Opinión

Postrimerías

Maltrato animal en Castellón: arrancaba los dientes a su perra con alicates.

Maltrato animal en Castellón: arrancaba los dientes a su perra con alicates. / Guardia Civil

-Un perro vive tanto tiempo como sus dientes -le dice una mujer a su hija, en el metro.

La niña, que tiene entre quince y dieciséis años, mantiene con su madre una discusión de la que hasta ahora yo solo lograba escuchar palabras sueltas. Esta frase, la de que «un perro vive tanto como sus dientes», es la primera que me llega sin trocear y me impresiona mucho. Parece un refrán, pero jamás antes lo había oído. En Atapuerca y otros yacimientos prehistóricos se han hallado esqueletos cuyos dueños sobrevivieron a la pérdida de la dentadura gracias a la generosidad de sus contemporáneos, que masticaban la comida para ellos (no son solo los perros los que viven tanto como sus dientes). La solidaridad funciona, pues, como un aparato masticador de primera. En la estación de Gran Vía el vagón se ha vaciado casi del todo y la plática entre la madre y la hija me llega con más claridad. La niña le pregunta ahora a su madre qué quiere decir con eso de que un perro vive tanto como sus dientes.

-Quiero decir lo que digo -afirma la madre-: que un perro, en la naturaleza, no sobreviviría sin dientes más de cuatro horas.

-Pero el nuestro no vive en la naturaleza, vive con nosotros.

-Lo de los dientes es una metáfora, hija. Es que tu perro está enfermo de verdad. Le falla todo: el hígado, el páncreas, el intestino. ¿No escuchaste lo que dijo el veterinario?

-Dijo que es muy viejo.

-Y que lo mejor, para que no sufriera, era sacrificarlo. ¿No ves que se pasa el día gimiendo de dolor en la alfombra?

-¿Y tú quieres que yo te sacrifique a ti cuando te falle el hígado o te quedes sin dientes?

-Francamente, sí. ¿No has oído hablar de la eutanasia?

La niña calla, la mujer calla. Yo finjo atender el correo electrónico en el móvil.

-Está bien -concede al fin la niña-. Le ponemos la inyección, lo matamos, pero quiero estar delante mientras muere.

-¿Para qué quieres estar delante?

-Para sujetarle una pata.

Tras este acuerdo, vuelven a callar. Por mi parte, guardo el móvil y me pongo a pensar en las postrimerías. ¿Me sujetará a mí alguien la pata?