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Medicamentos

Los ansiolíticos, la nueva droga entre los adolescentes

Compran benzodiacepinas (tratamiento psiquiátrico) en el mercado negro y las mezclan con alcohol para colocarse | El primer consumo baja hasta los 14 años | Primero, el cannabis, que les abre la puerta a otras sustancias

El uso de ansiolíticos se ha disparado en la pandemia. Reuters

España ha vuelto a liderar el consumo legal de benzodiacepinas, un grupo de medicamentos que engloba a los ansiolíticos, hipnóticos y sedantes pautados para la ansiedad, el insomnio, la esquizofrenia o trastornos psiquiátricos. En 2020, último estudio realizado, se consumieron casi 110 dosis diarias por cada 1.000 habitantes, según la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes.

Su uso se ha disparado en la pandemia porque han aumentado los casos de ansiedad y depresión, para los que se prescriben. Sin embargo, desde hace unos dos años se han convertido además en la nueva droga entre los jóvenes, que utilizan estos fármacos para colocarse en las fiestas. Los mezclan con alcohol, bebidas estimulantes u otras sustancias como el cannabis, que aumentan su efecto hipnosedante. El 22,5% manifiesta haberlos consumido alguna vez y lo hacen a edades muy tempranas: con 14 años o menos. Ya el último informe del Ministerio de Sanidad sobre el consumo de drogas en la Enseñanza Secundaria (Estudes), realizado con menores de 14 a 18 años, alerta de esta tendencia.

Según este documento, uno de cada cinco menores afirma haber consumido, de manera esporádica, estos medicamentos como forma de ocio. Y la mitad de ellos admite que lo consumió sin prescripción médica. En Extremadura se sigue el mismo patrón que en el resto del territorio nacional, por eso, psicólogos y administraciones alertan del aumento de este tipo de sustancias para uso recreativo. Y del menudeo para su adquisición.

Se trata de fármacos muy conocidos comercialmente como el lexatin (bromazepam), el valium (diazepam), el trankimazin (alprazolam) o el orfidal (lorazepam), que requieren una receta para poder ser retirados de la farmacia. De hecho, precisamente para controlar su consumo, queda registrado el DNI de la persona que los adquiere. "En la farmacia no se dispensa ninguno de estos medicamentos sin receta", asegura el presidente del Colegio de Farmacéuticos de Badajoz, Cecilio Venegas.

"En las farmacias no se venden sin receta, pero los menores tienen acceso a las que sobran en casa"

Cecilio Venegas - Presidente del Colegio de Farmacéuticos de Badajoz

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Tampoco el sector ha detectado en la región recetas falsas ni robos en establecimientos, como sí ocurrió hace años con el Rohypnol o la burundanga, conocida como la ‘droga de las violaciones’ (se utiliza para dormir a las víctimas y agredirlas sexualmente, produce además amnesia, por lo que después no se acuerdan de nada). No es fácil acceder a estos fármacos, por eso los jóvenes los adquieren en el mercado negro. Aunque desde las farmacias tampoco se ha detectado un comercio ilegal de estas pastillas. Venegas apuesta por que ese mercado negro se ha creado a partir de los blíster sobrantes que familiares tienen en casa y que están al alcance de los menores. "Pueden estar en el botiquín de casa porque muchas veces los tratamientos no se terminan o incluso ni si quiera se empiezan, pero las pastillas se guardan en la mesilla", indica Venegas.

Los chavales venden en el mercado negro las pastillas que otros familiares guardan en casa

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Después los chavales menudean en el mercado ilegal con estas pastillas. Por eso el presidente del Colegio de Farmacéuticos de Badajoz aboga por realizar una "prescripción ajustada" de estos medicamentos y recetarlos solo en los casos en los que sea estrictamente necesario. A pesar de que las benzodiacepinas son drogas legales, traficar con ellas es un delito contra la salud pública, que conlleva penas de prisión de seis meses a tres años. No obstante, en la región, la Policía Nacional no ha detectado hasta el momento un importante movimiento de este tipo de drogas. El mercado ilegal lo siguen copando las sustancias de siempre: ketaminas, anfetaminas, marihuana o hachís.

