Opinión

Wladimiro Rodríguez Brito/Juan Jesús González Afonso

Naturaleza y cultura agraria en el Valle de La Orotava

Pretendemos con estas líneas hacer hincapié en la necesidad de dignificar el actual estado del Mirador de Humboldt que, aunque ha tenido momentos peores, tenemos que corregirlo ya que es una referencia única en la cultura agro-turismo-naturaleza de la Isla

La Orotava representa sin duda una de las lecturas más ricas de los paisajes de Canarias ya que allí podemos interpretar un marco –tanto humano como natural– con una dimensión acaso única en el Archipiélago. Desde esa atalaya privilegiada que representa el Mirador de Humboldt, abarcamos un amplio y complejo territorio de montaña, con el complejo Portillo-Teide-Pico Viejo, que rodean un conjunto antiguo –Fortaleza Tigaiga– con la presencia de lavas recientes que han abrazado los conos volcánicos más jóvenes que ganaron terreno hacia la costa (Punta Brava-Las Aguas). Más allá el escudo antiguo, zona acantilada que llega hasta el Barranco de la Chaurera.

En ese entorno físico cobra especial valor y relevancia un paisaje humanizado ya que los ricos suelos y los aportes históricos de los manantiales más importantes de Tenerife –como bien describe Francisco María de León en el siglo XIX– mantenidos ya en el s. XX con los aportes de las galerías han permitido el desarrollo de un paisaje agrario y natural con importantes tierras cultivadas en un escalonamiento de cultivos tropicales, cultivos de medianías, monteverde, pinos, retamas… en una lectura que hizo de manera magistral el naturalista alemán Alexander von Humboldt.

Pretendemos con estas líneas hacer hincapié en la necesidad de dignificar el actual estado de dicho mirador que, aunque ha tenido momentos peores, tenemos que corregirlo ya que es una referencia única en la cultura agro-turismo-naturaleza de la Isla, siendo lamentable que aspectos jurídicos y burocráticos den lugar a la situación actual que al final termina por privarnos de una lectura básica para nuestro pueblo, tanto desde el punto de vista de la escuela como en lo que es y lo que representa nuestra principal actividad económica y la necesidad de que ésta, el turismo, juegue también su papel como revitalizador de la cultura agraria hoy en crisis.

Haciendo una aproximación física de ese mirador hay que decir que nos encontramos con una instalación semicerrada ya que carece de guías, baños, limpieza… e incluso podemos encontrarnos con zonas ajardinadas ahogadas entre el rabo de gato y las vinagreras que ya nadie aprovecha para las cabras. Por otro lado, nos encontramos con la evidente carencia de cuidados del entorno humanizado de Cueva de Bencomo, tierras de cultivos (hoy en gran parte balutas), estanques y conducciones de agua abandonadas y rotas, galería en las proximidades hoy ignorada cuando debía ser referencia la realidad de la cultura del agua en Canarias en una lectura de la cultura del territorio.

Entendemos, desde esta perspectiva, que es necesario prestigiar y poner en valor tanto la actividad social de nuestros pueblos, la necesidad de una economía diversificada como el mantenimiento del turismo, cuidando las singularidades de la tierra que tienen que ver con la agricultura (en relación al paisaje y a la gastronomía), como una manera de dignificar valores en nuestros niños de una cultura de ayer básica pero que hoy tenemos que mejorar las relaciones de los canarios con la naturaleza y el trabajo en nuestra tierra. Para impulsar estos miradores o atalayas de cara a presentar estos espacios singulares tenemos la obligación de potenciar y favorecer la actividad agrícola del entorno que hoy día se presenta en buena medida abandonado.

Está en nuestras manos que la actual situación de ignorancia por abandono de espacios tan singulares sea cosa del pasado. Hagamos una labor encaminada a sembrar y plantar semilla de compromiso con un territorio en el que la cultura de la tierra, desde Bencomo hasta la posmodernidad tenga que ver con valorar los recursos naturales y prestigiar estas referencias culturales de tal manera que el sacho y la viña cultivada en trenzas, para dejar hueco a las papas bonitas, y el mundo del parapente o el surf puedan convivir de tal forma que los ingresos y la calidad de vida de los que hacen surcos, y tienen como gimnasio principal al agro, nuestra sociedad sea capaz de valorarlos y dignificarlos en el plano social y ambiental.

Hoy el Valle de La Orotava es más rico que cuando Humboldt nos visitó al lomo de mulas probablemente. Con el turismo y la agricultura, también con una industria de transformación asociada, dignifiquemos el trabajo de los gestores del territorio, tanto si trabajan en la hostelería o son campesinos a los que seguramente Humboldt hoy día incorporaría al referente natural por las muchas razones con las que éstos han convivido con la naturaleza del Valle, con más de cien mil comensales a la mesa, y un bosque que no desmerece frente a las penurias que sufrían los campesinos en el s. XIX.

Sembremos y plantemos compromiso con el ayer pero sin descuidar un mañana en el que mejorar nuestra implicación en una apuesta por la sostenibilidad y autosuficiencia. La situación actual tiende a maltratar e ignorar la relación de los humanos con la naturaleza y, lo que es peor, aleja a nuestra gente del territorio, tanto en el plano ambiental como social. En nuestra manos está corregir tal situación dignificando el ayer y el hoy en lo que a lo nuestro se refiere.