Entrevista | Abel López Geógrafo especializado en cambio climático

Abel López: «Los refugios en Canarias deben combatir las temperaturas nocturnas»

Como geógrafo, Abel López se ha especializado en la gestión de los riesgos que acechan al territorio isleño, entre los que se encuentran las olas de calor. El investigador de la Universidad de La Laguna (ULL) insta a diseñar refugios climáticos en las ciudades para no dejar a nadie atrás.

Abel López en los jardines de la Universidad de La Laguna.

Abel López en los jardines de la Universidad de La Laguna. / CARSTEN W. LAURITSEN

¿En qué situación se encuentra Canarias en lo que se refiere a refugios climáticos?

Queda un largo camino por recorrer. Las administraciones apenas le han dado la importancia que debería a estos espacios de cara al futuro. Y me refiero tanto en lo que se refiera a adaptar nuestros espacios urbanos, que van a ser los más sensibles a los cambios térmicos, como en acercar a la ciudadanía a muchos espacios naturales. Los espacios naturales funcionan como perfectos refugios climáticos y, por ello, deberíamos reflexionar sobre la importancia que pueden tener nuestros montes en este tipo de cuestiones.

¿Es posible trasladar el monte isleño hasta las ciudades?

Habría que acercar a la población a esos espacios forestales. Es cierto que tenemos muchos espacios para el ocio en el monte que son mucho más apacibles que otros espacios que podemos tener en las ciudades, pero cuando hablamos de refugios climáticos, nos referimos a las iniciativas que potencien estos espacios dentro de los ámbitos urbanos. En el caso de Canarias, estos refugios climáticos deberían estar diseñados para combatir las temperaturas nocturnas que están incrementándose y son las más problemáticas para la salud de la población.

¿Entonces debemos enfocar las medidas en aliviar las temperaturas mínimas antes que las máximas?

Las temperaturas máximas en Canarias son muy importantes pero el incremento vinculado con el cambio climático está siendo mucho mayor con las temperaturas mínimas. Las temperaturas mínimas y las máximas se están aproximando cada vez más, lo que supone una reducción de la amplitud térmica. Eso supone que las noches se van pareciendo más a los días. También hablamos de las noches porque hay población que no tiene acceso a un lugar con condiciones térmicas adecuadas, como los sin techo, y necesitan poder tener espacios para descansar.

Canarias ha cancelado por primera vez este año las clases por calor. ¿Nos quiere decir esto que estamos llegando tarde en términos de acción climática?

Estamos llegando tarde porque el cambio climático está yendo mucho más rápido de lo que prevíamos. Las administraciones están llegando tarde. Hemos hecho un gran esfuerzo en estos últimos años para articular todo el aparato normativo y legal de las Islas Canarias que va a vertebrar el resto de acciones, pero ahora se acerca el paso más importante: la toma de acciones. Ahí todavía queda un largo camino por recorrer. Los refugios climáticos son una de esas patas en la que incidir dentro de la adaptación, pero también se debe plantear cómo nuestros espacios urbanos pueden afrontar otro tipo de eventos extremos .

¿Hay propuestas concretas para adaptar los espacios urbanos y convertirlos en refugios climáticos?

Tanto la ley nacional como la ley autonómica lo contemplan de dos formas. En primer lugar, se habla de que estos espacios urbanos se comporten como áreas de bajas emisiones, que es un camino que están empezando a recorrer ciudades como Santa Cruz. Esto, a su vez, está también muy vinculado con la adaptación, porque supone ganar espacio público de cara a poder diseñar nueva infraestructura básica: más parques y más fuentes. Por otro lado, se habla de reducir las vulnerabilidades de los espacios urbanos. Aunque esto se ha pensado más desde el punto de vista de los eventos extremos, como inundaciones o temporales, ya que pueden ser más lo más problemáticos, tanto en términos económicos como de vida. No obstante, sí que se habla de que los espacios urbanos deben constituir áreas sostenibles ambientalmente. Todo eso se trabaja tanto en la ley canaria como en los nuevos documentos que se están desarrollando.

Una parte fundamental de los refugios climáticos no solo está en las calles, sino también en los edificios, ¿están bien adaptados en Canarias?

Pues para hacer una valoración de eso solo hay que recordar la última ola de calor en octubre de este año. Se suspendieron las clases y no fue realmente porque las temperaturas fueran inusuales –que si lo eran– sino porque las infraestructuras no garantizaban un confort térmico adecuado. Ese es uno de los grandes retos que tienen las administraciones públicas. Tenemos instalaciones que han sido diseñadas en otros contextos climáticos y no están adecuadas ni a la situación actual ni a la futura. Incluso dentro de los centros educativos habría que tomar en consideración una realidad muy diversa. No es lo mismo un centro de Lanzarote o Fuerteventura que del norte de Tenerife. Y luego también tenemos la universidad, que tiene que recorrer un gran camino para adaptarse a este nuevo contexto climático. Por eso la institución va a desarrollar un plan de adaptación frente a los eventos extremos de cara a poder diseñar nuevos escenarios docentes cuando se den circunstancias como altas temperaturas o posibilidades de precipitaciones intensas y demás.

