Europa lidera el mercado

Las incautaciones –303 toneladas en 2021, el último año del que existen registros oficiales– se han multiplicado por cinco en la última década

Interceptado un velero con 2,7 toneladas de cocaína en aguas próximas a Canarias

Interceptado un velero con 2,7 toneladas de cocaína en aguas próximas a Canarias / El Día

Enric Bonet

Conocida por su arquitectura funcionalista de hormigón e incluida en la lista del patrimonio mundial de la Unesco, Le Havre presume de actividad portuaria. Los estibadores representan la profesión insignia de esta localidad de Normandía, en el noroeste de Francia. Incluso un monumental doble arco, compuesto con los icónicos contenedores coloreados del puerto, los homenajea en el centro de la ciudad. En la última década, sin embargo, este sector neurálgico se ha visto corrompido y ensangrentado por otra actividad en plena (y preocupante) expansión: el tráfico de cocaína. La actividad comercial no ha parado de crecer en Le Havre y se ha consolidado como el mayor puerto industrial de Francia, con más de tres millones de contenedores al año. La otra cara de la moneda es la presencia creciente del polvo blanco, consumido por unos 4,5 millones de personas en el oeste y centro de Europa, según estimaciones más bien prudentes de la ONU. De las 27 toneladas de cocaína requisadas en Francia el año pasado, las autoridades interceptaron más de un tercio en Le Havre. Allí llega la droga desde Sudamérica y luego se comercializa en la región de París, pero también en Marsella u otros países europeos. Le Havre no es un caso excepcional. De hecho, Europa está sustituyendo a EEUU como principal mercado mundial de la cocaína.

Las incautaciones –303 toneladas en 2021, el último año del que hay registros– se han multiplicado por cinco en la última década. «Aún no disponemos de todos los datos, pero se apunta a que hubo más decomisos en 2022 que en 2021. De hecho, la tendencia de aumento constante se mantiene desde 2017», explica Laurent Laniel, analista principal del Observador Europeo de las Drogas y la Toxicomanía (OEDT), con sede en Lisboa.

Le Havre, nueva entrada

En Le Havre, «este año seguimos con una tendencia parecida y con las mismas cifras que en 2022», lamenta la abogada Valérie Giard, quien defiende a estibadores amenazados por narcotraficantes. Con unas 10 toneladas requisadas al año, la presencia aquí de cocaína en la ciudad normanda aún se encuentra lejos de aquellos dos puertos europeos con la triste reputación de liderar esta materia: el belga de Amberes (90 toneladas requisadas en 2021) y el neerlandés de Róterdam (70 toneladas ese mismo año). La península Ibérica también tiene un rol preponderante en este comercio ilegal entre puertos de Brasil, Colombia o Ecuador y los del Viejo Continente.

Cuando los narcos ven que un puerto está saturado o ha aumentado la seguridad, diversifican con otros secundarios, lo que va extendiendo sus tentáculos

«Cuando los traficantes vieron que los puertos de Róterdam y Amberes estaban saturados, decidieron abrir una nueva puerta de entrada en Le Havre. Para ello, se aprovecharon del efecto sorpresa», explica el periodista Frédéric Ploquin, autor del libro de referencia Les narcos français brisent l’omerta. «Tras la pandemia del covid, Europa y especialmente Francia se han convertido en aquellos puntos que más interesan a los narcotraficantes colombianos. Ellos mismos me dijeron que veían el mercado francés como el nuevo El Dorado», añade. El caso de esta localidad de Normandía «ha sido precursor de una tendencia que se ha confirmado este año en otros puertos medianos y pequeños, como el de Montoir en Bretaña, los de Vigo y Bilbao, Helsingborg en Suecia o Salerno en Italia», afirma Laniel.

Rutas de tráfico de cocaína hacia África.

Rutas de tráfico de cocaína hacia África. / El Día

Según este sociólogo, «esto resulta inquietante porque el tráfico de cocaína en contenedores siempre requiere que haya algún tipo de corrupción, tanto en América Latina como en Europa».

«Tras el covid, Europa y Francia se han convertido en los puntos que más interesan a los narcos. Ellos mismos me dijeron que veían el mercado francés como el nuevo El Dorado».

Bruno Dieudonné, el fiscal de la ciudad portuaria de Normandía, con unos 170.000 habitantes y cuyo alcalde es el exprimer ministro Édouard Philippe, advertía a principios de año sobre esta tendencia: «Aún no se producen ataques con armas pesadas como en Amberes (…). Pero la situación puede degradarse aquí».

La cocaína no solo representa un peligro por su circulación y su consumo banalizado –y no solo entre los jóvenes–, sino también por la actividad delictiva de las redes de traficantes y las amenazas que pesan sobre los trabajadores portuarios. «Hay varios secuestros cada mes», asegura Giard sobre una práctica que desde 2017 han sufrido más de 30 estibadores, quienes controlan las mercancías que entran y salen del puerto. Organizados a través de la CGT –uno de los principales sindicatos del país vecino–, los estibadores han marcado la identidad de esta localidad, pero ahora se ven obligados a disimular su profesión. «Muchos de ellos me dicen que, cuando salen de su vehículo, deben esconder su chaleco para que no se sepa que trabajan en el puerto», explica esta abogada.

