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con la historia

La Purísima Concepción contra la peste

Aunque cuando es fiesta no solemos hacer demasiadas preguntas, no sea que alguien se lo pensara mejor y tocara trabajar, si hay curiosidad por saber por qué el día de hoy aparece de color rojo en el calendario, se descubrirá una historia en la que teología y monarquía se entrelazan para ofrecer un buen ejemplo de cómo el poder y la religión se retroalimentan.

La Virgen de la Inmaculada, con las llaves.

Este miércoles se celebra la Inmaculada Concepción de la Virgen María. Sus padres, Santa Ana y San Joaquín, eran demasiado mayores para poder concebir descendencia, pero después de rezar a Dios, se les apareció un ángel para anunciarles que tendrían una hija. Y efectivamente, nueve meses más tarde, el 8 de septiembre, nació María (por eso ese día se dedica a la Virgen). Y si se llama Inmaculada o Purísima es porque la niña llegó a este el mundo sin la mácula del pecado original (o sea, sin que los padres hubieran tenido una relación sexual para engendrarla).

Desde los primeros siglos del cristianismo, en las tierras de la Corona de Aragón siempre tuvo muchos devotos. De hecho, quien hoy se acerque a la Catedral de Barcelona podrá visitar su capilla. Los más observadores se darán cuenta de que la imagen aguanta unas llaves. Las tiene en sus manos desde que los miembros del Consell de Cent (el gobierno municipal de entonces) se las entregaron en julio de 1651 para que detuviera la peste.

La enfermedad había entrado en la península ibérica desde València procedente del norte de África en 1647 y avanzaba inexorablemente. En la capital catalana se declararon los primeros casos oficiales el 8 de enero de 1651. Empezaba así la peor epidemia desde la Peste Negra de 1348. Según los cálculos mató a 30.000 barceloneses, o sea, el 30% de la población de la ciudad.

En esos momentos, la situación del Principado de Catalunya era desastrosa. En 1640 había estallado la Revuelta de los Segadores, y después se había aceptado la protección de la corona francesa para hacer frente al rey Felipe IV. Las tierras catalanas se convirtieron en un campo de batalla y Barcelona era el gran objetivo de las tropas castellanas que, encabezadas por Juan José de Austria -uno de los hijos del rey- la asediaron desde agosto de 1651.

Entonces ocurrió algo sorprendente: la peste empezó a remitir y se atribuyó a una intercesión de la Purísima, que llaves en mano, había protegido las puertas de la muralla de la ciudad no solo del mal contagioso sino también del enemigo. Aquello dio fuerzas a los sitiados, que resistieron durante meses, pero en la primavera de 1652, la situación empezó a empeorar en todos los sentidos: los austrias fueron conquistando el territorio catalán mientras los franceses se retiraban y, encima, la peste repuntaba. Finalmente, el 2 de octubre de 1652, Barcelona se rindió ante Juan José, que fue nombrado virrey de Catalunya.

La ciudad estaba devastada, pero a diferencia de lo que ocurriría en 1714, en aquella ocasión la corona castellana no llevó a cabo una represión militar contundente sino que intentó influir en la población local de otras formas. Con la colaboración de la alta nobleza y de la jerarquía eclesiástica, que le eran favorables, promovió la organización de celebraciones en honor a la Inmaculada.

La historiadora Alma Reza, que ha investigado la Barcelona del siglo XVII, ha localizado infinidad de estampas y grabados dedicados a la devoción de la Purísima Concepción entre 1652 y 1662, y en muchos casos la imagen de la Virgen va acompañada de la efigie del rey e, incluso, de unos versos dedicados a elogiar el fervor por el culto a la madre de Dios por parte de Felipe IV y de sus predecesores en el trono. A pesar de la grave situación en la que se encontraba la ciudad, se emplearon muchos recursos en aquellas celebraciones que iban más allá del ámbito religioso.

En la zona del Born había espectáculos de fuegos artificiales y pirotecnia, mientras las calles principales se iluminaban con luminarias compitiendo para ver cuál era más vistosa. No es de extrañar que tradicionalmente el 8 de diciembre se considerase el inicio de las fiestas navideñas, con permiso de Santa Lucía, que celebra su onomástica el día 13.

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