19 de abril de 2019
19.04.2019
Gentes y asuntos

Javier Muguerza

20.04.2019 | 10:30
Javier Muguerza

En algunos periodos de la posguerra, la Universidad de La Laguna se liberó de los estigmas y sambenitos que el centralismo franquista colgó en las periferias -y, de modo sangrante, en los territorios más deprimidos- y se abrió a las inquietudes sociales y culturales, y fue un inédito espacio de libertad y debate; y algunas aves de paso -docentes que estrenaron plaza en Canarias- alumbraron con su sabiduría, competencia y compromiso los oscuros estertores de la dictadura.

Alumno de Ferrater Mora y López Aranguren y ayudante del segundo en su Cátedra de Ética de la Complutense, Javier Muguerza Carpintier (1936-2019) vivió cinco años en Tenerife y fue un nombre ilustre asociado a la transición política, que unió en la vocación de cambio a partidos y sindicatos clandestinos, círculos universitarios, colegios profesionales, grupos culturales y personalidades independientes.

Titular de la Cátedra de Fundamentos de la Filosofía, fue un docente carismático a quienes los discípulos en las aulas y los amigos en tertulias abiertas, debemos el renovado interés por las reflexiones sobre la esencia, cualidades, causas y efectos de los hechos naturales sobre el hombre y el universo; eso es la Filosofía, a la que Muguerza exigió salir de sus ámbitos elitistas y convertirse en un instrumento útil para organizar éticamente la convivencia de distintos, para relacionar, al fin, la teoría y la praxis.

En el año de su despedida canaria, publicó La razón sin esperanza (Taurus, 1977) su libro más celebrado y el que, desde entonces, lo situó entre los notables pioneros del pensamiento analítico. Catedrático de Ética y Sociología en la Autónoma de Barcelona, en Madrid dirigió el Instituto de Filosofía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y, en simultáneo, la Cátedra de Ética en la UNED. En 1990 fundó Isegoría, revista de Filosofía Moral y Política y, en 2007, en una ceremonia que reunió a muchos de sus afectos de antaño, fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad lagunera.

A su inspiración y desvelos debemos la recuperación de la figura y la obra de Inmanuel Kant y la visualización panorámica del pensamiento europeo contemporáneo, con la desacralización de los pensamientos hegemónicos y el veto consecuente a sus pretendidos sustitutos.

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