Adicciones

Proyecto Hombre advierte de esta tendencia y atiende ya a adolescentes con adicciones a este tipo de drogas. El colectivo ha puesto en marcha, con la Junta de Extremadura, el programa Pepcar, para dar respuesta a los jóvenes que presentan conductas adictivas o riesgo de sufrirlas. Les llama la atención que ha bajado a los 14 años la edad del primer contacto con las drogas y el cambio en el perfil del consumidor, que ya no procede de familias desestructuradas. "El patrón principal de antes eran familias desestructuradas, con poca atención familiar y que no asistían a los institutos, pero ahora nos encontramos jóvenes de familias estructuradas, con buenos rendimientos académicos, pero que llevan una doble vida. Cuando esto ocurre, llegan más descolocados los padres que los adolescentes, porque no se lo esperan", afirma la coordinadora del centro de día de Proyecto Hombre y de este programa, María de la Nueva Martín. "Te encuentras a jóvenes que llegan a fumarse diez porros al día", añade.

"Los consumidores ahora son buenos estudiantes y vienen de familias estructuradas"

María de la Nueva Martín - Proyecto Hombre

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La edad más crítica es entre los 12 y los 13 años porque es el momento de transición del colegio al instituto y cuando los adolescentes comienzan a relacionarse con otros grupos. "Hay que estar muy pendientes. Los buenos rendimientos académicos continúan mientras solo se tontea con las drogas pero, cuando ya hay una adicción, las buenas notas desaparecen", asegura Martín, que aconseja estar atento a estas situaciones porque pueden ser un signo de alerta.

El primer contacto con las drogas llega con el alcohol, al que sigue el cannabis. Este último es el que abre la puerta a otras sustancias como la cocaína, las drogas de diseño o las benzodiacepinas. "El cannabis es la primera causa de esquizofrenia en España. El cerebro del adolescente está aún en desarrollo y las consecuencias pueden ser fatales, el problema es que estas consecuencias se ven a la larga", agrega María de la Nueva Martín. Ella ha tratado a jóvenes en los que los problemas mentales provocados por los porros no han remitido y han terminado con brotes psiquiátricos e internados.

Una vez que la familia tiene constancia del consumo, lo más importante, insiste la coordinadora de Proyecto Hombre, es comunicarse con los adolescentes. "Lo primero que siente un padre cuando alguien le dice que han visto a su hijo con un porro en la mano es miedo. Después llegan las voces con los adolescentes, pero hay que intentar calmarse y sentarse a hablar con ellos, preguntarles por qué lo hacen y ponernos en manos de profesionales. Muchos padres se alejan de sus hijos porque están enfadados pero hay que intentar ayudarles", insiste.

El programa que Proyecto Hombre desarrolla (por el momento solo se lleva a cabo en la provincia de Cáceres, a través de sus sedes de las ciudades de Cáceres y Plasencia) es preventivo, educativo y terapéutico, orientado tanto a los jóvenes como a sus familias. Cuenta con dos terapias diferenciadas. Una de ellas dirigida a adolescentes que presentan un riesgo de adicción (han tenido ya coqueteos con las drogas pero no tienen un hábito de consumo), con los que se trabaja la prevención y la educación en hábitos de vida saludables.

También se atiende a menores adictos, que tienen problemas para llevar una vida normalizada. "La mayoría de los menores llegan con hábitos muy elevados de consumo, pero vienen muy presionados, con pocas ganas de hacer terapia, pero al final se amoldan y acaban viniendo porque ellos quieren", afirma la coordinadora del programa.

No todos consiguen deshabituarse: "Los que llegan con la idea de cambio, a partir de las dos o tres sesiones empiezan a mentalizarse y a cumplir objetivos. Pero hay otros que no quieren dejar de consumir; con ellos se intenta que consuman menos para reducir el daño". 

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