29 de enero de 2020
29.01.2020
El observatorio

La regla de la cadena Reflexión sobre la ciencia y la Universidad

29.01.2020 | 00:33
Juan Luis Fernández

Catedrático Del Departamento De Matemáticas

La vida es muy peligrosa, no solo por los que hacen el mal, sino por aquellos que se sientan a ver lo que pasa.

(Einstein)

1. Recientemente un buen amigo me decía que debería escribir más sobre matemáticas para que creciese el amor por esta bonita disciplina. Le respondía yo, que no soy quizás la persona adecuada, porque soy un verso libre, y lo que veo a mi alrededor en la universidad española no me gusta nada: escuelas que han medrado sin ninguna conexión con la realidad. Investigan sin saber para qué: "ya lo utilizará alguien en el futuro", dicen, "y si nadie lo utiliza, tampoco pasa nada". Patético. Esta visión supremacista de la matemática tiene su origen en la secta Bourbakista, que en España hizo sin duda mucho daño. Nicolas Bourbaki nunca existió. Es el pseudónimo de un conjunto de matemáticos franceses, provenientes de l'École Nationale Superieure, que en los años 34-35 del siglo pasado crearon este colectivo, cuyo objetivo inicial fue imponer un poco de orden, y crear libros de texto para enseñar las matemáticas comme il faut (como es preciso). Muchos de ellos venían de la Universidad de Estrasburgo, es decir, de espíritu germánico. Mi buena amiga, la profesora Joëlle Riss, de la Universidad de Burdeos, me contaba en una reciente visita que hice al campus de Talence que su padre formó parte de dicho movimiento. "Tenían la impresión de que estaban haciendo algo histórico y perseguían la pureza", me decía. Pese a todo, con sus luces y sombras, en Francia, el nivel matemático de las Escuelas de Ingeniería hizo que la tecnología floreciese en contacto permanente con la matemática aplicada. En España la historia ha sido diferente, y el impacto de la investigación matemática en la innovación tecnológica ha sido muy limitado, viéndose las aplicaciones con desprecio y con recelo...

2. Y cuando algo se desconecta de la realidad genera engendros. Tradicionalmente no ha habido, como en otros países, conexión con las diferentes ramas científicas y la tecnología, quizás porque nadie lo ha exigido. Incluso muchos de aquellos que trabajan en matemática aplicada tienen una visión muy restringida, resolviendo problemas de juguete que nadie les ha planteado. Esta historia se repite a lo largo de la geografía patria, y sólo el BCAM, centro de matemática aplicada vasco, dopado con dinero patrio y talento internacional, se libra de esta visión, a mi entender, mediocre, siendo el resto casos aislados. Vivimos en el siglo 21 y actuamos como en el 19. Hay que dar paso a la multidisciplinariedad, erradicando esa falsa e interesada diferenciación entre lo fundamental y lo aplicado.

3. Todo está interconectado y la regla de la cadena sirve para determinar la tasa de cambio en magnitudes interdependientes. Por ejemplo, supongamos que el precio de la energía depende del precio del petróleo y de diferentes aspectos meteorológicos. Si disminuye el precio del petróleo o llueve mucho, esto impactaría a la baja el precio de la energía. Esto es así, salvo en España, que está todo el pescado vendido y los lobbies controlan la cadena.

Esta regla posee carácter local y no describe la dinámica global del sistema, que suele ser más complicada. En matemáticas se habla de no linealidades, que aparecen cuando no se cumple el principio de superposición, es decir la suma de los efectos parciales no coincide con el efecto total. Es una especie de caja B matemática, en la que se pierde parte de la entrada, o se amplifica. A los matemáticos les gusta lo lineal, donde no se pierde nada y todo es más controlable.

La falta de control tiene que ver con lo que se denomina mal condicionamiento o inestabilidad, aspecto fundamental en tecnología. Esto ocurre cuando pequeñas perturbaciones en la entrada hacen que varíe mucho la salida, y si no se controlan, el sistema puede saltar por los aires. Por eso hay que amortiguarlas, regularizar aplicando el 155, cargándose las altas frecuencias que sólo aportan ruido. No podemos permitir que el cáncer se convierta en metastásico, y que las células NK (asesinas naturales) actúen en connivencia. Entonces, ya no habría sistema inmune y todo sería cáncer. Esto ocurre en la Universidad cuando las autoridades académicas hacen la vista gorda.

Se necesita un rectorado con criterio, que como los jueces, deberían ser imparciales, y hagan que la tasa de cambio sea positiva. Para ello es necesario clarificar criterios y auditar resultados. Muchos confunden la falta de control con el caos y son cosas diferentes. El caos es la dependencia de las condiciones iniciales en los sistemas no lineales. En España, que somos un país lineal y maquiavélico, todo suele estar preconcebido, con una hoja de ruta que favorece a los mismos, que son aquellos que nos dan lecciones de patriotas y aparecen en el Hola.

4. Finalmente, la regla de la cadena me conduce a la idea de ecosistema y sus diferentes tipos de interacciones. Deberíamos favorecer las relaciones de simbiosis (ambos se benefician) que alientan el crecimiento. El comensalismo tampoco está nada mal, porque mientras uno de los intervinientes obtiene un beneficio, el resto no se perjudica. La competencia en un ecosistema con recursos limitados ocurre cuando dos especies explotan el mismo nicho, y la más competitiva elimina a la otra. La competición es buena cuando no implica eliminación sino priorización y mejora. En un sistema tecnológico innovador favorece que aquello que es original florezca y proteja al resto, porque lo cortés no impide lo valiente. Sin embargo, el nuestro es país de amensalismo, de creación de perjuicios, de influencias y de zancadillas, y también de parasitismo, porque no hay suficiente enjundia para ser depredador. Pero este tema será objeto de otros artículos que hablarán de la importancia de la diversidad en el ecosistema para la generación de riqueza. Quizás tengamos que aprender más del reino animal, y también del vegetal. Nunca es tarde si la dicha es buena. Nadie ha dicho que lo bonito sea fácil, y menos evidente.

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