15 de junio de 2019
15.06.2019
A BABOR

El pacto de Schrödinger

15.06.2019 | 08:40
Francisco Pomares

La paradoja de Schrödinger es un experimento imaginario que fue concebido a mediados de la década de los 30 del siglo pasado, por Erwin Schrödinger, un físico austríaco, que quería exponer una de las interpretaciones más difíciles de aceptar de la mecánica cuántica. Schrödinger ideó un sistema integrado por una caja cerrada y opaca con un gato en su interior, conectada a un recipiente cargado con gas tóxico y un dispositivo que contiene una única partícula radiactiva, cuya posibilidad de desintegrarse en un tiempo concreto es del 50 por ciento. La idea es que si la partícula se desintegra, el veneno se libera y el gato la palma. De esa forma, cuando concluye el plazo para que el dispositivo se haya activado, la posibilidad de que el gato este vivo es del 50 por ciento, y lo mismo de que este muerto. Para la física cuántica, hasta que se abra la caja, la descripción correcta del sistema será la superposición de ambas posibilidades: el gato está vivo y muerto al mismo tiempo, y sólo una vez que se abra la caja estará vivo o estará muerto el gato. [Nota: si todo esto le resulta muy complicado, vuelva a empezar a leer desde el principio. Descubrirá lo que es una interpretación contraintuitiva, y seguirá probablemente sin entender una higa].

Ocurre que al pacto de Gobierno de Canarias -sea del color que sea el gato- le pasa en estos momentos algo parecido, que a pesar de los vaivenes de ayer tarde, está vivo y está muerto al mismo tiempo (o está muerto y está vivo), y seguirá así, hasta que esta mañana de sábado se abran las cajas de la elección de los alcaldes y podamos comprobar si está vivo o muerto y qué pacto es, porque a lo peor en vez de encontrar Antona y Clavijo en la caja el gato que habían metido, se encuentra con una liebre de tiesas orejas. Por eso, la cuántica podría ayudarnos a entender el estado actual del pacto de Gobierno pergeñado por Antona y Clavijo mucho mejor que las interpretaciones periodísticas sobre defecaciones de mosca y posos de café con las que les hemos malentretenido en estos días: el paso de una superposición o duplicidad de estados (pacto muerto y pacto vivo) a un estado definido (pacto muerto o pacto vivo) es el resultado y consecuencia del proceso de medición, de cómo medimos lo que nos encontremos al abrir la caja. Sabremos el estado real del pacto de Gobierno cuando contemos una a una las elecciones de alcaldes. Curiosamente, aunque lo más importante en juego hoy son las presidencias del Cabildo, estas no ayudan en el proceso de medición, porque la elección es automática en los Cabildos. Es más -rizando el rizo-, si cada presidente o presidenta de Cabildo fuera hoy un gato, no podríamos saber si está vivo o muerto hasta ver qué pasa en los ayuntamientos, con la excepción evidente del gato gomero, que está más que vivo y coleando (dicho sea esto sin segundas).

El hecho real es que con la información de que se dispone cuando este artículo sale a la velocidad de la luz en dirección al periódico, no puede predecirse el estado final del sistema, lo que en materia de pactos significa que aún es pronto para saber qué encontraremos al abrir la caja conectada al venenoso gas de los rumores interesados, comentarios de pasillo, y notas de los partidos: podemos intuir la probabilidad de obtener al final algún resultado (puede que no sea el esperado), pero la naturaleza del proceso para determinar cómo se ha llegado a ese resultado seguirá resultándonos una impenetrable incógnita.

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