¿Y desde el punto de vista de los hogares isleños?

Las viviendas del Archipiélago no están adaptadas en absoluto a las cuestiones climáticas. Queda un gran camino por recorrer en ese sentido. La administración debe potenciar la capacidad de adaptación que tiene la sociedad para tomar medidas frente al cambio climático. Estamos en un contexto de gran desigualdad social frente al cambio climático y, hasta ahora, a nivel institucional se ha estado apoyando fundamentalmente a aquellas familias que tienen más recursos para afrontarlo. Esto se ha visto muy claro con las subvenciones que se dieron, por ejemplo, al tránsito hacia un coche eléctrico e híbrido, o la de instalación de paneles solares. Ambas son ayudas que orientadas a una parte de la sociedad, la que se lo puede permitir. Pero aquí lo que nos interesa es que la población más vulnerable y con menos recursos económicos disponibles, pueda desarrollar su capacidad adaptativa en el futuro. Eso significa adaptar sus hogares tanto desde el punto de vista energético como del confort térmico. Y para hacerlo, las administraciones tienen que velar por equilibrar cómo se están otorgando gran parte de las subvenciones en materia de acción climática.

Entiendo que no es cuestión solo de equilibrar el cómo se conceden, si no también del tipo de subvención que se está primando.

Claro. Tenemos que tener en cuenta que las subvenciones por las que se apuesta en la actualidad suponen una parte de la acción climática, e implican esa transición energética necesaria y urgente. Pero también es cierto que parte de las subvenciones deberían estar destinadas a trabajar la adaptación, una circunstancia por la que hasta ahora no se ha apostado, al menos desde el punto de vista de las subvenciones públicas. Siempre que se habla de apoyar la transición energética en los hogares se acaba incidiendo en cambiar a un coche eléctrico o en instalar placas solares para generar energía. Sin embargo, hay muchos hogares que igual lo que necesitan es climatizarse para poder convivir con noches más tropicales. Al final estamos hablando siempre de mitigar porque lo más sencillo a la hora de otorgar subvenciones, pero es un error subvencionar únicamente acciones de mitigación porque la adaptación es clave. Adaptarnos es la única forma de convivir con el cambio climático.

Cuando se aborda la climatización de los edificios siempre se acaba hablando de instalar aire acondicionado. ¿Es una opción real o supone acrecentar la crisis climática que estamos atravesando?

En efecto, tiene esa doble vertiente. El aire acondicionado es una medida muy eficaz desde el punto de vista de bajar las temperaturas, pero desde el punto de vista energético tiene un coste excesivamente alto. Sin duda, debemos optar por modelos mucho más equilibrados. Esto no significa que no se pueda tener aire acondicionado, pero también hay que aprender cuál es la temperatura adecuada en la cual deberíamos climatizar nuestras casas. Lo ideal está en torno a 25 grados aproximadamente. Si quieres tenerlo por debajo, tenemos un problema. Ahora mismo se está trabajando en un enfoque diferente que pasa por mejorar la eficiencia energética de nuestros hogares con un mejor aislamiento y que las nuevas construcciones desde un punto de vista sean mucho más ecosostenibles. El aire acondicionado es esa medida a la que se acude cuando no hay más soluciones, y es lógico que antes que convivir con temperaturas nocturnas de 32 grados, busquemos una fórmula rápida para solucionar el disconfort térmico. Pero la del aire acondicionado debe ser la solución última, y siempre y cuando la energía provenga en su gran mayoría de renovables.

Habla de nuevas construcciones pero en Canarias, estas viviendas está limitadas porque nuestro territorio también lo está. Entonces, la mayoría de la población tendrá que convivir en viviendas ya construidas que, ahora mismo, no están adaptadas.

Es por ello clave apostar por una rehabilitación de muchas de las infraestructuras de las Islas, tanto públicas como privadas. Para eso se necesita una inversión y una apuesta desde todos los ámbitos bastante importante. Sin embargo, fíjate, estamos casi en 2024 y la gran apuesta de muchas administraciones sigue siendo cambiar bombillas por LED o reciclar.

Las personas sin hogar van a ser los más afectados por las olas de calor en el futuro climático, ¿cómo podemos protegerlos ante las graves consecuencias del futuro climático?

La clave son los refugios climáticos. Debemos aprovechar los espacios públicos existentes o concertar algunos espacios privados, como centros comerciales, para que estas personas tengan un lugar al que acudir cuando lo necesiten. En Bilbao, por ejemplo, ya tienen refugios climáticos públicos. Su red de metro está configurada como tal para que las personas sin hogar puedan protegerse hay condiciones climáticas severas sin ningún problema. El mercado de Bilbao, por ejemplo, funciona también como un refugio climático y así muchas infraestructuras públicas que han sido reacondicionadas y mejoradas para que estas personas puedan convivir con estos episodios de olas de calor extremo.

