Opinión

Nayra Bajo de Vera

La dicotomía del buen y el mal migrante

Imagen de archivo de una patera en aguas de Canarias.

Imagen de archivo de una patera en aguas de Canarias.

Cuando zarpa una patera, cargada con cientos de vidas y millones de historias, no se puede decir a simple vista, según los criterios actuales, quién es candidato a ser refugiado y quién no. Quién ha sufrido amenazas y palizas por manifestarse, quién huye de la represión por su orientación sexual, quién persigue una oportunidad para estudiar y aspirar a una mejor vida, quién viene en busca de trabajo porque en su pueblo de pescadores apenas hay pescado. Sea cual sea el caso, se habla de migrantes.

Por eso me sorprendí cuando encontré, la semana pasada, un titular en The Guardian que llamaba refugiadas a las personas que llegan a Canarias en patera. A todas, sin distinción. Piénsenlo por un momento. ¿Alguna vez han visto titulares sobre la llegada de refugiados africanos a Canarias, o solo de migrantes? ¿Se da por hecho que son migrantes, a secas, y que no pueden refugiados?

No profundizaré en el trato mediático que recibió la población ucraniana en comparación a la de otros países donde también hay conflictos. Esa perspectiva, aunque muy necesaria, ya ha sido comentada y estudiada desde muchos ámbitos diferentes. El debate que ha habido en torno a este tema debería ser suficiente para entender que, en efecto, existe un racismo de base. Pero eso no son sino las primeras capas. Vamos a rascar un poco más.

Hace dos años, más o menos, estaba en el Campamento de Las Raíces hablando con un chico que estuvo viviendo allí varios meses. Puede que sí, pero también puede que nunca hubiera tenido experiencias represivas traumáticas en su país de origen. Lo empujó a migrar, como a muchos de sus compañeros, el deseo de una vida y un trabajo mejores. Y después de habernos visto varias veces, me preguntó un poco sorprendido, un poco emocionado: «¿Aquí dos hombres se pueden casar?».

Otro chico que conocí hace poco me habló sobre su familia, agricultores desde hace generaciones. Su sustento, la tierra y el cultivo, están progresivamente en peligro por la sequía. Consecuencias del cambio climático que afectan especialmente a los países africanos. La culpa, podría decirse, es de la contaminación que genera la sobreproducción capitalista, pero esa es una responsabilidad demasiado ambigua como para admitirla. Una narrativa similar se repite en algunas zonas costeras, donde el pescado se lo llevan mayoritariamente grandes barcos de otros países.

¿Son refugiados o no?

Las fronteras que separan a las personas migrantes de las refugiadas son, a menudo, borrosas. No solo por motivos étnico-raciales o económicos, sino también porque no siempre está del todo claro qué es una persona refugiada. Los criterios son flexibles hasta cierto punto. De los muchísimos motivos que hay detrás de la migración forzosa, se recogen algunos. No siempre se concede el estatus, incluso partiendo de situaciones equiparables. Y parte de ese terreno ambiguo se debe a los desastres naturales y sequías que van en aumento a causa del cambio climático, generando más y más desplazamientos.

No es fácil, con categorías al mismo tiempo estáticas y maleables, decidir hasta qué punto una persona es o no es refugiada. Esa etiqueta, refugiada o migrante, define cuestiones tan básicas y esenciales como cuántos derechos tendrán tras la llegada y cuánta empatía u odio despertarán en el resto de la gente. Lo diré de forma muy, muy simple: no es ético, no es razonable, no es justo.

Hace falta seguir mejorando la forma en la que se escribe y se habla sobre las migraciones, pero no por ello debemos obsesionarnos con el refugio. Porque no hace falta ser refugiada para merecer el derecho a ir de un país a otro; ser persona debería ser suficiente razón de peso. Separar entre migraciones legítimas e ilegítimas en función del contexto de origen sería caer en el mismo error de siempre: una meritocracia que reclama migraciones regulares y ordenadas y asegura que quien es pobre es porque quiere, sin cuestionar las bases del sistema.