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Francisco Pomares

Calentando motores…

Ayer, los medios afines publicaron al unísono que la Fiscal delegada de Anticorrupción, María Farnés Martínez ha solicitado a la jueza Serrano el envió del ‘caso reparos’ al Tribunal Supremo. Calentando motores –ya sólo falta un año para las elecciones- el asunto ha sido presentado por los medios afines poco menos que como la liquidación definitiva de Fernando Clavijo, ex presidente del Gobierno de Canarias, que tuvo que jubilarse anticipadamente en el Senado, para escapar a la cacería político-judicial que un triángulo conocido –juez ya jubilado, fiscal en activo, Santiago Pérez- había logrado empantanar en el ecosistema de la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife.

Después de unos meses, el Supremo acabó por darle la razón a Clavijo, al poco tiempo de convertirse en senador, y dejó a los del trío cantor cantando boleros tristes. Por suerte, el incansable Santiago Pérez ya había montado en 2018 otro caso paralelo, prácticamente con los mismos mimbres, después de dedicarse durante cuatro años a hinchar el globo mediático del ‘caso grúas’. En este país es frecuente denunciar en falso para intentar destruir adversarios. Santiago Pérez se ha convertido en un especialista: lleva años prácticamente dedicado en exclusiva a la caza de Clavijo (algo le habrá hecho su antiguo alcalde, es de suponer), con la ayuda de sus amplios conocimientos y sus muchos conocidos. El ‘caso reparos’, segunda parte del serial de Pérez sobre Clavijo, llevaba dos años muerto de aburrimiento en un juzgado lagunero, a la espera de que la señora fiscal hiciera lo que por fin se ha decidido a hacer: pedirle a la jueza de La Laguna que lo remita al Supremo, que es lo que debía haberse producido hace tiempo, y lo que llevan pidiendo de forma reiterada –y desde 2020- Clavijo y sus abogados. Y no porque no se fíen mucho del caminar de la perrita por los juzgados locales, sino precisamente porque no se fían nada.

La fiscal Farnés (se llama María Martínez, Farnés es su segundo nombre de pila) al final no ha podido esperar más -se vió en los papeles y eso no le gusta nada a ningún fiscal- e hizo lo que era lógico: repetir con dos años de retraso el mismo recorrido que tuvo el expediente del ‘caso grúas’. La fiscalía reaccionó así a la última solicitud de la defensa de Clavijo que volvió a pedir el mes pasado que se elevara la causa al Supremo, tras conocerse el informe de la Intervención municipal que asegura que en la actuación de Clavijo no existe «perjuicio a las arcas públicas», dado que el levantamiento del reparo se realizó para seguir prestando el servicio público. No es, por supuesto la tesis de doña María Farnés.

La fiscal comparte de nuevo la visión de Santiago Pérez, actual concejal de Urbanismo de La Laguna, además de colega de Clavijo en el Senado. Pérez ha vendido –como hizo previamente con el ‘caso grúas’- que detrás del ‘caso reparos’ hay un proceder malvado, prevaricador, malversador y delictivo. Pero los reparos levantados lo fueron en asuntos como la prórroga a la empresa municipal –Muvisa-, de la encomienda para la gestión de viviendas en régimen de acogimiento temporal, o el contrato del Servicio de prevención del absentismo escolar o los servicios de ayuda a domicilio, todas ellas malversaciones propias de Alfonso Capone. En realidad, fueron adoptadas para evitar el perjuicio a los vecinos que habría supuesto el bloqueo de los contratos.

Desde que tiene funciones de gobierno, Pérez no ha levantado ni un solo reparo, una práctica de la que se abusa con demasiada frecuencia, pero que algunas veces resulta necesaria. A Pérez le preocupa que lo pillen en un renuncio, pero está tan preocupado por eso que no se ocupa de otras cosas que debiera, como de revisar las licencias de obra. En fin… ahora hay que esperar a ver si –en el año que queda de aquí a las elecciones- da tiempo a que se pronuncie el Supremo, o Clavijo vuelve ‘casualmente’ a verse enredado en los vericuetos de los tiempos judiciales, y le toca hacer la campaña electoral de nuevo imputado, justo lo que se consiguió con el ‘caso grúas’. Y es que hay gente que se lo sabe montar de vicio.

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