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observatorio

Acertar con el marco

La crisis política italiana dibuja una situación realmente compleja para el país transalpino, y puede tener impacto en el conjunto de Europa y, especialmente, en los países del sur.

Los hechos son notorios: un voto de castigo en el Parlamento (de unos 5 Estrellas en declive) al Gobierno de concentración nacional presidido por Mario Draghi ha llevado a la dimisión del primer ministro y expresidente del Banco Central Europeo. Pocos días después, la decisión de los partidos de derechas que formaban parte del Ejecutivo –la renqueante Forza Italia de Silvio Berlusconi y la Liga de Matteo Salvini– aprovecharon la situación para hacer caer al Gobierno e ir a elecciones anticipadas junto a Fratelli d’Italia, que –amigo de Vox y único partido que se había quedado en la oposición– vuela en los sondeos ya hace tiempo.

El mapa, a grandes rasgos, presenta una derecha escorada al extremo con una candidata fuerte, Giorgia Meloni, de Fratelli d’Italia; unos pequeños partidos centristas fruto de escisiones del Partido Democratico (PD) –Matteo Renzi, Carlo Calenda– y del Movimiento 5 Estrellas –el ministro Di Maio–; el PD, que ha sido el gran valedor del Gobierno de Draghi; lo que queda de los 5 Estrellas, bajo la batuta del exprimer ministro Conte, en clara crisis de identidad; y una izquierda que en los últimos 20 años se ha sistemáticamente autodestruido.

Además, hay que tener en cuenta que las generales de septiembre se celebrarán con una ley electoral mixta (combinación del sistema proporcional y el de mayorías) que penaliza duramente a quienes vayan por separado. Los partidos de derecha ya han manifestado la voluntad de ir juntos.

Dos problemas

¿Podrán las fuerzas de centro y de centroizquierda evitar la llegada al poder de una propuesta política alineada de facto con posiciones a la Orbán y que, en el tablero internacional, tiene tesis más cercanas a las de Trump que a las de la actual administración estadounidense?

Se enfrentan a muchos problemas, pero sobre todo a dos.

El primero atañe al cómo: el 37% de los escaños se eligen en colegios uninominales en los que gana quien primero llegue. Esto empuja a buscar una alianza de centroizquierda amplia, desde la izquierda y los 5 Estrellas hasta el PD y los pequeños grupos centristas. Los partidos ya se están moviendo, y las dos cuestiones importantes a resolver son hasta qué punto dar espacio a las pequeñas formaciones de centro –que en las negociaciones para formar coalición han tenido históricamente una fuerza superior a su representación real– y, evidentemente, cómo relacionarse con los 5 Estrellas, que a la hora de la verdad han participado activamente en el naufragio del Gobierno de Draghi.

Sin embargo el cómo solo se puede solucionar a partir del qué, y ahí es imprescindible acertar con el marco general. En términos programáticos y en términos comunicativos. El centroizquierda en su conjunto –y especialmente el PD, al que le tocará ser el motor de toda la operación– tendrá que ser valiente e hilar una propuesta claramente confrontada al marco de Meloni y sus aliados: desde una política fiscal fuertemente redistributiva (que sea capaz de atajar una inflación que golpea a la mayoría social) a la defensa de los servicios públicos y de los derechos de los trabajadores; desde políticas solventes de extensión de ciudadanía a los migrantes a avances –hasta ahora demasiado soslayados– para el colectivo LGTBI+; desde la defensa de los derechos de las mujeres (en el blanco de una cultura machista que los partidos de la derecha fomentan y capitalizan) hasta el fortalecimiento de la apuesta europea, con todo lo que de ello se desprende, también en términos de posicionamiento internacional. Y también deberán ser capaces de comunicar este marco, movilizando a la sociedad civil organizada pero, también, dando la batalla en los medios y en las nuevas formas de comunicación política, con mensajes claros, contundentes y quizá simplificados, pero efectivos, que puedan penetrar en sectores de la población poco politizados. Hay que ensuciarse las manos, porque la hora es grave. Suerte y tino.

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