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Juan Pedro Rivero González

SANGRE DE DRAGO

Juan Pedro Rivero González

«Improvisar sugiere darle poco valor»

Están de moda los experimentos sociales ante las cámaras. Se entrevista a varios sujetos sobre un mismo tema y luego se combinan sus respuestas confrontándolas con un elemento que se introduce en el cuestionario a la mitad de la entrevista.

El último que he visto es un estudio hecho a parejas que estaban próximas a celebrar su boda. Les preguntaban por su objeto de preocupación en ese momento, al dar ese paso. El banquete, los invitados, el estudio fotográfico, el traje, y un largo etcétera se convertían en el objeto primario de su preocupación. Ninguno planteó cuestiones vinculadas a la felicidad mutua y a este paso definitivo y cargado de compromiso serio.

Ya sabemos que las personas que asumen el matrimonio, sea este civil o religioso, no alcanzan ni de lejos el 50% de las parejas. Solo unos cuantos héroes son capaces de reconocer el bien social que generan los vínculos estables. Es un bien público que, como tal, debería estar defendido y protegido por quienes son garantes del bien común público. Pero lo hagan o no lo hagan, lo que nadie duda es que para los hijos la estabilidad de la pareja es un valor añadido. La experiencia de los docentes sería bueno contrastarla.

La convivencia matrimonial bien merece un esfuerzo de cuidado y protección. Hay muchas herramientas que se pueden utilizar para superar las normales dificultades y para tener una vida matrimonial sana y feliz. No debería dejarse enfriar el vínculo matrimonial hasta que no quede más remedio que acudir a la mediación familiar. Antes hay medios de orientación, acompañamiento, intervención, superación de la crisis, profundización de la convivencia, acompañamiento en especiales situaciones, que deberían ser incorporadas con normalidad al fluir de la convivencia.

Al médico solemos ir a que nos haga un seguimiento rutinario, o un analítica de control, aunque sintamos que estamos con buena salud. Revisamos el coche con control ordinario, o para la ITV periódica, aunque esté fenomenal. Cuidar y cuidarnos es parte necesaria de la vida ordinaria. Y buscar ayudas oportunas puede ser una manera de darle importancia a lo más importante.

Lo más importante del día de la boda no son las fotos. Estas serán un bonito recuerdo al que volver para hacer memoria. Pero la experiencia mutua de prometer amor fiel y permanente es un paso que bien merece ser preparado con tanto esmero como lo es el banquete o la lista de invitados.

En un estudio sociológico como el que he visto se hecha de menos que alguien dijera que estaban ultimando el proyecto de vida común, que estaban eligiendo un grupo de acompañamiento o un centro de orientación familiar, para alcanzar la felicidad que mutuamente se desean hasta que la muerte les separe.

Las cosas importantes, aunque se trate de unos cuantos héroes-friquis, que han decidido ser tan raros para asumir un compromiso estable, una minoría extraña contracultural, revolucionaria y creativa, se deben preparar muy bien.

Improvisar sugiere darle poco valor.

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