió. A partir de ese momento, muchos creyentes veneraron este lugar, naciendo allí la Orden de los Carmelitas. Su devoción mariana se extendió a muchos países de Europa, siendo España donde se encuentra más arraigada, pues existen más de un millón de mujeres y hombres llamadas Carmen, Carmela/o y María del Carmen.

En nuestra Isla son muchas las ciudades y pueblos de la costa y del interior que cada 16 de julio celebran fiestas en honor a su patrona, la Virgen del Carmen; y lo hacen, realizando procesiones en la mar: Puerto de La Cruz, Los Cristianos, Punta del Hidalgo, Santa Cruz de Tenerife, Valleseco, etc. O recorriendo sus calles, como La Esperanza, Los Realejos, Icod el Alto, El Tanque, Las Mercedes (Cruz del Carmen), etc.

En Santa Cruz de Tenerife su devoción data de 1670. La imagen se hallaba en la parroquia de Nuestra Señora de La Concepción y pertenecía a doña Margarita de Vera Villavicencio, que la había heredado de su padre, el capitán Cristóbal Perdomo de Vera. Cuando falleció esta señora, se la dejó en herencia a doña María Agueda Vande Unde, madre de don Rodrigo y don Ignacio Logman, vicario y beneficiado de la mencionada parroquia, quienes en 1720 le construyeron una capilla, con su correspondiente retablo y sacristía, y comenzaron a ofrecerle culto religioso con solemnidad.

Celebración en la capital

El citado año ya tendría lugar la primera procesión de la Virgen del Carmen en su nuevo trono, con andas repujadas. La imagen, ataviada con su manto de seda y el gran escapulario de plata en su mano, iba acompañada de los patronos, el vicario, el beneficiado de la parroquia y el capellán del Hospital. En la cabecera de la procesión iban las autoridades vestidas de gala y dos filas de monjes con los cirios encendidos. A su vera, la banda de tambores y clarines retenía a los vecinos y devotos que habían venido de todos los rincones de la Isla. La procesión recorrió las calles de la Noria, Santo Domingo, las tiendas, y, al llegar a la plaza de la Pila, bajó hasta el castillo San Cristóbal, donde tomó la rampa de la caleta de Blas Díaz para llegar a la calle Grande -Plaza de la Iglesia-. Al pasar por delante de la casa de los hermanos Logman, la venerada imagen descansó sobre una alfombra de flores que le habían preparado, mientras sonaban las campanas de todas las iglesias.

Esta procesión se mantendría con todo su esplendor hasta 1919, año en que el armisticio que ponía fin a la Primera Guerra Mundial vendría a cambiar su forma de celebración.

El 16 de julio del citado año, el entonces párroco de Nuestra Señora de La Concepción, para agradecerle a la Virgen del Carmen la llegada de la Paz, decidió llevarla hasta el muelle de Santa Cruz, subirla en una gabarra arrastrada por un remolcador, y realizar con ella un paseo marítimo por la bahía. Este acontecimiento fue seguido por infinidad de veleros y barquitas, así como por un gran gentío que llenó los aledaños de las instalaciones portuarias.

En el año 1931, el Ayuntamiento capitalino consideró que la onomástica de la Virgen del Carmen fuera fiesta oficial, junto con la de Santiago, la Santa Cruz y el martes de Carnaval.

Actualmente, cada 16 de julio, la Virgen se entrona en una barcaza del servicio portuario y recorre el interior de la dársena de Anaga, desde el muelle de Enlace hasta la punta del muelle Sur, donde se tira una corona de flores al mar, en recuerdo de los marinos fallecidos. Le acompañan numerosas embarcaciones venidas de todos los puertos deportivos y pesqueros cercanos, los remolcadores del Puerto y el de Salvamento Marítimo. A su paso, los barcos atracados al muelle Sur y muelle de Ribera, engalanados con sus empavesadas, hacen sonar sus sirenas y bocinas formando un conglomerado multicolor y sonoro.

Para presenciar esta procesión marítima, multitud de personas se agolpan en el paseo de la avenida Francisco La Roche, mientras que otras llenan los muelles de Enlace, Sur y Norte, al igual que hacen los socios del Real Club Náutico de Tenerife y del Club Deportivo Militar de Paso Alto.

Cuando la Virgen del Carmen desembarca en La Marquesina, la coral polifónica de Santa Cruz le canta la Salve Marinera:

¡Salve!, Estrella de los mares,

de los mares iris, de eterna ventura.

¡Salve!, ¡oh, Fénix de hermosura!

Madre del Divino Amor.

De tu pueblo, a los pesares

tu clemencia dé consuelo

fervoroso llegue al cielo

y hasta Ti, y hasta Ti, nuestro clamor.

¡Salve!, ¡salve!, Estrella de los mares.

(*) Cronista Oficial de la Ciudad

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