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Joaquín Rábago

Londres no ha hecho nunca ascos al dinero ruso

Hace tiempo que a la capital británica se la conoce jocosamente como Londongrado por todos los capitales de origen ruso que han encontrado refugio en ese país y los numerosos paraísos fiscales de la Corona británica.

El Reino Unido no ha hecho nunca ascos al dinero ruso, ni siquiera después del envenenamiento en Salisbury por agentes rusos del espía doble Serguéi Skripal y su hija Yulia, suceso del que Londres culpó directamente el Kremlin.

Oligarcas muy próximos al presidente ruso, Vladimir Putin, pero también otros que han roto en algún momento con él, encontraron allí terreno abonado para las millonarias inversiones financieras.

Se trata de empresarios salidos en su mayoría de los círculos de poder soviéticos que aprovecharon la campaña de privatizaciones tras la disolución de la URSS para adquirir a precios de saldo activos relacionados sobre todo con la minería, el gas y el petróleo.

Muchos compraron en Gran Bretaña lujosas propiedades, que hicieron que se disparara, sobre todo en Londres, el precio de los bienes raíces y convirtieron a esa ciudad en una de las más caras del mundo.

En 2018, un comité del ministerio de Asuntos Exteriores británico publicó un informe significativamente titulado El oro de Moscú: corrupción en el Reino Unido.

Se refería al hecho de que el dinero ruso lleva años engrasando los engranajes de la política, de la economía e incluso de la filantropía del país.

Sólo desde que el tory Boris Johnson llegó al número 10 de la calle Downing Street, su partido ha recibido unos 2.4 millones de libras esterlinas en donaciones de personas vinculadas a Rusia.

Según el conservador Tom Tugendhat, presidente del comité que elaboró el mencionado informe, Londres no se ha tomado nunca en serio la lucha contra el blanqueo de capitales.

Los sucesivos Gobiernos británicos, y no sólo el actual de Boris Johnson, prefirieron hacer durante mucho tiempo la vista gorda y permitieron que el dinero ruso actuara en el país como factor de corrupción.

La organización Transparencia Internacional calcula en 6.700 millones de libras esterlinas el dinero de oscura procedencia invertido desde 2016 en propiedades en el Reino Unido. De ellos, 1.500 millones pertenecen a oligarcas rusos acusados de corrupción o con vínculos con el Kremlin.

Según el periódico The Observer, cerca de 30.000 propiedades, incluidas mansiones de las elites rusas, están registradas a nombre de empresas o individuos con residencia fiscal en las Islas Vírgenes Británicas aunque se desconocen los nombres de la mayoría de los propietarios.

Uno de los mayores y más conocidos inversores rusos en el país es Román Abramóvich, ciudadano con pasaporte también israelí, cuya inmensa fortuna procede principalmente del petróleo y que es propietario desde 2003 del Chelsea, club de fútbol de primera división.

Otro es Alexander Lebedev, exagente del KGB en la época soviética, que se hizo en 2009 con el vespertino londinense Evening Standard. Lebedev es ciudadano británico y ha sido incluso elevado a la Cámara de los Lores.

Destaca también Lubov Chernujin, exbanquera rusa, que tiene doble nacionalidad, estuvo casada con un viceministro de Finanzas de su país y a la que se considera como la mayor donante individual del Partido Conservador en toda la historia del Reino Unido: más de dos millones de libras en ocho años.

Los oligarcas rusos emplean en su país de adopción a todo un ejército de abogados y personal de servicio, mandan allí a sus hijos a la Universidad o al colegio y, llegado el caso, se divorcian ante tribunales británicos.

Todo ello ha sido posible gracias a la llamada Golden Visa (visa de oro), introducida en 2008 por un gobierno laborista para atraer inversores extranjeros a raíz de la crisis financiera global.

La pasada semana se suspendió finalmente, por «problemas de seguridad y de corrupción», ese polémico programa que garantizaba permiso de residencia a los multimillonarios de todo el mundo, siempre según el monto de su fortuna.

El programa destinado a sustituirlo será de puntos y tendrá en cuenta, según el ministerio británico del Interior, no sólo la cantidad que el multimillonario extranjero esté dispuesto a invertir sino también que ese dinero que entra no sea sólo especulativo sino que pueda crear empleo.

El Reino Unido ha sido uno de los primeros en enviar armas a Ucrania para su defensa, pero ¿no es hora ya de que corte sus lazos con el dinero sucio ruso?

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