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Una pionera en la ingeniería industrial

Maite Bacete, CEO de Maxlinear Hispania.

Mayte Bacete cree que "a los de ciencias, Dios los cría y ellos se juntan". Lo dice a cuenta del tándem que forma con su marido, un físico que trabaja en el departamento de aerogeneradores de General Electric. Ella es la directora de Maxlinear Hispania, la filial española de la multinacional estadounidense dedicada al diseño de chips, y de alguna forma se considera una pionera, porque cuando estudiaba en la Universitat Politécnica de València era una de las pocas mujeres en clase. Pasadas casi tres décadas, la situación apenas ha cambiado porque en su empresa la mayoría de empleados siguen siendo hombres.

Bacete nació en València en 1975, justo cuando España despedía aquella dictadura que trataba a las mujeres como ciudadanas de segunda clase. Como el padre era director de oficina del ya desaparecido Banco Popular, tuvo unos primeros años de vida un tanto itinerantes, porque la entidad financiera no permitía que sus empleados se acomodasen, así que vivió en Manises, Vila-Real y Castelló. Una familia con tres hermanos mayores, todos varones, y una madre ama de casa, como se estilaba en aquel tiempo de silencio.

Proyecto en Lyon

La directiva completó la carrera de ingeniería industrial, especializada en organización, lo que quiere decir que incluyó ramas de estudio relacionadas con la empresa y la gestión. Recuerda que en su curso de finales de siglo apenas un 15% de un total de 500 alumnos eran mujeres. ¿Por qué? Aventura que las féminas "necesitan ejemplos y que se les haga ver que son oficios atractivos", antes de añadir que tienden, las de ciencias, a la medicina, la química y la farmacia.

Sea como fuere, con el título en la mano Bacete se decantó por realizar el proyecto de fin de carrera en Lyon: "Todo el mundo quería ir a Inglaterra para mejorar su inglés, pero yo opté por aprender otro idioma. No sabía nada de francés e hice un curso intensivo de un mes en València" antes de partir hacia las tierras del Ródano. Se especializó en sistemas de gestión de la información de la empresa y, cuando terminó, le surgió la posibilidad de hacer tres meses de verano de prácticas en France Télécom. Con el cambio de milenio, consiguió que la firma francesa la contratara para su filial española Uni2, en Madrid, donde ingresó en el departamento de desarrollo de productos de empresa y, más en concreto, "me dediqué a productos en la nube, que ahora está tan de moda". Por entonces, claro, no, y, de hecho, "el programa no funcionó por desconfianza de las empresas". 

Regreso a València

Poco después le salió la oportunidad de volver a València cuando fichó por DS2 (Diseño de Sistemas de Silicio), una firma fundada para desarrollar chips y tecnología de comunicaciones en la red eléctrica. La Gran Recesión de 2008 fue un mazazo. La firma entra en concurso de acreedores y sus activos acaban en manos de la multinacional californiana Marvell, dedicada a diseñar todo tipo de chips. A finales de 2010 la nombran directora de la filial española y en 2017 la venden a la también estadounidense Maxlinear, que la mantiene en el cargo.

La firma, con sede en el Parc Tecnològic de Paterna, tiene 130 trabajadores, en su inmensa mayoría ingenieros. Hay pocas mujeres entre ellos. Se dedica a diseñar todo tipo de chips, destinados a 5G, Data Center y, ahora, Wifi, y el ‘software’ que permitirá a sus clientes que estos funcionen. La producción la subcontrata a terceros, ubicados en Asia.

La empresa va como un tiro. Tanto es así que "recibimos más pedidos de los que podemos servir", aunque eso también se debe a los problemas de suministro que aquejan a la industria en general, debido a la existencia de pocas fábricas en el mundo, al ‘boom’ de las telecomunicaciones y a los problemas que la pandemia del coronavirus generó en las cadenas de valor. No obstante, la directiva confía en las "medidas políticas" que están tomando países como la Unión Europea o Estados Unidos, que "han sacado ‘chips act’", es decir, que van a invertir en tener sus propias fábricas para no depender de China o Taiwán, como sucede en estos momentos.

En consonancia con lo anterior, Mayte Bacete se considera una persona optimista y, como tal, asegura que esta crisis que estamos empezando a padecer forma parte de "los ciclos económicos. Dicen que va a haber una recesión y nos deberemos adaptar. Son unos años y luego volverá el crecimiento".

El yoga y la falta de tiempo

Mayte Bacete le encanta viajar. Y andar por la montaña. Y hacer deporte: desde hace muchos años, pilates y entrenamiento de fuerza. Ahora se está iniciando en el yoga, porque "es una disciplina muy completa y aporta serenidad en este mundo loco". Su problema es sacar tiempo para tanta actividad. Es madre de una niña de ocho años, aunque su marido aportó al matrimonio dos hijos de una relación anterior que ahora tienen 19 y 24 años. Afirma que le gusta la lectura. Novelas de intriga firmadas, por ejemplo, por Carmen MolaJulia Navarro o Dolores Redondo.

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