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Naufragio

El Pitanxo dará su versión: la Ciaim ultima la licitación para bajar al pecio

Requerirá de un buque nodriza con un dron submarino | El informe preliminar deberá estar listo para el 15 de febrero

El ROV 'Deep Discoverer', en una expedición en el Golfo de México. NOAA

El Katmai fue un pesquero de 20 metros de eslora que, un 18 de febrero de 1972, partía de la costa de Alabama con destino a Anchorage (Alaska). Nunca llegó. No volvió a saberse nada de los tripulantes: el armador Oskar Joos, su esposa, el hijo de ambos, de ocho años, y el marinero Clinton Hollevoet. El misterio se resolvió cuarenta años más tarde, cuando una misión liderada por el Gobierno federal (a través de la Bureau of Ocean Energy Management), en colaboración con la Schmidt Ocean Institute, logró localizar el pecio. Yacía a 2.700 metros de profundidad, fuera de las 200 millas jurisdiccionales norteamericanas.

En el caso del Villa de Pitanxo, el pesquero naufragado en aguas del caladero de Terranova el 15 de febrero, no existe ese componente de misterio acerca de la localización del buque. Se sabe con exactitud, gracias a la señal de radiobaliza, dónde fue engullido por el mar. Allí se desplazará un buque multipropósito, dotado de un dron (ROV, remote operated vehicle), para obtener pruebas que clarifiquen las causas del naufragio. La licitación, a cargo de la Comisión de Investigación de Accidentes Marítimos (Ciaim), se hará pública de forma inminente.

“Es cuestión de días”, apuntaron a Faro de Vigo, del grupo Prensa Ibérica, fuentes próximas a la investigación. En la misión deberán participar un buque multipropósito, dotado de equipos como un magnetómetro o sonda lateral –como los que tienen los oceanográficos– para hacer barridos con señales multihaz. Esta será la primera fase, la de la localización del pesquero. Será una tarea ardua, puesto que se trata de localizar un elemento de 50 metros –si no se ha partido– en el fondo del mar.

Aunque tanto la denominada caja azul como el AIS o la radiobaliza funcionaron con normalidad en el Pitanxo, y se tengan por tanto las coordenadas precisas del último punto desde donde se recibió la señal del barco, esto no significa que esté justo en posición perpendicular (en el fondo). Para ese trabajo de localización, las sondas aportarán distintos puntos de interés, que potencialmente podrían ser el pesquero, y tendrán que descartarse hasta dar con él. Aun cuando se culmine con éxito esta fase, el Pitanxo podría estar tumbado, deformado o partido por el impacto, o incluso rodeado de elementos que impidan el acceso o los trabajos de grabación.

La inspección ocular

En la segunda fase entrará en acción el ROV, que irá unido al buque multipropósito (nodriza) a través de una especie de cordón umbilical. Como apuntó ya la Ciaim, este dron deberá estar “dotado de cámaras para examinar distintos aspectos del buque, sus equipos, de las artes de pesca y del fondo marino, que puedan resultar de interés para la investigación de seguridad”. El estado de las vías de desagüe, los cables de las maquinillas, las puertas de arrastre o la disposición del propio aparejo contribuirán, previsiblemente, a arrojar luz sobre el mayor siniestro en el sector pesquero español desde el Marbel (1978). De los 24 tripulantes que iban a bordo aquella noche, solo sobrevivieron tres. El acceso al interior del pesquero, como a los camarotes o sala de máquinas, requeriría de un dispositivo vinculado al ROV, más pequeño. De cualquier modo, las posibilidades de éxito serían reducidas.

Como quiera que la Ciaim ha encargado una reconstrucción del siniestro en la enorme alberca del Centro de Experiencias Hidrodinámicas de El Pardo (Cehipar), y que todavía no hay fecha para bajar al Pitanxo, no podrá entregar un informe definitivo sobre las causas del naufragio para el 15 de febrero, como estipula la normativa. Eso sí, la directiva europea permite entregar un documento preliminar, que sí será dispensado por los técnicos para esa fecha.

“Padín dijo tras el rescate que no se hundió por parada de motor”

La defensa del patrón del Villa de Pitanxo, Juan Enrique Padín, entregó un informe pericial en la Audiencia Nacional que concluye que el barco fue a pique por una parada súbita de motor, descartando una maniobra negligente por su parte, como ha declarado el marinero superviviente Samuel Kwesi Koufie. La defensa de buena parte de las familias ha rebatido también las conclusiones de este estudio, encargado por el propio patrón.

“Que la causa del hundimiento del barco fue provocada por el embarre no lo dice solo Samuel, sino que, lo que es más importante, se lo dijo el propio Padín a los tripulantes del Playa de Menduiña Dos cuando fue rescatado”, apuntan a FARO fuentes de la representación jurídica de familiares. “Les dijo que la causa del hundimiento fue el embarre, el cual provocó la escora del barco y la entrada de agua por babor y por la popa hasta que el agua llegó a los motores provocando su parada”. “Versión que, por cierto, –zanjan las mismas fuentes– Padín cambió después de hablar por teléfono con sus armadores”, en referencia a la compañía Pesquerías Nores Marín.

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