09 de octubre de 2019
09.10.2019

Gracias a usted, y a los suyos

09.10.2019 | 02:04
Ramiro Cuende Tascón

Tuve que llegar al Meridiano Cero en la isla de El Hierro, para ver con claridad la trascendencia del juicio que considero el más importante de la historia de España democrática. Este episodio empezó hace muchos años. Lo curioso del cuento es que todos han caído en la misma trampa. Los de una parte, hay que aclararlo, porque los de la otra, directores de la plebe del otro lado siempre han jugado con cartas marcadas. Hoy lo vivimos en tiempo real, vemos la mugre y la cárcel mucho más cerca.

Primero fue Azaña con Companys. Su fe en la autonomía de Cataluña fue traicionada cuando Lluis Companys proclamó "el Estado Catalán dentro de la República Federal Española" desde el balcón de la Generalitat, el 6 de octubre de 1934. Poco después el bueno de Azaña se llevó otro chasco, al inicio de la Guerra Civil, Companys se puso de perfil dando la espalda al legítimo Gobierno de la República.

Durante la dictadura Cataluña sostuvo una actitud camaleónica, basta con echar un vistazo a la hemeroteca para comprobarlo, miedo, sumisión y pelas. Incluso actos con aclamaciones al Caudillo en el Nou Camp. "Cosas veredes amigo Sancho que non crederes"?

Superada la prueba, llegó don Adolfo Suárez, un ejemplo. La reclamación del retorno de Tarradellas y de un nuevo Estatuto la apoyaban entonces todos los partidos, excepto AP. Los actuales dirigentes catalanes solo buscan una amnistía fiscal que limpie todas las rapiñas del Tirano Banderas catalán, su esposa, sus niños, y amiguetes de la cueva. Los otros, la anarquía.

Luego Felipe González, tres años después del sobreseimiento del caso Banca Catalana, todavía le doy vueltas al asunto, el PSOE renovó su mandato con el apoyo de CiU. Un pacto que terminó como consecuencia de la negativa de Pujol a apoyar los presupuestos socialistas ¡Ay Jordi!, siempre con la mano tendida a cualquier payés que se ponga a tiro, y hacer de egipcio. No se le ha escapado una.

Después Aznar, de la necesidad virtud, gobernó con el apoyo de los nacionalistas catalanes y vascos y pasó de un discurso cruel contra los nacionalistas a hablar catalán "en la intimidad". Lo cual me parece bellísimo, es más, le escuché decir que es una de las expresiones más completas y perfectas desde el punto de vista del lenguaje. Sigue viviendo en el Pacto del Majestic del 96: "Fue un acuerdo muy positivo para España y muy bueno también para Cataluña, el mismo asentó la recuperación, el crecimiento y el empleo, adquirió credibilidad y proyección internacional del país". ¡Qué cruel es la historia!

Llegó Rajoy, y mandó a parar. Mariano solicitó un referéndum al Gobierno socialista de ZP "el maligno", en una época en la que el debate se centraba en el Estatut, decía: "Señorías, ante una demanda tan legítima, tan en razón, con un respaldo tan vigoroso, no podemos ni siquiera imaginar que un gobierno democrático se oponga y la rechace". Y añade: "Esta es la voz de los ciudadanos, señorías, y es muy fácil escucharla y conviene hacerlo". Luego la lio en el Constitucional con sus 4 millones de firmas.

Con la sentencia del Constitucional sobre el Estatut de 2006, que fue hecha pública en 2010, vuelta la burra al trigo, con una importante diferencia, pasado el tiempo el mundo de la política ha cambiado, sobra palique y rufianes. Lo peor, faltan estadistas de talla.

¿Un ejemplo? Para no hablar del coleta, Ignacio Cosido, portavoz del PP en el Senado, un bocazas. Lo que es no conocer al magistrado Marchena para decir por WhatsApp a sus correligionarios que con él iban a controlar la Sala Segunda, la de lo Penal, donde están todos y de todas clases en fila india para recoger sus sentencias por ventanilla. El caballerete, dicho con todo respeto, vino a decir a los suyos que se echaran al monte, que controlado el Supremo tras las bambalinas, Castilla y la Piel de Toro volvían a ser, no solo anchas, aún peor, un coto abierto al latrocinio. ¡Pero! Claro no contó con la dignidad y honestidad de un ser humano donde los haya, el excelentísimo señor don Manuel Marchena López, un hombre con un corazón que late bien. Orgulloso de ser quien es, adora a su familia y amigo de sus amigos. Único entre los suyos; sabio, culto, humilde, responsable, ético, un nota en toda regla, disculpe Señoría. No me vaya a recordar las generales de la Ley, era dicho con sumo respeto.

Pienso que es consciente, pero su sencillez no le permite considerarse el adalid que necesitaba este país, España, que paso a paso perdía la confianza en sus poderes y en algunas de sus instituciones, y aún peor dudar de ellas. Nuestra política, con sus decepcionantes protagonistas, incapaces de pensar en España, salvo algún despistado. De ahí que la decisión de Marchena de mostrar públicamente su "decidida voluntad de no ser incluido, para el caso de que así fuera considerado, entre los candidatos al puesto de presidente del Tribunal Supremo y del CGPJ" haya cambiado la partida, y más importante para el pueblo llano que conoció a una persona normal. Alguien honesto, que sabía que se enfrentaba al juicio del procès, a presidirlo en abierto para que nadie tuviera dudas de los magistrados de nuestro país, que iban a ser observados por el mundo. No se prestó al pasteleo al uso.

No era nada fácil la papeleta, ni lo es, todavía no ha acabado, pero él y sus compañeros de tribunal nos han levantado el ánimo, nos han devuelto algo de la confianza perdida, y nos han hecho volver a sentir orgullo de ser lo que somos, españoles. Se nos ha colado en casa por la ventana de la tele y ha sido un placer escucharlo y aprender que es posible si se tienen ganas de cumplir.

Ya queda menos. Solo me queda decirle gracias.

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