Traición en los servicios secretos

La CIA trataba de instalar ojos y oídos en el interior del CNI

La captación de dos agentes del CNI obedecía no a una búsqueda de secretos de actualidad política o militar, o de alguna operación en curso, sino a una siembra de confidentes, estiman fuentes próximas al caso

Agentes de la Guardia Civil, ante la Embajada de Estados Unidos en Madrid.

Agentes de la Guardia Civil, ante la Embajada de Estados Unidos en Madrid. / EFE

Juan José Fernández

No se trataba de un asalto momentáneo o de corto plazo. El espionaje norteamericano intentaba tener en el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) una pequeña presencia de ojos y oídos permanentes para cuando necesitara utilizarlos más allá de la colaboración entre aliados, según los indicios de la investigación que se sigue por el robo de información clasificada en el servicio secreto español.

La captación de dos agentes del CNI, uno de ellos mando medio del centro, obedecía no a una búsqueda de secretos de actualidad política o militar, o de alguna operación en curso, sino a una siembra de confidentes, estiman fuentes próximas al caso. Es una práctica agresiva que la CIA suele llevar a cabo contra la inteligencia de otros países.

No existe un inventario de la información robada, y es poco probable que ese listado llegue nunca a completarse. Defensa está acotando aún el volumen de información a la que pudieron acceder los dos agentes procesados y, por lo tanto, cuánta pudieron pasar a Estados Unidos. Los secretos robados, en cualquier caso, solo pueden ceñirse a una materia y no al resto de las muy diversas que investiga el Centro. En el CNI los equipos trabajan en investigaciones estancas, y solo la directora secretaria de Estado, Esperanza Casteleiro, y un grupo reducido de altos cargos tienen acceso a información transversal que rompa esa compartimentación.

Sin extorsión

Esta pasada semana trascendió la detención por la Policía de los dos agentes. Fue en septiembre, tras una denuncia del Centro Nacional de Inteligencia a la Fiscalía. Uno de ellos es un veterano y jefe de área del CNI. Su área está adscrita a la Dirección de Inteligencia, y no a otras (jurídico, personal…) que pueden tener conocimiento transversal de trabajos de los espías españoles.

Este jefe de área permanece encarcelado en un centro penitenciario madrileño. El otro implicado está en libertad con cargos. Era subordinado del primero, captador de información en un puesto básico de la escala del CNI, pero estrecho colaborador de su jefe. Ambos fueron detenidos el mismo día sin que se lo esperaran, muy poco tiempo después de que el espionaje español pusiera en manos del fiscal los indicios que había reunido. La detención se aceleró para evitar filtraciones que los pusieran a la fuga.

Aunque el cohecho o posibles contraprestaciones por la información no estaban en la denuncia inicial llevada a la Fiscalía, sí se sabe hoy en la investigación que los dos agentes recibieron dinero, si bien no trasciende la cuantía, pues parte de los pagos se habrían realizado en metálico para dejar el menor rastro posible.

La CIA pudo tomar nota de las necesidades económicas de al menos uno de los dos captados. En la investigación, señalan las fuentes consultadas, se ha descartado la extorsión o que los dos procesados fueran forzados a cometer traición.

Demasiada curiosidad

Al comienzo del verano pasado encendió las alarmas un sistema de control interno de robo de información que tiene implementado el CNI desde que, hace 13 años, fuera descubierta la captación por Rusia del agente Roberto Flórez.

Los dos procesados de ahora trataban de hacerse con información de un asunto que les es ajeno. Cometieron además otro error, según las fuentes cercanas al caso: pudieron preguntar a compañeros por ese asunto, levantando en ellos una automática suspicacia. En el CNI, la estanqueidad informativa entre equipos es una norma con pocas excepciones, de manera que, por ejemplo, los agentes que siguen la situación de un país concreto no saben en qué trabajan sus compañeros que observan otro, ni unos ni otros saben qué información recaban y analizan los que se dedican a un sector determinado de interés.

