Así son las siete 'piedras preciosas' de la arquitectura en Canarias

Los colegios oficiales de Canarias, en la semana de la Arquitectura, eligen siete ejemplos de las mejores construcciones edificadas en el Archipiélago durante la última década

Piedras preciosas

Piedras preciosas / ED

Del espantoso infierno arquitectónico de los años 70 y 80 del siglo XX a la excelencia constructiva iniciada en la década de los 90 y que, con algún truñismo mediante, se ha extendido hasta la actualidad. Así se podrían resumir los últimos 50 años de arquitectura en Canarias, medio siglo durante el cual las Islas han pasado de ser un sinsentido urbanístico a convertirse en un territorio donde, salvo contadas excepciones –que por desgracia las hay–, se trata de mimar al máximo el diseño, la calidad, el uso o el impacto visual y medioambiental de las edificaciones que conforman el paisaje de las ciudades y pueblos del Archipiélago.

Desterrado en materia de ladrillo el todo vale y con la Semana Internacional de la Arquitectura como excusa, iniciativa que en 1997 pone en marcha la Unión Internacional de Arquitectos para celebrar cada año a partir del primer lunes de octubre, los Colegios Oficiales de Arquitectos de Gran Canaria, La Palma, Lanzarote, Fuerteventura y Tenerife, que aglutina a los profesionales tinerfeños más los de La Gomera y El Hierro, han elegido los siete proyectos, uno por Isla, que durante la última década, según sus criterios, consideran de mayor relevancia [ver selección en páginas siguientes].

La Graciosa se queda fuera porque las limitaciones a las que obliga su nivel de protección medioambiental, que impide nuevas edificaciones, construir allí alegremente es cosa del pasado.

«Hay que reconocer que el panorama arquitectónico en Canarias ha mejorado muchísimo con el transcurso de los años», explica Alejandro Morán, arquitecto grancanario de amplio recorrido internacional. «La existencia de una escuela de arquitectura en Gran Canaria con una serie de profesores que han creído en la buena arquitectura ha conseguido formar a una serie de arquitectos muy sensibles con el buen hacer de la profesión», reconoce.

«Nombres de docentes como Félix Juan Bordes y Agustín Juárez –ya jubilados– o en la actualidad José Antonio Sosa Díaz-Savedra, Magüi González, Manolo Feo, Juan Antonio González, Juan Manuel Palerm o Fernando Menis, no tan presente en la escuela pero sí en la bibliografía de todo estudiante de arquitectura [ver entrevista en páginas siguientes]», son algunos de los nombres que debido a sus aportaciones arquitectónicas aporta este joven profesional.

Son esos canarios, junto a algún otro más, como Javier Mena y Ramón Chesa, quienes en los últimos años han ofrecido soluciones de calidad a las edificaciones del Archipiélago, comenzando, en el caso de Las Palmas de Gran Canaria, por la sede de la Jefatura Superior de Policía, esa inmensa vela que ondea desde hace más de tres lustros en la Avenida Marítima de la ciudad como abanderada de la nueva arquitectura pública, epígrafe donde también se pueden añadir ejemplos más recientes, como los edificios del Palacio de la Justicia, en Gran Canaria, o el propio Magma Arte & Congresos, el complejo arquitectónico situado en Adeje, construido por Fernando Menis, y todo un clásico del buen hacer tinerfeño.

Aunque no todo deben ser inmensas edificaciones en lo relativo a la arquitectura pública, como refleja la oficina comercial de Guaguas Municipales en el Parque Santa Catalina laspalmense, proyecto firmado por la arquitecta Silvia Guajardo que, más allá de su singular diseño, potencia la atención integral al cliente facilitando la autogestión mediante dispositivos electrónicos, algunos de los arquitectos consultados se quejan de que «todavía» en Canarias, en lo concerniente a edificios y espacios públicos, «hay poco riesgo y lo que es más grave, pocas ganas de innovar; los políticos quieren proyectos que se hagan rápido para poderlos inaugurar ellos mismos durante su legislatura», aseguran dos arquitectos canarios, de dos islas distintas, que prefieren mantenerse en el anonimato.

