Opinión | LOS LUNES CON JUAN INURRIA

Juan Inurria

Cada día más políticos y menos personas

Cristina Valido a la salida del Congreso de los Diputados.

Cristina Valido a la salida del Congreso de los Diputados. / EFE

Hoy lunes, he sido invitado a un tradicional brindis de navidad. Me adelanta su anfitrión que esta vez no van políticos ni políticas. Que no ha invitado ni a uno ni a una. Como solía hacerlo. Que solo invitó a personas y no a políticos. ¿Cómo? Me dice que está hasta la médula de los políticos. Que son cada vez más y cada vez somos menos personas. Que está harto de su chulería, que está harto de sus arrogancias, que está harto de sus privilegios, que está harto del clima de pelotería y aduladores que les rodea cada vez que aparecen en algún evento, tenderete o sarao. Que está harto de esos, de los políticos y también de las políticas. Que no lo soporta más. Así que fuera políticos. Tanto políticos locales, los insulares, los autonómicos y los nacionales, hasta los europeos que no se sabe para qué están. Mi amigo don Jaime me ha contado anécdotas de los últimos eventos a los que ha asistido y donde hay más políticos que personas. Hemos construido un país para políticos y nosotros los mantenemos. A cambio de nada, de estar cada vez peor. Convivencia, carreteras, sanidad, educación… cada vez peor. Han perdido el fin, la causa, el objeto, así que rompamos el contrato con ellos. No hay resultados.

Ahora no hay político o política que no te sature de imágenes de pose en las redes. Lo peor es que esta moda se ha instalado con fuerza también en la clase política insular. Rara la semana que no aparecen en fiestas, eventos y todo tipo de saraos. Y dice mi amigo ¿cuándo trabajan? ¿Cuándo están en los despachos? ¿Cuándo atienden los asuntos de gobierno? ¿Cuándo llevan a cabo el programa que me presentaron? Yo le respondo, chacho, eso lo hacen los técnicos, o sea, los funcionarios, o sea, los interinos, o el personal laboral. No todos. O teletrabajando, ¿no? Así que no seas agorero.

Y sigue; es que no los votamos para que estén todo el santo día de fiesta en fiesta y tiro porque me toca. Vamos a ver, ¿en qué programa político estaba eso? Que estarían todo el día de fiesta, haciéndose selfis, retrasmitiendo por las redes todo lo que hacen, dónde van, con quién y qué estilosos van – algunos– y restregándotelo por la jeta. Y tú a ver cómo llegas al día 20. Ahora entiendo un poco más la intervención de la política en todo, hasta cómo debe ser la composición del Consejo de Administración de tu empresa con la nueva Ley de Paridad o en la constante subida de impuestos con las nuevas reglas fiscales. Con tantos políticos no queda para repartir a los más desfavorecidos y menos aún para hacer y crecer. Esto no puede ser. Termina don Jaime, muy resignado.

La política ahora se ha convertido en una pasarela de poses, momentos y momentazos que muestran a la ciudadanía –lo que se denominaba pueblo en la transición– lo chachi que son ellos y ellas. Qué cercanos y cercanas son. Antes solo los veías en las romerías, Semana Santa y la Patrona. Y es que nos tienen hasta los…. ¡no sigas! Don Jaime que te están engorilando. Y es que está muy cabreado. Y es que don Jaime votó en las últimas elecciones generales a Coalición Canaria y ha visto lo que han hecho con su voto y para qué ha servido. Y ahora ve cómo en el grupo mixto –donde está Cristina Valido– han entrado los cinco de Podemos. Y es que ya no va a mandar nada –me dice–, pues igual que antes –le respondo–. Pero tenemos un ministro y ese seguro que barre para casa. Seguro.

En fin, yo lo calmo, y le digo que el postureo ha llegado a la política para quedarse y que es una manera de acercarse a las nuevas generaciones. Esas generaciones de las cuales hemos sabido esta semana que no estudian ni ciencias ni matemáticas ¿para qué? Ellos son listos y saben que sin esfuerzo se consiguen grandes recompensas muy provechosas, por ejemplo, ser político o política. Trabajar ya es otra cosa.