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Juan Gaitán

Morir de sol

En estos días he estado sumando soles. Hice la cuenta y me salieron veinte mil cuatrocientos cincuenta y cuatro al anochecer del 19 de julio, que fue martes, como también era martes el día primero. Me han contado que llegué con las últimas luces del día. Al parecer, fijaron como hora concreta las diez menos diez, pero eso no lo he visto nunca escrito y lo fío a la memoria de mi madre, que siempre ha sido muy exacta, y por tanto doy por bueno que a estas alturas he visto casi 20.500 soles, experiencia que juzgo suficiente como para concluir que algo ha cambiado.

No es como solía ser. Habrá que aprender a vivir con este sol que ya no es el de la infancia, el de los días azules, el amable sol que despertaba a finales de mayo y nos traía una luz a estrenar y luego unas tardes eternas junto a la orilla. Ahora es un sol airado, terrible, “de justicia”, que diría un clásico. Un sol calcinante que pone en peligro nuestro modo de vida y hasta nuestras propias vidas.

¿Nos asomamos al caos? Seguramente ya hemos llegado. El cambio climático es una realidad, no una amenaza. Mi hermano del alma Ezequiel Martínez lleva años contándonoslo, advirtiéndonos, y como él otros muchos sabios que en el mundo son, pero nos negamos a escucharles. Quizás ya sea tarde. No hemos entendido que nuestra locura consumista y depredadora no es que destruya el mundo, es que nos va a destruir a nosotros. El planeta continuará y la vida se abrirá paso, pero no estaremos nosotros. No es esta la primera extinción que ha sufrido la Tierra. Los científicos han calculado que ha habido cinco grandes extinciones masivas antes de esta a la que nos abocamos irremisiblemente, periodos de menos de 2,8 millones de años en los que han desaparecido las tres cuartas partes de las especies. Todas cambiaron el curso de la evolución y la vida, pero todas fueron por causas naturales. Sin embargo, en 2016 se definió una nueva época geológica, llamada “Antropoceno”, que comenzó a mediados del siglo XX y cuyas principales características son el profundo impacto de la huella humana en el planeta y una acelerada extinción masiva de especies. Y esta vez es la primera que todo eso lo provoca una de las especies que habitan el planeta y que está causando su propia extinción y la de muchas otras.

Yo esperaba una vejez apacible, con las mañanas en la recacha (que es como llamamos en este sur que habito y que me habita a un lugar donde da un sol que calienta pero no quema), entre libros y paz. No parece que vaya a ser posible. Estamos empeñados en morir de sol, quemados en la hoguera que nosotros mismos prendimos.

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