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Internacional reaccionaria

El mapa ultra de Europa: así se propaga la extrema derecha por la UE

Los partidos de extrema derecha, conservadores y nacionalistas crecen en 16 de los 27 países de la UE, influenciando las políticas de todo el continente

Víktor Orbán y Matteo Salvini, en uan iamgen de archivo. EFE

"Después de nuestra victoria podréis alzar la cabeza y finalmente verbalizar aquello en lo que siempre habéis creído". En un alarde de sinceridad, la líder posfascista Giorgia Meloni arengaba así a sus seguidores pocos días antes de ganar las elecciones de Italia. Su victoria, por encima del 26% de los votos, es una embestida más de la oleada reaccionaria que pretende arrastrar a la Unión Europea (UE) hacia corrientes pardas.

La extrema derecha europea ha aprovechado las crisis de la última década para reagruparse, haciendo buenas las sombrías palabras que hace un siglo lanzó el filósofo Antonio Gramsci. “En este claroscuro surgen los monstruos”, advirtió. Aupadas tras el estallido financiero del 2008, formaciones ultraconservadoras y de corte fascistoide maquillaron su discurso para abandonar la marginalidad. Las cabezas rapadas dejaron paso a trajes y corbatas; el racismo biológico mutó en el chovinismo de “primero los de casa”; el Islam sustituyó al judío como enemigo común.

Con el nacionalismo identitario, la xenofobia y el rechazo a la UE como mínimo común denominador, partidos de distinto perfil explotaron el miedo –a la llegada de refugiados en 2015 y a la Covid en 2020— para poner pie en los parlamentos, adoptando distintas formas para adaptarse mejor a las realidades de cada país. Su cosmovisión se ha propagado con la complicidad de los partidos tradicionales e instrumentalizando tanto las redes sociales como los medios, atrapados en el incendio perpetuo de la economía de la atención. Ahora, sus expectativas florecen ante los vientos de una recesión económica y las turbulencias geopolíticas globales.

En 16 de los 27 países de la unión, las principales formaciones ultraconservadoras y populistas de derechas aumentaron los votos recibidos en las últimas elecciones, alcanzando cuotas de poder que hace una década parecían imposibles. En 15 superan los dobles dígitos en votos. El espejismo es ya un oasis para la llamada internacional reaccionaria.

Gobiernos reaccionarios

La punta de lanza ultra en el continente se alza desde Hungría y Polonia, los dos únicos países en los que la extrema derecha gobierna desde hace años con abrumadoras mayorías. Víktor Orbán, desde Budapest, y Mateusz Morawiecki, desde Varsovia, encabezan dos democracias iliberales que han asestado importantes golpes contra el Estado de derecho. Ambos ejecutivos han recortado libertades a las mujeres y a la comunidad LGTBI, han criminalizado la migración con una retórica islamófoba y están enmanillando tanto el sistema judicial como los medios de comunicación.

Otros países donde la extrema derecha gobierna como socios minoritarios de coalición son EstoniaLetonia y Eslovaquia, único miembro de la UE que, además, cuenta con presencia neonazi en su parlamento. Todos comparten una posición nacionalista, identitaria, tradicionalista y xenófoba. En 2013, el entonces líder ultra estonio Martin Helme resumió así su política migratoria: “Si eres negro, vete”. Suecia podría unirse a esta lista. Tras quedar segundos en las elecciones del 11 de septiembre, el partido ultra Demócratas Suecos – de orígenes fascistas y nacionalistas blancos—negocia su entrada en el ejecutivo. Así pues, Italia sería el séptimo país de la UE con presencia ultra en su gobierno.

Influenciar desde la oposición

Los ultras también tienen una presencia sólida en los cuatro mayores países de la UE. En Alemania, la extrema derecha irrumpió en el parlamento federal en 2017 por primera vez desde la reunificación, pero desde entonces se ha deshinchado tras aplicársele un cordón sanitario para aislar a la formación. En Francia, Marine Le Pen acarició el poder y su partido es la tercera fuerza del país. En Italia, la normalización de Silvio Berlusconi a los discursos más populistas y radicales abrió las puertas del poder a Matteo Salvini primero y a Meloni ahora. En España, Vox ha logrado en apenas tres años convertirse en la tercera fuerza parlamentaria, llegar al gobierno autonómico de Castilla y León, forzar el giro del PP a la derecha e influenciar la agenda política nacional.

En Finlandia y Eslovenia, la ultraderecha ya ha superado a los democristianos y lideran la oposición. En Bélgica es la segunda mayor fuerza. En Dinamarca y en Austria han retrocedido y son la tercera, pero solo después que los socialdemócratas daneses y los cristianodemócratas austríacos, ambos en el poder, mimetizasen su discurso. En República Checa y Países Bajos, se mantienen sobre el 10% rodeadas de partidos liberalconservadores. En Croacia, Portugal y Rumanía, nuevas formaciones ultra se catapultaron en las últimas elecciones y ya son la alternativa a las tradicionales.

Grecia, Chipre, Bulgaria y Luxemburgo son los países donde la extrema derecha ocupa una menor posición en sus parlamentos. Aún así, gobernar no es la única vía para que estas políticas ancladas en el pasado regresen al presente, pues su influencia ha servido para desplazar a la derecha la balanza de lo políticamente aceptable. Sin ningún diputado ultra, Lituania, Malta e Irlanda son las raras excepciones a este ascenso reaccionario cada vez más fuerte en la UE. De momento.

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