Los servicios de Asuntos Internos del CNI investigaron no solo a estos dos agentes, también a varios más hasta delimitar a los autores del supuesto robo de información. Los dos procesados limitaban los contactos físicos, presenciales, con su nuevo patrón, por ser cada cita física un momento crítico de seguridad. La investigación interna del CNI, que se inició al comienzo del verano pasado, ha tenido que superar numerosas medidas de seguridad que los dos inculpados interponían para no ser detectados, conforme a la formación que habían recibido. La CIA no tuvo tiempo de proporcionarles vía para escapar de España.

Dinero privado

En la investigación de este caso, según fuentes ajenas al CNI, se valora también la intervención de capital privado norteamericano en el proceso de seducción y reclutamiento de los dos espías españoles.

Muy pocas personas en la actual arquitectura de seguridad de España pueden ahora atisbar qué buscaba Estados Unidos al tratar de implantar esta tumoración en el CNI. “La mayor parte de las veces, un servicio secreto extranjero actúa como el buscador de oro que pasa el agua del río por su cedazo”, explica a El Periódico de Cataluña, del grupo Prensa Ibérica, una fuente de la Seguridad del Estado.

España y Estados Unidos no comparten toda la información que tienen. Es habitual en las relaciones de todos los servicios secretos entre sí. No hay aliados en el mundo de la inteligencia, solo confluencias de intereses en determinados momentos o épocas. Tampoco hay colaboraciones absolutas, pues eso afecta a la soberanía de los estados; dos servicios amigos pueden compartir información, pero nunca toda.

España y Estados Unidos son países amigos en la mayor parte de aspectos geoestratégicos, pero también rivales en campos como la influencia en Iberoamérica (Cuba, Venezuela, Argentina, México...), la industria de Defensa (Raytheon ante Indra, Lokheed ante Airbus…) o el negocio de las telecomunicaciones y los satélites.

En ese marco se encuadra la tibia reacción del Gobierno. Son tres las expulsiones de espías norteamericanos exigidas por España, de las que dos han trascendido hasta ahora. La ministra de Defensa, Margarita Robles, y el titular de Exteriores, José Manuel Albares, han recibido la misma explicación de la embajadora de Estados Unidos en España, Julissa Reynoso: que ella no conocía ninguna instrucción de infiltrarse en el CNI.

Precedente alemán

Esa explicación alienta la sospecha de que esta captación y robo de secretos pudiera ser una orden hostil para España impartida en tiempos de la administración Trump -sin perjuicio de que lo haya sido también del gobierno Biden- pero fuentes de Defensa lo descartan: aunque la CIA pudo tender sus redes sobre los dos agentes españoles gobernando Donald Trump -se desconoce en qué momento, 2018, 2019, 2020... la seducción pasó a ser captación-, la CIA y la NSA (Agencia de Seguridad Nacional estadounidense) siembran confidentes como procedimiento ordinario a través de sus SCS (Special Collection Services) y sin dar cuenta necesariamente a la autoridad diplomática.

El ejecutivo español trata de mantener controlado el fuego, y no encrespar la relación con Estados Unidos. El pasado día 7, la ministra Robles subrayó ante los medios que “Estados Unidos y España son países amigos, socios y aliados” y que este incidente de espías “en ningún caso influye en las relaciones que tenemos”.

Hasta el momento, el gobierno español ha dado una respuesta de parecido nivel al que dio el ejecutivo alemán en un caso similar, si bien el segundo sin expulsiones inmediatas. En mayo de 2021, las revelaciones del agente americano fugado Edward Snowden sacaron a la luz que la NSA había estado escuchando los teléfonos de la canciller Angela Merkel y su ministro de Defensa, Frank-Walter Steinmeier durante el año 2013. El caso fue conocido por la contrainteligencia alemana, y Merkel se quejó personalmente al presidente norteamericano Barak Obama.