Un problema de peso

Canarias es la segunda comunidad autónoma con mayor tasa de obesidad infantil

El conflicto es más prevalente entre las familias que poseen menos recursos económicos

Un problema de peso

Un problema de peso / Adae Santana

Canarias es la segunda comunidad autónoma española con mayor tasa de obesidad infantil y sobrepeso. Y es que la prevalencia de estos problemas de salud entre los niños que residen en el Archipiélago se sitúa en un 35,5%, un dato que solo supera Murcia, que registra un 40%. En base a la información reportada por el último estudio de Alimentación, actividad física, desarrollo infantil y obesidad en España (Aladino), el 18,5% de la población infantil de seis a nueve años que está escolarizada en las Islas sufre obesidad, mientras que un 24,5% tiene sobrepeso. Ambas cifras rebasan la media estatal, que se encuentra en un 17,3% y un 23,3%, respectivamente. Ahora bien, según el mismo análisis, la obesidad es más prevalente entre los escolares que provienen de familias con niveles de ingresos bajos. El sobrepeso, en cambio, es más común entre los niños que proceden de hogares con una renta media

Desde septiembre, Save the Children alertó de que la inflación está empeorando la alimentación de la población infantojuvenil, sobre todo en los núcleos familiares que tienen menos poder adquisitivo. De hecho, más de 475.000 menores en el país no se pueden permitir comer, como mínimo cada dos días, un plato de pollo, carne o alguna otra proteína equivalente. El cómputo se ha incrementado casi un 19% en el transcurso de un año y, según la encuesta de Condiciones de vida, representa al 5,9% de los menores de edad del territorio. Este aumento del nivel de vida también se aprecia en productos básicos como el arroz, las frutas, las legumbres, las verduras y la leche. 

Otro apunte relevante es que el último informe Arope sitúa al Archipiélago como la segunda región con mayor proporción de personas en riesgo de pobreza o exclusión social, con un 36,2% de la población afectada por estas condiciones. 

«Teniendo en cuenta lo cara que está la cesta de la compra en Canarias –se sitúa entre las más costosas del país–, es evidente que las personas que tienen menos recursos solo van a acceder a aquellos alimentos que se pueden permitir adquirir, sin analizar si son o no saludables», valora María Elena Calvo, especialista en Pediatría y técnica del servicio de Promoción de la Salud de la Dirección General de Salud Pública del Ejecutivo autonómico

Según el último estudio ‘Aladino’, el 18,5% de la población infantil de seis a nueve años que está escolarizada en las Islas sufre obesidad, y un 24,5% sobrepeso

No obstante, tal y como indica la profesional, a la hora de seleccionar los productos también entra en juego un factor muy importante: el nivel cultural de la población. «Muchas personas no están concienciadas de la importancia que tiene hacer una compra de productos saludables. Esto lo hemos comprobado en diferentes encuestas, que han desvelado que muchos padres desconocen que sus hijos e hijas son obesos», anota. 

Pero, ¿es cierto que alimentarse de una forma saludable sale más caro? A juicio de Calvo, el problema realmente radica en que una nutrida nómina de personas ha adoptado el hábito de recurrir a alimentos ultraprocesados y a la comida rápida. «Muchas veces, los productos ultraprocesados son más caros que los que nos aportan beneficios. Es cierto que el precio de nuestra cesta de la compra es bastante elevado, pero no siempre cuesta más alimentarse bien si sabemos hacer una buena elección», señala. 

El pasado verano fueron presentados los resultados de un estudio descriptivo transversal en el marco de la 50ª Reunión Conjunta de las Sociedades Canarias de Pediatría, que se celebró en Fuerteventura. En él participaron 557 menores de 13 centros escolares públicos, privados y concertados de Gran Canaria, de los cuales 307 fueron niñas y 250 niños, con una edad media de 7,8 años. Las conclusiones desvelaron que el 19,2% de los menores tenía sobrepeso y el 18,7% sufría obesidad. En concreto, en centros públicos se registró una prevalencia del sobrepeso de un 22,1%, frente al 26,4% que marcó la obesidad; en concertados, un 17,9% y un 15,3% en cada caso; y en privados, un 16,7% y un 11,7%. «Está claro que es mucho más fácil acceder a alimentos poco saludables y que resulta más sencillo prepararlos. A esto se suma la publicidad que se realiza de ellos, que aunque se ha reducido, sigue habiendo demasiada», manifiesta la doctora Sara López, especialista en Endocrinología Pediátrica en el Hospital Universitario Materno Infantil de Canarias

Tanto es así, que el 39,6% de los menores que están expuestos a la publicidad de comida rápida accede a ella más de dos días a la semana. Así lo demuestra el informe Publicidad, alimentación y derechos de la infancia en España, elaborado por la Gasol Foundation, en colaboración con el Ministerio de Consumo. Por el contrario, el porcentaje de niños que no están expuestos y que siguen esta alimentación con la misma periodicidad semanal se sitúa en un 26,3%. 

«Muchas veces, los productos ultraprocesados son más caros que los que nos aportan beneficios», señala María Elena Calvo

Pero el conflicto es más profundo y tiene su origen en la educación nutricional. Por esta razón, la facultativa coincide con la profesional de la Dirección General de Salud Pública al decir que uno de los grandes problemas de esta epidemia es la normalización de la obesidad y los malos hábitos de vida. «Hay estudios que aseguran que casi un 70% de los padres de niños con obesidad normaliza la situación», alerta la experta, que además informa de que la mayor parte de los pequeños de entre 6 y 12 años que asisten en el Materno lleva una vida sedentaria y abusa del consumo de pantallas. «También suelen comer muy pocas frutas y verduras, y sus dietas se basan en grandes cantidades de grasas saturadas y comidas precocinadas», agrega. 

