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Talento y riqueza

Hay una eterna discusión en Canarias que pone en cuestión nuestro modelo de economía. Unos dicen que no existe otro posible. Otros aseguran que sí. Tenemos unos 7.000 kilómetros cuadrados y dos millones doscientos mil habitantes. No hay materias primas. No tenemos agua abundante. Ni grandes superficies de cultivo. Una gran industria o una agricultura exportadora parece impensable. Parece que la venta de servicios turísticos, por la que facturamos unos quince mil millones al año, es la única cosa de la que podemos vivir. ¿Es así? Depende. Singapur es un país con apenas 700 kilómetros cuadrados –diez veces menos superficie que Canarias– donde viven casi seis millones de personas: tres veces más que en las islas. Y tiene un PIB de 300 mil millones de euros, más de siete veces superior a los 40 mil millones de Canarias. ¿Cómo hicieron ese milagro? Pues se convirtieron en un refugio de capitales, en una zona libre bancaria y en un nodo de comunicaciones portuario y aéreo de primer orden. Para hacer eso cambiaron las leyes fiscales y económicas y crearon las condiciones óptimas para atraer miles de millones de todas partes del mundo. La riqueza no depende de los recursos naturales. Hay países inmensamente ricos en recursos e inmensamente pobres, social y económicamente. Depende de la inteligencia con la que te posiciones en el mundo. Esa puede ser una respuesta frustrante. Si el futuro depende del talento, en Canarias lo tenemos muy, pero que muy jodido.

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