01 de noviembre de 2019
01.11.2019

La mente moderna

31.10.2019 | 23:46
Daniel Capó

La transformación de la mente moderna (Ed. Deusto) es el título que Jonathan Haidt y Greg Lukianoff han dado a su último libro. En él nos hablan de un cambio que se produce ante nuestros ojos día tras día en todas las facetas de la vida. ¿Se encuentra más o menos polarizada la sociedad que hace unos años? ¿Se ha incrementando o ha disminuido la libertad de expresión, ya sea en las universidades, los colegios o en los medios de comunicación? ¿Cómo afecta el uso de redes sociales a los jóvenes y adolescentes? ¿Es cierto que somos más frágiles, toleramos peor las decepciones y aumentan las tasas de depresión y ansiedad, especialmente entre las mujeres? ¿Cabe pensar -como afirman en el libro Haidt y Lukianoff- que la combinación de buenas intenciones y malas ideas está condenando al fracaso a toda una generación? Un buen número de preguntas que debemos responder si no queremos caer en la perplejidad ciega y maniquea de la adolescencia. La vida adulta, claro está, es otra cosa.

Haidt y Lukianoff nos hablan desde la psicología -que es como hacerlo desde la conciencia- de la importancia de las ideas sobre nuestra realidad. Y se refieren a tres grandes falsedades que se han impuesto en la sensibilidad contemporánea: la falsedad de la fragilidad, la falsedad del razonamiento emocional y la falsedad del nosotros contra ellos. En el primero de los supuestos, la sobreprotección que busca evitar cualquier desafío potencialmente dañino para nuestros hijos (desde una lectura considerada inquietante por la corrección política hasta el juego libre en los parques o en las calles) termina por debilitar todo nuestro conjunto de referentes morales, haciéndonos irritables y sectarios ya a edades muy tempranas. El segundo supuesto, que apela a la confusión entre los motivos sentimentales y la razón ilustrada, nos sugiere que conviene escuchar a la inteligencia emocional pero siempre desde una prudente distancia. "Lo que de verdad nos asusta y nos consterna -explican los autores citando a Epicteto- no son los acontecimientos externos en sí mismos, sino la forma en que pensamos sobre ellos. No son las cosas las que nos perturban, sino la interpretación que hacemos de su importancia". Así es, como en un bucle melancólico, lo que pensamos y como lo hacemos construye realidad, muy a menudo en contra de nuestros intereses. El tercero de los supuestos es directamente el maniqueísmo incapaz de percibir los matices en la actitud de las personas. Es el tribalismo ancestral que reaparece tan pronto como disminuyen nuestras reservas cognitivas y acudimos al calor del grupo.

Que los autores se hayan centrado básicamente en lo que ha venido sucediendo en los campus americanos en estos últimos años no significa que no podamos trasladar estas dinámicas culturales a otros ámbitos. La política y las calles de España, por ejemplo, están polarizadas como nunca antes desde 1978. El malestar crece a pesar de que la historia de nuestro país desde la instauración democrática es un relato de éxito. Europa y la modernidad, sin embargo, no nos han protegido de las patologías de la modernidad que con tanto acierto se diagnostican en este libro. No son las únicas causas, por supuesto -tampoco era ese su objetivo-, pero sí los motivos que acompañan a la crisis actual y la magnifican: la fragilidad de los ciudadanos, su hipersusceptibilidad y el maniqueísmo como marco de pensamiento.

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