Lo cierto es que el ritmo de vida actual ha disparado el consumo de comida rápida. Ahora bien, la ingesta de esta clase de nutrientes no solo contribuye al desarrollo de la obesidad, también a la manifestación de patologías asociadas. En este sentido, la doctora López recuerda que la obesidad es una enfermedad crónica, multifactorial y neuroconductual que tiene consecuencias psicosociales y metabólicas. «Puede aparecer dislipemia –alteración en los niveles de colesterol y triglicéridos–, hipertensión, cardiopatías, una intolerancia a la glucosa que puede derivar en diabetes tipo 2, hígado graso, pancreatitis, litiasis biliar, déficit de vitamina D, problemas renales o pulmonares, ansiedad, baja autoestima y trastornos alimentarios», advierte la especialista del complejo de referencia del área sur de Gran Canaria.

Tanto el sobrepeso como la obesidad deben ser abordados en la población infantil a través de una correcta alimentación y la práctica de ejercicio. Lo más recomendable es apostar por la dieta mediterránea, realizar 60 minutos de ejercicio aeróbico de intensidad moderada a vigorosa y evitar que los niños se expongan en exceso a las pantallas. «Este último hábito favorece el sedentarismo, y si encima va acompañado del consumo de galletas y productos de bollería, la situación empeora», dice la sanitaria.

Atendiendo al estudio Pasos de la Gasol Foundation, la población infantil y adolescente en España supera una hora y 15 minutos al día la recomendación de la OMS sobre el uso de estos dispositivos entre semana, y en casi tres horas el fin de semana. No hay que olvidar que la sobreexposición puede tener efectos negativos sobre el resto de factores de estilo de vida que están implicados en el desarrollo saludable. 

Cabe destacar que las opciones farmacológicas en este grupo de pacientes son muy limitadas. Tanto, que en la actualidad solo está aprobado el uso de un medicamento para los niños mayores de 12 años: la liraglutida. Para más inri, este análogo de una hormona denominada péptido GLP-1 no cuenta con la financiación del Ministerio de Sanidad, por lo que resulta muy costoso para las familias. «Son inyecciones que deben combinarse con una buena alimentación y con la práctica de ejercicio. De lo contrario, no provocarán ningún efecto».

Desde la Dirección General de Salud Pública se han puesto en marcha acciones para ayudar a los niños a mantener un peso saludable y promover los buenos hábitos alimentarios. «Estamos muy entrelazados con la Dirección General de Programas Asistenciales y con la Dirección General de Ordenación de las Enseñanzas, Inclusión e Innovación, que pertenece a la Consejería de Educación. Ahora mismo, estamos implementando el Programa de Alimentos a la Palestra (Alipa) para que los profesores promuevan la práctica de ejercicio y la alimentación saludable a través de una serie de talleres», detalla María Elena Calvo.

El conflicto tiene su origen en la educación nutricional y los expertos advierten de que uno de los grandes errores es normalizar este problema

Por otro lado se encuentran los Círculos de la Vida Saludable, unas acciones formativas dirigidas al ámbito comunitario, que se centran en informar sobre los factores de protección vinculados a los espacios sin tabaco, la alimentación equilibrada, la actividad física, los peligros del alcohol, el control del estrés y el descanso. Otra de las iniciativas es el Plan de Frutas y Hortalizas, que a través de los fondos de la Unión Europea promueve el consumo de frutas y verduras en las escuelas. «También contamos con el Programa 16, que consiste en controlar los menús escolares; la red de ecocomedores de Canarias, que se centra en potenciar la alimentación ecológica en los centros de formación; y el Programa de Salud Infantil en Atención Primaria, que contempla el impulso de hábitos saludables», cuenta la técnica. 

Al amplio listado se añade el Programa de Escuela y Salud, el protocolo para la alimentación materna en el primer ciclo de Educación Infantil, el Programa Nereu –que promociona la salud física y mental a través del deporte– y el Proyecto Stars –para cambiar los hábitos de desplazamiento–. «Estamos tratando de implementar las mejores estrategias para que cada profesional ayude desde su ámbito de actuación a cambiar la mentalidad de la población. Los efectos de todas las acciones se verán a largo plazo porque estamos ante un proceso lento», apostilla la pediatra. «Nos preocupan las cifras que arroja Canarias, por eso hemos emprendido una gran variedad de programas y estamos trabajando en ellos continuamente con otros departamentos», añade. 

Para la doctora Sara López, todas estas iniciativas son muy necesarias. No obstante, cree que aún queda mucho camino por recorrer. «Sin ir más lejos, en las máquinas expendedoras de los propios hospitales, el único producto saludable que se oferta es el agua. En otros espacios ya se ha empezado a cambiar el concepto, pero a día de hoy aún es algo anecdótico», resalta. 

La Organización Mundial de la Salud estima que 124 millones de niños y jóvenes en el mundo de entre 5 y 19 años sufren obesidad. Esta enfermedad se define como un exceso de grasa corporal, que va de la mano de manifestaciones metabólicas, físicas y psíquicas. Tal y como indica la Asociación Española de Pediatría (AEP), los principales factores de riesgo que favorecen su desarrollo son el escaso o excesivo peso al nacer, el crecimiento rápido postnatal, el consumo elevado de proteínas en los primeros meses de vida, la ausencia o escaso tiempo de la lactancia materna, el sedentarismo y la ingesta de alimentos con alta densidad energética. 

El índice de masa corporal (IMC) es el indicador más empleado para definir los distintos grados de obesidad. Hay que señalar que los síndromes genéticos o endocrinológicos representan solo el 1% de los casos de obesidad infantil. El 99% restante corresponde a cuadros de obesidad nutricional simple o exógena.