Escala frustrada del zepelín centenario

Hace cien años surgió la idea de que un dirigible uniera Sevilla y Buenos Aires pasando por las Islas - El proyecto fracasó, pero la aeronave pudo verse en el cielo canario

El ‘Graf Zeppelín’ sobre Santa Cruz de Tenerife en 1932.

El ‘Graf Zeppelín’ sobre Santa Cruz de Tenerife en 1932. / LP/DLP

Andrea Saavedra

Andrea Saavedra

¡Es un pájaro! ¡Es un avión! ¡No! ¡Es un zepelín! Se cumplen 100 años desde que se empezó a gestar la idea de que un enorme dirigible cruzara el Atlántico pasando por Canarias. El proyecto consistía en establecer una línea regular de dos viajes semanales entre Sevilla y Buenos Aires con una escala en el Archipiélago. Todos los medios se hicieron eco de la gran noticia, pero los problemas económicos del país y el inicio de la guerra civil en 1936 impidieron que la iniciativa española llegara a buen puerto. Pero la historia entre las Islas y los zepelines no acabó ahí. La parada no fue posible, pero la ubicación de Canarias, dentro de la ruta entre Europa y América, permitió que durante los años 20 y 30 las Islas se convirtieran en un punto de paso obligado que sirvió de referencia para no perder el rumbo. Lo que permitió a los ciudadanos isleños ver a los grandes dirigibles surcando el cielo del Archipiélago en varias ocasiones.

También hace 100 años, en octubre de 1924, el modelo LZ 126 cruzó el Atlántico desde Friedrichshafen (Alemania) hasta Nueva York en un viaje de 30 horas. La aeronave fue entregada a las autoridades norteamericanas y estas lo renombraron como Los Ángeles. El zepelín pasó por Tenerife y así quedó registrado en el documental Im Zeppelin über den Atlantik III. Telil de Neumann Produktion. La cinta sirvió para dar a conocer tomas aéreas de Canarias en todo el mundo.

Aunque la línea semanal Sevilla-Buenos Aires, con escala en Canarias, se comenzó a plantear a principio de los años 20, no fue hasta enero de 1927 cuando se autorizó a la sociedad Colón Transaérea Española. El monarca Alfonso XIII estaba muy interesado en la iniciativa, pero la crisis de 1929 evitó encontrar las inversiones necesarias y finalmente fueron los alemanes los que se hicieron cargo de la ruta adaptándola a sus necesidades.

"Sin mareos"

El conocido como Graf Zeppelín que se planteó para el proyecto español contaba con un volumen de 135.000 metros cúbicos y nueve motores, siete de trabajo y dos de reserva. Medía 250 metros de longitud, 22 de diámetro y 30 de altura. Y tenía capacidad para unos 60 pasajeros que podrían disfrutar de cabinas, dormitorios, salones e incluso una cocina. «No existe el mareo a bordo de estos dirigibles, y remoto los peligros, pues el de incendio se evita con la prohibición absoluta de fumar, salvo en un saloncito especial, y por la disposición de los globos tampoco la descarga eléctrica de una tormenta les afecta», apuntaban los anuncios de la época, que prometían que la travesía duraba unos cuatro días de viaje mientras que un barco necesitaba algunas semanas para recorrer la misma distancia.

El Graf Zeppelín realizó el primer vuelo en 1928. El 18 de mayo de 1930 la Dirección General de Comunicaciones ordenó que la correspondencia fuera lanzada en paracaídas sobre Santa Cruz de Tenerife y se embarcaron en Sevilla 92 cartas y 131 postales con destino al Archipiélago. Finalmente, se desaconsejó su lanzamiento debido a que su paso sobre la capital se realizaría a las 4:30 horas de la madrugada del 21 de mayo.

También se tiene constancia de que el 30 de mayo de 1932 el artefacto volador pasó por Tenerife y Gran Canaria y ese mismo año repitió en agosto y septiembre. Unos años más tarde, en 1935, el zepelín no solo sobrevoló Santa Cruz de Tenerife, sino que además dejó caer en paracaídas la correspondencia. Los periódicos de la época narran la expectación que generaba el paso del dirigible alemán, sobre todo cuando lo hacía durante el día, lo que permitía documental el momento. Los tejados y azoteas se llenaban de curiosos y el que se hacía con unos prismáticos podía observar como los pasajeros sacaban pañuelos para saludar a los isleños.

Poco duró el éxito de estas grandes aeronaves que se extinguieron tras el accidente del LZ-129-Hindenburg el 6 de mayo de 1937. El zepelín se incendió sobre un campo de aviación cercano a la ciudad de Nueva York y murieron 36 personas. A partir de ahí nadie confió en la seguridad de los enormes aparatos voladores. Adolf Hitler fue el primero en ordenar la paralización de la flota de dirigibles comerciales. El Graf Zeppelin fue desguazado, y su hermano, el LZ-130 Graf Zeppelin II, se usó durante un corto plazo de tiempo para fines militares.