Acoso a los estibadores

A los trabajadores del puerto «los traficantes los interpelan cuando se encuentran en un bar o una discoteca. Pero también he conocido casos de estibadores a los que intentaron sobornar mientras estaban haciendo un footing por la calle», añade esta letrada. «Primero, les ofrecen dinero. Si rechazan, les insistirán unos días después. Y si siguen resistiéndose, los amenazan enseñándoles fotos de su casa, de su mujer o sus hijos. (…) No hay manera de protegerles más allá de que escondan el hecho de que trabajan en el puerto», lamenta Giard.

«Los traficantes interpelan a los estibadores en cualquier lugar: les ofrecen dinero y si se resisten los amenazan con dañar a su familia», explica una abogada La principal víctima de ella fue Alain Affgard, estibador de 40 años y conocido por su militancia sindical, al que encontraron muerto en junio de 2020 detrás de una escuela en las afueras de Le Havre.

Unos años antes de su asesinato, lo habían imputado por presuntamente haber facilitado que sacaran cocaína del puerto. Él siempre negó esas acusaciones. El tribunal de Lille condenó a mediados de octubre a penas de entre cinco y ocho años de prisión a tres cómplices de la muerte de Affgard. A los responsables del asesinato aún no los han encontrado. Durante ese juicio, los jueces explicaron que ese estibador «era una de las fuentes de la policía». Además de las amenazas físicas, las enormes cantidades de dinero que mueve la cocaína –hasta 11.600 millones de euros en toda Europa, según la última estimación del OEDT– favorecen que trabajadores del puerto caigan bajo los tentáculos de los traficantes.

Los sobornos «pueden oscilar entre 30.000 euros para transportar un camión hasta 200.000 para alguien situado en puestos más altos en la jerarquía», indica Giard. Decenas de estibadores (de un total de 2.400) son investigados por la justicia por haber colaborado presuntamente con traficantes. «Incluso han encontrado grandes fajos de billetes en lugares escondidos en los despachos de las aduanas», recuerda Ploquin sobre una corrupción que también afecta a estos funcionarios.

Diversificación de los puertos

El ministro francés del Interior, Gérald Darmanin, anunció en marzo su intención de triplicar el número de policías desplegados en esa ciudad de Normandía para luchar específicamente contra la cocaína. Estos pasarán de 8 a 25. «La seguridad está en el corazón de nuestras preocupaciones», indicó hace unos meses la dirección del puerto. Ha destinado más de un millón de euros en reforzar la seguridad del lugar, con más cámaras y agentes de seguridad, además de un sistema reforzado de las credenciales para entrar en la infraestructura. Sin embargo, como suele suceder en la lucha contra la droga, el aumento de las medidas viene acompañado por una mayor sofisticación y violencia por parte de los traficantes.

Los sobornos pueden oscilar entre 30.000 euros para transportar un camión hasta 200.000 para alguien situado en puestos más altos en la jerarquía

Incluso en Le Havre encontraron a hombres que viajaron dentro de los contenedores para sacar luego la droga más rápidamente del puerto. También temen que los traficantes aumenten la violencia y sus repercusiones en la ciudad. Así ha sucedido en Amberes y Rotterdam donde la llamada Mocro Mafia –redes de marroquís– ha asesinado a un juez y un periodista que investigaron sus delitos. Una niña de 11 años murió a principios de año en la localidad belga en un tiroteo motivado por la droga. Incluso la policía desmanteló el año pasado un intento por parte de esos narcos para secuestrar al entonces ministro de Justicia de Bélgica.

No obstante, el aumento de las medidas de seguridad y la robotización de una parte de las tareas portuarias han empezado a dar los primeros frutos. Las requisas de cocaína en Róterdam disminuyeron el año pasado, pasando de 70 toneladas en 2021 a 47 en 2022. «Como los grandes puertos son ahora más difíciles de penetrar, los traficantes buscan alternativas. Y probablemente la diversificación del narcotráfico en puertos medianos y pequeños se debe al refuerzo de la seguridad en aquellos más grandes», recuerda Laniel.

Noticias relacionadas

En los últimos años no solo se ha observado una intensificación en España y Portugal, sino también en otros países sin una gran presencia en el pasado de grupos de traficantes, como Suecia. En el puerto de Helsingborg, en el sur del país, requisaron 867 kilos de cocaína en 2022, mientras que en el resto del país hallaron otras 822. «Se trata de requisas sin precedentes en Suecia», reconoció Magnus Petterson, fiscal de aduanas, sobre unas redes de traficantes que han convertido a este país del norte de Europa, históricamente tranquilo, en el Estado europeo con un mayor porcentaje de víctimas por armas de fuego.

«Hay una voluntad deliberada de los traficantes para aprovecharse de los eslabones débiles de Europa», explica Ploquin. «Ahora ya no la consumen solo las clases medias y altas en las grandes ciudades, sino también los trabajadores, que la toman para compensar las duras cadencias del trabajo». Una tendencia, sin duda, preocupante.