¿En Canarias qué lugares podrían ser reacondicionados para este fin?

Hay que seguir potenciando todo lo que es la red de parques, donde hay sombras, agua y zonas verdes. De hecho, la definición básica de un refugio climático es un parque, pero en Canarias también tenemos una red pública de bibliotecas y de museos muy importante. Un ejemplo es el Tenerife Espacio de las Artes (TEA), que por la noche cierra e igual debería replantearse sus horarios. Los colegios o los centros educativos son otros sectores que deberían funcionar como refugio climático, pero no solo por el propio servicio que dan, sino también desde el punto de vista de la población. Tenemos mercados municipales, que muchos están preparados para ser refugios y, además, cuentan con aire acondicionado. Tampoco nos podemos olvidar de las instalaciones deportivas y grandes pabellones que también pueden funcionar como refugios climáticos. Y ya si sumamos la oferta privada la oferta sería más que suficiente. Además, se debe pensar que si articulamos también nuestras ciudades como grandes refugios climáticos también estamos favoreciendo una actividad económica vinculada.

Este año hemos vivido un número de olas de calor extraordinarias, ¿significa esto que nuestro clima está cambiando?

Sí, está cambiando. El número de olas de calor se ha más que duplicado en los últimos 20 años en las Islas y cada vez son de mayor duración e intensidad, algo que se refleja en las temperaturas mínimas. Aunque, sin duda, lo más preocupante es que estamos viendo que están apareciendo fuera de su época habitual. Está claro que la situación no va a ir a mejor y sabemos lo que va a venir. Estas olas de calor son un toque de atención para empezar a diseñar medidas para paliar eso, porque el cambio climático empieza a hacer patentes nuestras vulnerabilidades.

El sector turístico es el motor económico de Canarias, pero las Islas ya no van a tener los mismos atractivos en el futuro climático, ¿cómo debería adaptarse?

Desde el punto de vista de los refugios, los hoteles están muy bien preparados, afortunadamente. Funcionan muy bien como espacios con condiciones técnicas perfectas para mitigar las altas temperaturas. Pero el turismo, como sector económico, aún tiene un gran camino por recorrer. Como islas, tenemos un problema que surge de nuestra gran dependencia del exterior. Nuestro medio de transporte es el avión y estamos asumiendo los costes de emisión del turismo. Para transitar hacia un turismo más sostenible y neutro en emisiones, el sector debe compensar gran parte de las emisiones que se están atribuyendo, por ejemplo, al tráfico aéreo, así como a las emisiones que se producen por la actividad turística en los propios destinos. Por tanto, lo primero que se tiene que hacer es establecer algunas estrategias de mitigación para compensar ese exceso de emisiones debido a la actividad. En materia de adaptación no se debe enfocar tanto a las infraestructuras turísticas, sino desde el punto de vista de Canarias como destino. Suena a tópico, pero el turismo tiene que empezar a diversificarse. Va a cambiar la forma en la que el turista perciba nuestro clima, y el sector debe transitar a un modelo mucho más sostenible. El sector turístico tiene que empezar es a asimilar la nueva realidad y que entiendan que esa variación en las temperaturas y en las precipitaciones va a afectar en el confort climático, que es una cuestión clave porque el 90% de los turistas que nos visitan lo hacen por el clima.

Si Canarias decidiera no tomar ninguna medida para adaptarse al cambio climático ¿qué podría ocurrir?

En primer lugar, si Canarias no hiciese una política de adaptación –porque creo que las de mitigación van en camino– estará incidiendo directamente en el porvenir de la población, desde el punto de vista de la salud. Hay una cuestión de la que se habla muy poco y que tampoco se está investigando demasiado que es el vínculo de salud y el cambio climático. Una de las cuestiones más importantes para entender cómo esos cambios en los patrones atmosféricos, están repercutiendo en el incremento de la mortalidad. De hecho, hoy en día tenemos un sobreexceso de mortalidad que no se puede explicar por factores que se están produciendo. Y ahí, seguramente, tiene algo que ver el cambio climático. Desde el punto de vista de proteger nuestro entorno, sabemos que nuestros espacios naturales desafortunadamente se están abandonado. Las cosas están cambiando. La vegetación está transitando hacia espacios más afables para vivir y hay cultivos que están experimentando fluctuaciones. Y luego están nuestras ciudades, que si no las empezamos a configurar con el factor cambio climático tanto en su estructura como en su diseño, no funcionarán como verdaderos refugios climáticos sino que se convertirán en islas de calor. Además, adaptarnos al cambio climático en nuestras ciudades nos permite reducir los riesgos derivados de los fenómenos meteorológicos extremos en las islas.