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Luis F. Febles

Carta a los magos

Llegada del helicóptero de SSMM los Reyes Magos de Oriente Llegada del helicóptero de SSMM los Reyes Magos de Oriente

Queridos Reyes Magos. Creo que este año me ha pasado un poquito con eso de invadir países legítimamente constituidos y amenazar a mis vecinos con guerras nucleares. Soy consciente de mi capacidad irreverente de ignorar el cambio climático, y lo quiero cambiar. Como sé por buena fuente que este año sus majestades están realmente atareados, mis deseos se ceñirán pura y exclusivamente a una escaleta de buenos propósitos que pretendo cumplir con disciplina de templario. A cambio, mi querido Melchor, solo te pido que multen a los que cuelgan a Papá Noel de los balcones y derriben el muñeco de nieve de la Avenida de Los Majuelos; no podría imaginar más emoción y placer que ver así a ese horror monumental. Con convencimiento y esperanza por revertir una situación que se nos ha vuelto objetivamente insostenible, comienzo mi carta de arrepentimientos y deseos, que más temprano que tarde espero cumplir. Alejando la banalidad y el materialismo navideño, escribo mi carta para cambiar el mundo. No volveré a criminalizar al migrante y al refugiado; no alimentaré bulos y mentiras en redes sociales en beneficio de partidos políticos ultras que siembran odio e intolerancia y rompen la concordia entre iguales. No volveré a poner en duda la eficacia de los servicios públicos, pilares fundamentales de cualquier democracia. La sanidad y la educación pública son intocables y así lo debo mantener, pese a los intereses de los poderes fácticos en fortalecer a la concertada y a las universidades privadas. Los y las mejores vienen de lo público, es cuestión de estadística. Prometo cumplir y hacer cumplir la Declaración Universal de Derechos Humanos, que, desde su fundación en París en 1948, proclamó que “toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación”, pero pasan hasta en el Parlamento. No dejaré que nada ni nadie vuelva a alimentar al dragón de la desigualdad, porque como mundo que soy, he cometido el pecado de favorecer que 26 personas posean la misma riqueza que 3.800 millones de personas. No permitiré que nadie, en ningún momento, niegue la violencia contra las mujeres. Los más miserables tratan de equiparar la violencia que sufren directamente las mujeres con aquella que sufren los hombres en el entorno familiar, sin una base que revele razones estructurales; se archivan un 80% de las denuncias falsas contra los hombres. No volveré a tolerar que China, Estados Unidos o India sigan siendo los países que más contaminan del mundo, nutriendo las consecuencias del cambio climático que causan daños irreparables a ricos y a pobres. Yo sé que difícilmente se podrá cumplir este listado de hermosos propósitos que relato, porque, al fin y al cabo, son quimeras irrealizables. Ante esto, queridos magos de Oriente, solo les voy a pedir una cosa: que se acaben las colas de la TF-5. En su defecto que me regalen un helicóptero para llegar puntual a mi trabajo. La Navidad es la época perfecta para que los sueños se hagan realidad. Puestos a pedir, es la oportunidad para confirmar que la magia existe. Confío en ustedes, magos.

@luisfeblesc

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