Opinión

El director de la CIA, en reuniones secretas en la capital ucraniana

El director de la Agencia Central de Inteligencia de EEUU, William Burns, ha mantenido últimamente reuniones secretas en la capital ucraniana, donde ya estuvo el pasado enero.

Y los analistas no dejan de hacer cábalas sobre lo que Burns pudo haber tratado en esa nueva visita. ¿Se habló acaso de posibles negociaciones entre Kiev y Moscú para poner fin a la guerra?

No lo parece, al menos si hemos de creer al diario norteamericano The Washington Post, según el cual Burns reiteró el compromiso estadounidense de seguir ayudando a Ucrania a defenderse con las armas del agresor ruso.

Por su parte, el Gobierno de Kiev, que no deja de quejarse del retraso en el envío de material bélico a Ucrania por parte de Occidente, comunicó a Burns su firme determinación de reconquistar de aquí al otoño buena parte del territorio que ocupa ilegalmente Rusia.

Se llevarán piezas de artillería y sistemas de misiles de fabricación occidental a las proximidades de Crimea y se seguirá presionando militarmente a Rusia, que sólo aceptará negociar, según se cree en Washington, si se siente amenazada.

Lo mismo en Kiev que en las capitales de los países de la OTAN se confía, por otro lado, en lo que el propio director de la CIA calificó de «efecto corrosivo» que puede tener la reciente intentona golpista del jefe del grupo Wagner, Yevgueni Prigozhnin, en la sociedad rusa.

Pese a asegurar que EEUU no «ha tenido ni tendrá arte ni parte» en esa fallida rebelión, Burns expresó su confianza en que crecerá la insatisfacción de los rusos con la guerra, algo que la CIA sabrá aprovechar, según dijo.

La agencia que dirige publicó recientemente un vídeo en el que se anima a cualquiera que tenga información sobre la política y la economía rusas, ya sean militares, científicos, funcionarios o diplomáticos, a hacérsela llegar a la CIA a través de un canal seguro de internet.

La niebla de la guerra impide saber lo que ocurre realmente en la línea del frente pero, pese al optimismo exhibido tanto por el Pentágono como por el Departamento de Estado, no parece que los ucranianos estén consiguiendo de momento avances importantes en su tan cacareada contraofensiva.

La situación es de práctico empate sobre el terreno. Las bajas ucranianas y la destrucción de su material de guerra parecen masivas. Y Kiev parece confiar sólo en que la llegada de los cazas F-16 les permita invertir la situación aunque muchos analistas se muestran escépticos.

El gobierno ucraniano se niega a negociar con Rusia hasta que las tropas de ese país abandonen el último centímetro cuadrado del territorio que ocupan, península de Crimea incluida, algo del todo inaceptable para el Kremlin.

A su vez, Moscú no quiere negociar si no es con Washington porque, como explica el ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov, es finalmente EEUU quien decide. ¿Tienen algo que decir los gobiernos europeos?

Por cierto que el ministro Lavrov recordó en declaraciones a un canal ruso los mensajes que envió William Burns cuando era embajador en Moscú a la entonces secretaria de Estado Condoleezza Rice.

En aquellos cables, Burns advertía al Gobierno de Washington de las graves consecuencias que tendría la ampliación de la OTAN a despecho de las seguridades dadas por EEUU y otros gobiernos occidentales al último presidente de la URSS, Mijail Gorbachov.

Según el Burns de entonces, el ingreso de Ucrania en la OTAN era «la más roja de las líneas rojas» no sólo para el Kremlin, sino para todas las elites rusas. Aquel embajador es hoy director de la CIA y parece pensar, o al menos dice, otras cosas.