En esa línea resulta bastante significativo que, por ejemplo, el Colegio Oficial de Arquitectos de Lanzarote haya dejado desierta en la edición pasada de sus premios de arquitectura la categoría de obra pública, toda una señal para una Isla con un grado de protección urbanística enorme que, sin embargo, no le ha servido para que Playa Blanca, en el municipio de Yaiza, lleve camino de repetir su pasado con construcciones turísticas de dimensiones faraónicas que ya son imposible frenar.

La selva del mestizaje

El panorama arquitectónico de Canarias se sustenta en tres pilares bien diferenciados: las instalaciones hoteleras, los edificios y espacios públicos y la planta de viviendas. Este mestizaje de usos otorga cierta singularidad al escenario canario; tanto es así que actualmente la mayoría de licencias de nueva obra o rehabilitación solicitadas para construir en las Islas están vinculadas a establecimientos hoteleros.

La proliferación de villas de lujo, también localizadas casi mayoritariamente en municipios turísticos, están cobrando importancia. El caso del arquitecto tinerfeño Leonardo Omar es un claro ejemplo de esa tendencia: sus viviendas no son sólo espectaculares sino que están diseñadas siguiendo las más estrictas directrices de sostenibilidad.

El prestigioso arquitecto Josep Llinás (Castellón de la Plana, 1945), invitado con motivo de la Semana Internacional de la Arquitectura a impartir el pasado viernes una conferencia en Las Palmas de Gran Canaria, destacaba precisamente «la importancia» que tiene la edificación responsable.

«El cambio climático es una realidad y los arquitectos debemos aportar todo nuestro conocimiento a paliar sus consecuencias. Sucede como ya ocurrió con el tema de la accesibilidad», dice. «Ahora es impensable que un edificio no cuente con una rampa» para facilitar su uso a personas con movilidad reducida. «Lo mismo ocurre ya con la sostenibilidad», afirma Llinás sobre una manera de construir que no sólo se refiere al propio diseño. También tiene que ver con los materiales empleados.

En esa línea, el municipio de Arucas, en Gran Canaria, será el primero del Archipiélago que acogerá un edificio residencial colaborativo que, además de abrir un nuevo modelo constructivo de financiación y uso de sus espacios comunes, se edificará con materiales sostenibles, especialmente la madera, según ha anunciado el arquitecto Ricardo García, de la Cooperativa Ciempiés, responsable de este proyecto de veintiséis viviendas.

Las Casas Apiladas, en Telde, es otro caso de la buena arquitectura que hoy se lleva a cabo en el Archipiélago. Los profesores de Proyectos Arquitectónicos de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) Pedro Romera y Ángela Ruiz, integrantes del estudio Romera y Ruiz Arquitectos, fueron con esta propuesta los vencedores de la II edición de los Premio de Arquitectura Miguel Martín-Fernández de la Torre, que otorga el Colegio Oficial de Arquitectos de Gran Canaria (COAGC).

Este proyecto de 25 viviendas sostenibles se pretende construir mediante el apilamiento de tubos de hormigón de sección casi cuadrada. El acondicionamiento de esta estructura inicial se realizará con elementos sencillos, permitiendo alternativas múltiples sólo condicionadas, o motivadas, por los servicios existentes en la infraestructura inicial. Desde las instalaciones más comunes —agua, saneamiento, electricidad, ventilación...— hasta las redes de telefonía e internet, el tubo permite alojar todos los terminales que convertirán este cobijo en una estación de comunicaciones.

Con este proyecto se evidencia una vez más, como ya señaló Alejandro Morán, la presencia de docentes sumamente cualificados en los centros de estudios arquitectónicos del Archipiélago. «Es una situación lógica, tanto aquí en Canarias como en resto del país, porque los profesores cada vez están más especializados y formados», argumenta Josep Llinás.

«Es clara la conciencia de arquitectura y paisaje e identidad canaria, Isla por Isla, de todos esos alumnos formados en las escuelas de Canarias, con unas claras referencias internacionales que terminan diluyendo esa línea que separa lo local versus lo global, sobre todo en las Islas capitalinas de Gran Canaria y Tenerife, dicotomía tan bien explicada por Mark Wigley, Decano de la Escuela de Arquitectura de Columbia, en Estados Unidos», concluye el arquitecto grancanario.